Entrevista con Guillaume Faye

Para ser políticamente correcto, es necesario ser etnomasoquista“.Guillaume Faye.

Periodista, escritor, polemista, productor de radio, guionista, Guillaume Faye ha sido uno de los principales animadores de la corriente conocida como Nueva Derecha, movimiento que ha abandonado a mediados de los años 80. Después ha dirigido la publicación mensual “J’ai tout compris”.Hoy en día, mientras continua una carrera en la prensa popular, analiza la situación y lanza nuevas flechas ideológicas que corren el riesgo de hacer diana en todos los intentos.

Français d’ abord: ¿podría darnos una definición de lo políticamente correcto y explicar como funciona?

Guillaume Faye: lo “políticamente correcto” es, en un principio, una censura social del pensamiento y del lenguaje impuesto en los Estados Unidos por los medios liberal-radicales, los grupos feministas, homosexuales, y por ciertas minorías étnicas, con el fin de paralizar la expresión de la derecha republicana. Pero en Francia, lo “políticamente correcto”, más severo que en los Estados Unidos, es una vieja historia. Lleva al ostracismo a los que no siguen la línea y los discursos oficiales de la ideología hegemónica. En la universidad de los años 60 y 70, al antimarxismo era políticamente incorrecto y sus detractores diabolizados como “fascistas”.Lo políticamente correcto es la condición sinequanon para acceder a los grandes medios de comunicación y no ser socialmente diabolizado. Es lo “políticamente chip”. Di “jóvenes salvajes” y no magrebies amotinados. Hablad de incidentes y no de “razzia”. Evocad los “efectos colaterales” de la US Air Force en Servia, pero evitad sobre todo el tema incorrecto de los bombardeos de los barrios del norte de Belgrado. Di “fractura social” en vez de “pauperización”, y sobre todo, esforzaos, si queréis ser admitidos a cenar en la planta baja de Casa Lipp, Boulevard Saint.Germain, de dejar entender que detestáis a los “franchutes”. Para ser políticamente correcto, hace falta ser etnomasoquista, es indispensable.

¿Cuál es entonces el lugar de los que tienen cosas que decir y verdaderas preguntas que hacer?

Sobre todo no es necesario que se autocensuren y edulcoren sus discursos. Para forzar la barrera de lo políticamente correcto yo preconizo el pensamiento radical, es decir, el pensamiento verdadero y afirmativo, del que hablaba Nietzsche en su “Filosofía a martillazos”. Cara al sistema es necesario aparecer como un verdadero enemigo, y no como un falso amigo. Como ha escrito Soljenitsyn, no es más que siendo radical que el discurso disidente puede desafiar la censura y alcanzar el oído del pueblo.¿Por qué la extrema izquierda no representa una alternativa?Porque sus ideas y sus hombres, los del troskismo internacionalista y cosmopolita, están ya en el poder. Porque su discurso social está obsoleto y está recentrado sobre la inmigración y la xenofobia, sin tener en cuenta la defensa y la protección del verdadero pueblo francés.

¿Qué es lo que le permite afirmar que el librecambismo caerá en breve?

Mis posiciones son las de Maurice Allais, premio Nobel de economía. El mundialismo librecambista no es viable a termino medio pues descuida las diferencias de factores de producción entre las diferentes zonas y suprime las regulaciones económicas. Es un semi-remolque con el conductor dormido. Ahora bien, en una autopista, una cosa es segura: siempre hay un viraje en alguna parte.Para ser breve, yo soy favorable a la teoría de la autarquía de los grandes espacios: un espacio europeo de economía de mercado, sin fiscalismo ni estatismo, pero operando contingentemente sobre las importaciones exteriores, sobre todos los flujos, ya sean financieros, materiales o humanos.Usted pone en evidencia los peligros del ascenso del integrismo religioso. ¿no cree por tanto que exista una forma moderada de Islam?.No, el Islam laico y moderado no existe. El Islam es una civilización teocrática donde la Fe se confunde con la Ley. Tan pronto como el Islam es mayoritario sobre un territorio los cristianos y los judíos tienen un estatus inferior. El Islam no conoce ni la tolerancia, ni la reciprocidad, ni la caridad hacia el no musulmán, excluido de la UMMA (comunidad de creyentes del Islam). A este respecto la ingenuidad de los políticos y de los prelados es estupefaciente.

Para usted, la inmigración no es una invasión, sino una colonización poplacional. ¿La diferencia no es únicamente semántica?

Francia, en su historia, ha sufrido invasiones totales o parciales alemanas, inglesas, rusas, etc. Sin embargo ha permanecido siendo ella misma. Una invasión es de carácter militar y la suerte de las armas puede cambiar. La inmigración actual es una colonización poblacional, con frecuencia consciente y vivida como una revancha contra la civilización europea. Ella se pretende definitiva. La colonización por las maternidades, como lo subrayaba el general Bibeard, es todavía más importante que la de las fronteras porosas.Regresemos, si usted quiere, al dominio político.

¿Cómo explica los ataques de los cuales el FN es víctima después de 15 años?

.Como decía Jean Baudrillard en 1997 en Liberation, si mi memoria es buena, (que le ha servido para ser satanizado por el terrorismo intelectual de sus pares), “el Frente Nacional es el único partido que hace política, allí donde los otros hacen marketing electoral”. Ahora bien, el sistema detesta a los que hacen política, y a los que tienen ideas o proyectos de sociedad alternativos. Por otro lado el Frente Nacional se parece a un medico que osa decir a su paciente que tiene cáncer y que debe hacerse operar. Es siempre desagradable de entender.La acusación incapacitante de “racismo” y “fascismo” (antaño empleadas contra Raymond Aron en 1968, porque no era estalinista ni marxista) no son ni siquiera presa seria para los que las profieren. Son anatemas para-religiosos, excomulgaciones lanzadas contra todo grupo constituido que conteste los dogmas oficiales de la clase intelo-político-mediatica en el poder.

Si le comprendo bien, ¿los partidos del gobierno formarían entonces una suerte de partido único llamado también Frente republicano?

Vivimos dentro de un régimen totalitario a la occidental, más sutil, pero pariente de los regímenes soviético o iraní. La mayoría y la oposición oficiales no discuten más que de puntos de doctrina secundarios, pero siguen perteneciendo a la misma ideología, la única autorizada. Divergen algún poco sobre los medios pero no sobre los fines. Este “Frente republicano” (que en realidad ha usurpado escandalosamente este bello vocablo romano de res pública, igual que el concepto griego de demokratia) incluye varias partes. Sobre las opciones generales, están todos de acuerdo. Hoy en día, por tomar prestado a Hergé, el señor Chirac se asemeja al Capitán Haddock, el comandante ebrio y sin poder a cargo del Karaboudjian que transporta el opio, y el señor Jospin al Teniente Allen, que es el verdadero jefe a bordo. ¡Que llegue pronto Tintín!

El Frente Nacional es entonces la única novedad política después de 50 años…

Eso son los historiadores del año 2050 los que lo dirán.
Nosotros hemos llegado a un punto en el que, como he tratado de explicar en mi ensayo “L’ archéofuturisme”, hemos vivido una convergencia de catástrofes. Por primera vez desde el hundimiento del Imperio Romano, nuestra civilización está globalmente amenazada (étnicamente, demográficamente, culturalmente, ecológicamente, económicamente, etc). Es el “caso de urgencia”, la Ernstfall de la que hablaba Carl Schmitt.
Vivimos unos tiempos y unas apuestas más cruciales que, por ejemplo, la derrota de 1940. Se trata de salvar un pueblo y una civilización. En este sentido, la misión y la ambición de movimientos como el vuestro debe ser de orden histórico más que político. Se trata de la “Gran Política” en sentido nietzscheniano. En estos tiempos crepusculares, un movimiento político no puede tener futuro más que si se afirma como el único defensor de un proyecto revolucionario, que se reivindica (será la genial táctica de Charles de Gaulle en 1940) como el último recurso.
Lo esencial no está en ser una “novedad política”, lo esencial es de verdad, imponerse como una novedad “histórica”.

Entrevista realizada por François Delancourt.