De la oscuridad al amanecer

Guillaume Faye, discurso en Moscú, Mayo de 2005

Nunca desde la caída del Imperio Romano, Europa había experimentado una situación más dramática. Europa afronta la mayor amenaza de su historia sin saberlo o más bien sin querer darse cuenta de ello.

Los europeos son invadidos, ocupados y colonizados por los pueblos del Sur y por el Islam de forma rápida y masiva. También se encuentran y sólo por su propia culpa, bajo el control de los Estados Unidos, que les hacen una despiadada guerra económica. Sin olvidar el derrumbe demográfico: no renovación de las generaciones y envejecimiento generalizado. Están cegados por ideologías decadentistas y nihilistas, que les hacen ver con optimismo una regresión de la cultura y de la educación al primitivismo y al materialismo. Europa es el enfermo del Mundo. Tanto las clases políticas como las élites intelectuales son las colaboradoras de este suicidio étnico. La tesis que defiendo es que no se trata de una “inmigración” sino de una colonización y de una invasión que están modificando el fondo biológico y etno-cultural de Europa, sin embargo también defiendo que no hay que ceder a la desesperación, que los combates no hacen más que comenzar, que los pueblos del mismo origen deben unirse.

La destrucción de la base etno-biológica

El balance demográfico de la invasión alógena de Francia y de Europa es aterrador. Un demógrafo reconocía en un libro reciente, “La Francia africana” que si nada cambia en 2040 más del 50% de la población será negra o árabe. Ya en Francia y en Bélgica el 25% de los escolares no son de origen europeo y más del 30% de los recién nacidos. Actualmente en Francia, de los 61 millones de habitantes hay muchos más de 10 millones de personas de origen extra-europeo, en constante crecimiento, con una natalidad muy superior a la de los autóctonos. Cada año 100.000 no europeos son nacionalizados franceses y 300.000 alógenos, de los cuales la mayoría son ilegales, penetran en Francia, cuyas fronteras ya no están protegidas. La situación es la misma en toda Europa y estos hechos quizás anuncien el final de una civilización común. Evidentemente las clases dirigentes aparentan no ver nada.

Matemáticamente la raza blanca declina en el mundo entero, también en los Estados Unidos. Se dice que la superioridad tecnológica lo compensará, yo no lo creo: no existe otra riqueza más que los hombres. Una civilización se sustenta principalmente en lo que los romanos llamaban “germen”, es decir, la base etno-biológica, las raíces del árbol que alimentan la cultura y la civilización.

Esta invasión étnica masiva fue voluntariamente provocada en Francia y en Europa, a partir de los años 60, por el laxismo de los políticos tanto de izquierdas como de derechas, contaminados por las ideas trotskistas y marxistas, por el oportunismo de una patronal ávida de mano de obra barata, por la influencia de los intelectuales judíos que exigían una “sociedad multirracial”, por el imperativo de la religión de los derechos humanos, cuyo origen está en una laicización de la moral cristiana.

Estos “colaboradores de la invasión”, en Francia y en Europa, han instaurado una auténtica preferencia extranjera en detrimento de los ciudadanos autóctonos: los inmigrantes ilegales apenas son expulsados, se benefician de numerosas ventajas sociales y todo tipo de privilegios; en virtud del “imperativo antirracista”, son impunes y están protegidos por leyes discriminatorias, pese a que su presencia haya hecho explotar la criminalidad en proporciones colosales (más de 1000% en cincuenta años).

Somos invadidos tanto por las maternidades como a través de las fronteras porosas. La inmigración, junto con el declive demográfico será también para Europa un desastre económico. El coste de esta inmigración ha sido evaluado en 18 billones de dólares al año para Francia, acumulando el precio de la inseguridad y de las innumerables ayudas sociales que reciben los inmigrantes, incluyendo los ilegales. Todo esto funciona como una bomba aspirante. Es mucho más interesante ser un parado subvencionado en Europa que trabajar en el tercer mundo. Los trabajadores cualificados y los creadores se expatrian, principalmente a los Estados Unidos y son remplazados por poblaciones no cualificadas venidas de África, que son bocas a alimentar y no brazos y cerebros.

Todo esto sumado al envejecimiento de la población significa que en el siglo XXI la economía europea amenaza con “tercermundizarse” y caer en una inevitable depresión.

La tercera ofensiva histórica del Islam

A este fenómeno de colonización étnica y masiva, se añade el hecho de que el Islam se pone a la cabeza de la ofensiva. Desde hace 1300 años, esta religión-ideología, totalitaria y agresiva, tiene como objetivo la invasión de Europa. Sufrimos la tercera ofensiva histórica que se extiende hoy de Gibraltar a Indonesia. La primera fue detenida en Poitiers, Francia por Carlos Martel en 732; la segunda en 1684 frente a los muros de Viena; la tercera tiene lugar hoy. El Islam tiene una larga memoria y su objetivo es la instauración sobre todo nuestro continente de lo que Khomeini denominaba “califato universal”.

La invasión de Europa ha comenzado y las cifras son alarmantes. El continente, incluida Rusia, cuenta más de 55 millones de musulmanes, que aumentan un 6% cada año. En Francia se cuentan más de 6 millones de mahometanos. Como en Bélgica y en Gran Bretaña, exigen estar asociados al poder político. El gobierno francés se equivoca al tomarse en serio el objetivo de transformar el país en una “república islámica” después del 2020, cuando el peso demográfico de los arabo-musulmanes se convierta en determinante. El Estado financia la construcción de mezquitas para comprar la paz social; se cuentan ya 2.000, es decir, el doble que en Marruecos. El Islam es la segunda religión de Francia después del Catolicismo y la primera practicada. Jacques Chirac declaró recientemente “Francia es ahora una potencia musulmana”.

Por todas partes en Occidente se instala la creencia estúpida de que existe una diferencia entre el Islam y el “islamismo” y que un Islam “laico”, occidentalizado y moderado es posible. No lo es. Todo musulmán es un mudjaidin en potencia; el Islam es una teocracia que confunde lo espiritual con lo temporal, la fe con la ley y que quiere imponer en todas partes la Sharia, cuyos preceptos son irreconciliables con los de nuestra civilización.

Los estados musulmanes que colaboran con los Estados Unidos en su “lucha antiterrorista”, son absolutamente hipócritas, en particular Arabia y Pakistán. Cuando el Islam es todavía débil, practica el imperativo coránico de ardid y disimulo, pero el djihad, la guerra de conquista es el deber supremo. El terrorismo tanto como la invasión por la inmigración, están implícitamente recomendados en el Corán.
Los inicios de la guerra civil étnica en Europa

La criminalidad y la delincuencia en Europa occidental, cuyas causas son la inmigración de masas y el derrumbe de los valores cívicos, han alcanzado niveles insoportables. En Francia en 2004, más de 100.000 coches han sido quemados y más de 80 policías han sido asesinados (Faye dice esto antes de los disturbios de finales de 2005, parece ser que dichos disturbios son una confirmación más de sus tesis). Todas las semanas disturbios raciales estallan en los extrarradios de las ciudades (ya antes de que lo viésemos por la televisión). En las escuelas públicas la violencia es una epidemia y el nivel escolar se derrumba en las clases “multinacionales”. Entre los jóvenes de menos de 20 años hay un 20% de iletrados. Las agresiones contra los blancos se multiplican y sin embargo son negadas en nombre de la vulgata antirracista según la cual sólo los europeos pueden ser racistas. Al mismo tiempo en varios países se ha puesto en marcha un arsenal represivo digno del comunismo soviético, que nos hace salir progresivamente del Estado de Derecho y entrar en un derecho ideológico y subjetivo. En la práctica, toda crítica al Islam y a la inmigración está prohibida. Yo mismo he pasado por múltiples procesos judiciales y he sido condenado al pago de una enorme multa por uno de mis libros “la colonización de Europa”.

Una guerra civil étnica es previsible en varios países de la Unión Europea (hace poco vimos las primeras batallas en Francia y las perdimos). Guerra intestina, muchísimo más grave que el terrorismo, ya que un remplazamiento de la población, una especie de genocidio está ocurriendo con la complicidad o la ceguera de las clases dirigentes políticas y mediáticas, cuya ideología está dominada por el odio hacia la identidad étnica de sus propios pueblos y la pasión mórbida hacia el imperativo de mestizaje.

El estado francés fracasa totalmente en su utopía de “integración en la República”, porque se imagina que una coexistencia pacífica es posible en un territorio entre alógenos y autóctonos. No han leído a Aristóteles, que pensaba que en cualquier estado, la armonía y la democracia no son posibles más que si existe una homogeneidad y una connivencia étnicas, un parentesco cultural, noción a la que llamaba “philia” o “amistad natural”. Las sociedades europeas se sumergen hoy en un caos étnico incontrolable.

Por ejemplo, yo que soy nativo del sudoeste de Francia, a orillas del Atlántico y que no hablo ni una sola palabra de ruso, me siento infinitamente más próximo de un ruso que de un árabe o de un africano francófonos e incluso con la ciudadanía francesa.

Crisis moral y arqueofuturismo

Esta situación se explica clínicamente por una especie de “sida mental”. Las desgracias que sufrimos son provocadas por el virus de un nihilismo interior, que Nietzsche había percibido ya, un derrumbe de las defensas vitales. Los europeos han entrado en un proceso de suicidio por propia iniciativa. Abren voluntariamente las puertas de sus ciudades.

El primer síntoma es la “xenofilia” o preferencia sistemática por el extranjero, por el “Otro” antes que por el prójimo. El segundo es el “etnomasoquismo” es decir, la vergüenza y el odio hacia su propia civilización y sus orígenes. El tercero es la “desvirilización”, es decir el culto a la debilidad, del arrepentimiento y también de la preferencia que se da ahora a la homosexualidad masculina. Los valores evidentes que constituyen la fuerza y condicionan la supervivencia de los pueblos en la Historia, son hoy considerados en Occidente como taras ridículas, honor, fidelidad, familia, fecundidad demográfica, orgullo de su civilización, patriotismo, voluntad de supervivencia en la Historia etc. Pero esta decadencia es también consecuencia de la laicización de los principios de caridad universal del cristianismo y de su postulado central de igualitarismo individual, lo cual a dado lugar a la ideología de los derechos humanos.

Los europeos quizás deban inspirarse de que todavía existen en Rusia según lo que se me ha dicho. Por ejemplo, la conciencia explícita de pertenecer a una civilización superior y la afirmación de un “derecho a la distancia”. Hay que romper con el “etnopluralismo”, que es una forma de igualitarismo y revindicar el “etnocentrismo” y el derecho a vivir en nuestra casa sin el “Otro”. Hay que desculpabilizar el “cada uno en su casa”. De hecho, sólo los occidentales creen en las virtudes del mestizaje y ven el mundo futuro como un crisol. Sólo la ingenua Europa cree en el cosmopolitismo. El siglo XXI estará dominado por el refuerzo, sobre todo en el Sur y el Oriente, de grandes bloques etno-religiosos homogéneos. El “fin de la Historia” de Francis Fukuyama no tendrá lugar. Es a una aceleración de la Historia a lo que vamos a asistir, en un contexto de “choque de civilizaciones”. Por lo tanto los europeos deben romper con el “presentismo” en el que han caído y considerarse de nuevo a sí mismos (a imagen del Islam, China o la India), como “pueblos de larga vida”, portadores de futuro. No podrán operar esta revolución mental más que en el contexto de una crisis general, un choque violento que se producirá probablemente y del que hablaré más adelante.

Los tiempos venideros, serán, tal como expliqué en un libro de título epónimo, “arqueofuturistas”, es decir que se cerrará el paréntesis envenenado y anti-vital de la modernidad. Asistiremos al resurgir de los valores arcaicos y vitales y no lo superarán más que los pueblos que sean capaces de asociar a la ciencia futurista, el retorno de las tradiciones y del orden sociobiológico. Para los europeos, incluidos los rusos, los valores arqueofuturistas son a la vez fáusticos y ancestrales, a la imagen del árbol cuyas raíces se hunden en el suelo mientras que el tronco y las ramas suben hacia el cielo.

El nuevo imperialismo americano

Los europeos deben afrontar también lo que he llamado en uno de mis últimos libros “nuevo imperialismo americano”, mucho más duro que el de la guerra fría pero también más torpe. Desde la caída de la URSS, los gobernantes americanos han elegido la desmesura, la “ubris”. Buscando de manera fantasmagórica una dominación mundial, mediante una especie de simulacro de nuevo Imperio Romano. Todo ello se explica por la ideología de los neoconservadores, muy ligados a los grupos de presión sionistas y animados de un mesianismo de “misión divina” que está próximo a la patología.

¿Cuáles son los objetivos de este nuevo imperialismo americano? Cercar y neutralizar a Rusia, impedir toda alianza entre esta última y una gran Europa (pesadilla del pentágono). Eliminar toda resistencia por parte del rival europeo haciendo entrar el Islam en Europa (por ejemplo Turquía, a la cual los americanos apadrinan), controlando completamente a los países de Europa central y oriental del antiguo imperio soviético, llevando a cabo una despiadada guerra económica a la Unión Europea, a la cual esta última ni siquiera se atreve a responder. La cruzada americana para imponer por todas partes la “democracia”, sobre todo en la periferia de Rusia, está clara, democracia significa “régimen pro-americano”.

Pero no debemos quejarnos de este juego americano, conforme a un deseo geoestratégico y talasocrático de dominar el continente. En la Historia, cada cual es responsable de su suerte.

Es por lo que siempre me he opuesto a lo que llamo “antiamericanismo obsesivo e histérico” muy presente en Francia y contraproductivo, victimizante y desresponsabilizador. Hay que distinguir el “adversario principal” del “enemigo principal”, el primero busca dominar y debilitar, el segundo matar. No olvidemos la fórmula de Carl Schmitt: “no eres sólo tú quien designa al enemigo, es sobre todo él quien te designa a ti”. América y sobre todo sus dirigentes, son el “adversario principal” para Europa y Rusia en el plano geoestratégico, económico y cultural. El “enemigo principal son los pueblos del Sur, que frecuentemente bajo la bandera del Islam, proceden a la invasión del continente, sin olvidar a sus cómplices, todos los colaboradores de la clase política e intelectual, que les abren las puertas, evidentemente para gran satisfacción de Washington, que desea una Europa mestiza y sin identidad (Lo mismo quiere para los propios Estados Unidos).

Sin embargo, tanto los atlantistas como los antiamericanos pasionales sobreestiman a los Estados Unidos sin comprender que sólo son fuertes comparados con nuestra debilidad. Su catastrófica y contraproductiva ocupación del pequeño Irak, está ahí para demostrarlo. En el siglo XXI los Estados Unidos ya no serán la primera potencia del mundo. Lo será la China o, si nosotros lo quisiéramos. Lo que llamaré a continuación “Eurosiberia”, es decir, la alianza unitaria entre la Europa peninsular y Rusia.

La convergencia de las catástrofes

He formulado la hipótesis de que la civilización mundial actual, fundada sobre “creencias en los milagros” y el mito del desarrollo indefinido, corre el riesgo de derrumbarse en el medio del siglo XXI. Existen por primera vez en la historia de la humanidad “líneas dramatúrgicas”, amenazas de crisis gigantes que convergen en el horizonte de 2010-2020 que pueden provocar un punto de ruptura: degradación del ecosistema planetario y cambios climáticos, agotamiento de las energías fósiles (petróleo) y de los recursos agrícolas o piscícolas, fragilización de una economía mundial especulativa y endeudada, retorno de epidemias, aumento de los nacionalismos, de los terrorismos y de la proliferación nuclear, agravación de la ofensiva mundial del Islam, envejecimiento dramático de la población de los países ricos que conjugada con la inmigración de masas puede traducirse en una regresión económica sin precedentes.

Tenemos que prepararnos para esta catástrofe gigante, que será el paso de una era a otra, que barrerá la “modernidad” y que quizá verá instalarse por un tiempo una nueva edad media. Esta catástrofe podría ser la ocasión de un renacimiento, ya que en la Historia, toda regeneración de una civilización pasa por el caos, sobre todo cuando esta civilización es, como la nuestra, “metamórfica”.

Eurosiberia

La Europa futura no puede considerarse según la forma fluida e ingobernable de la Unión Europea actual, que es una medusa sin poder soberano, de fronteras abiertas, dominada por el dogma librecambista, sometida a la voluntad a americana y a la OTAN. Hay que pensar en una futura Gran Europa imperial y federal. Étnicamente homogénea (es decir, europea), fundamentada sobre grandes regiones autónomas y sobre todo, indefectiblemente aliada a Rusia. Este enorme bloque continental al que he nombrado “Eurosiberia”. Este erizo gigante que no será en absoluto ofensivo sino simplemente inatacable, será con diferencia la primera potencia mundial (el mundo venidero será el de los grandes bloques) y sobre todo deberá ser autocentrado y romper con los peligrosos dogmas de la mundialización. Existirán perfectamente los medios de practicar la “autarquía de los grandes espacios” Concepto que he desarrollado junto con el Premio Nobel francés de economía Maurice Allais. El destino de la Europa peninsular no puede separarse del de la inmensa Rusia por razones etno-culturales y geopolíticas. Por supuesto, impedir el nacimiento de tal Eurosiberia es un imperativo vital para la talasocracia mercante americana que (en contradicción con su supuesta lucha contra el terrorismo islámico) fomenta cínicamente la implantación del Islam en la Unión Europea y Rusia.

No he venido aquí a hablar del estado de Israel, diré unas palabras sin embargo. Por razones demográficas, creo que la utopía sionista fundada por Hertzl y Buber y materializada desde 1949 no durará más que la utopía comunista y que el Estado hebreo está condenado. Actualmente estoy preparando un ensayo sobre la “nueva cuestión judía”, que espero que será traducido al ruso.

Conclusión

Nunca se debe ser fatalista. La Historia está siempre abierta y presenta con frecuencia caprichos y vueltas de tuerca inesperadas. No olvidemos la fórmula de Guillermo de Orange: “allí donde hay una voluntad hay un camino”. Por el momento estamos en una fase de resistencia y de preparación para acontecimientos muy graves que se anuncian, por ejemplo la conjunción de las guerras étnicas y de una recesión económica gigante. Por lo tanto, desde ahora hay que pensar en lo que vendrá después del caos y organizarse en consecuencia. Para terminar, he aquí la consigna que suelo difundir: “de la resistencia a la reconquista, de la reconquista al renacimiento”.