El Arqueofuturismo

Guillaume Faye

El mundo moderno es semejante a un tren cargado de municiones que arremete en la niebla, en una noche sin luna ,con todas las luces apagadas. Robert Ardrey

El Sol volverá, y será de piedra. Maurice Rollet

INTRODUCCIÓN

El hilo conductor de esta obra lo constituyen tres tesis que se enlazan lógicamente. La primera: esta civilización, hija de la modernidad y del igualitarismo, está viviendo su apogeo final, está amenazada a corto plazo por un cataclismo planetario, a causa de una convergencia de catástrofes. Antiguamente, muchas otras civilizaciones cayeron, pero siempre fueron desastres regionales que no afectaron a toda la humanidad. Hoy, por primera vez en la Historia, una civilización mundial, extensión planetaria de la civilización occidental, está amenazada por unas líneas convergentes de catástrofes que se deducen de la aplicación de sus propios proyectos ideológicos. Una serie de encadenamientos dramáticos convergen hacia un punto fatídico, que yo estimo para el inicio del siglo XXI, entre el 2010 y el 2020, para precipitar el mundo tal y como lo conocemos en el caos, con la amplitud de un seísmo civilizacional. Las “líneas de catástrofes” conciernen a los temas de la ecología, la demografía, la economía, la religión, la epidemiología y la geopolítica. La civilización actual no puede durar eternamente. Sus fundamentos son contrarios a la realidad. No se enfrenta a unas contradicciones ideológicas -que siempre son superables- sino, por primera vez, a un muro físico. La antigua creencia en los milagros del igualitarismo y de la filosofía del progreso, que afirmaba que era posible obtener siempre más, ha muerto. Esta ideología angelical ha creado un mundo cada día menos viable.

Segunda tesis: en dominios cada vez más diversos, las mentalidades y las ideologías ya no se encuentran adaptadas al mundo moderno, individualista e igualitario. Para afrontar el futuro, se deberá recurrir a una mentalidad arcaica, es decir, premoderna, inigualitaria y no-humanista, que restaurará los valores ancestrales de las “sociedades de orden”. Ahora, los descubrimientos de la tecnociencia, particularmente en temas de biología e informática, no pueden administrarse por medio de valores y de mentalidades humanistas modernas; ahora los acontecimientos geopolíticos y sociales están dominados por cuestiones religiosas, étnicas, alimenticias y epidémicas. Vuelta a las interrogaciones primordiales. Yo propongo, pues, una nueva noción, el Arqueofuturismo, que permite romper con la obsoleta filosofía del progreso y con los dogmas igualitarios, humanistas e individualistas de la modernidad, inadaptados para pensar el futuro, y permitirnos sobrevivir en el siglo del hierro y del fuego por venir.

Tercera tesis central: a partir de ahora tenemos que proyectar e imaginar el mundo para después del caos, el mundo de después de la catástrofe, un mundo arqueofuturista, con criterios radicalmente diferentes de los de la modernidad igualitaria. Aquí bosquejo un simple esbozo. Es inútil reformar las cosas con sabiduría y con discernimiento provisional; el hombre es incapaz de hacerlo. Cuando se está entre la espada y la pared, en situaciones de emergencia, el hombre puede reaccionar. Yo propongo aquí un tipo de práctica mental para el mundo de después del caos.

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La palabra “Revolución Conservadora”, utilizada a menudo para definir mi corriente de pensamiento, es insuficiente. Este vocablo, “conservadora”, tiene una connotación desmovilizante, antidinámica, un tanto rancia, pues no tenemos que “conservar” el presente ni volver a un pasado reciente que ha fracasado, sino reapropriarnos de las raíces más arcaicas, es decir, de las más conformes a la idea de victoria. Un ejemplo, entre otros, de esta lógica inclusiva: pensar juntos la tecnociencia y el arcaísmo. Reconciliar a Evola con Marinetti; al Doctor Fausto con El Trabajador. La disputa entre “tradicionalistas” y “modernistas” es ya estéril. No tenemos porqué ser ni lo uno ni lo otro, sino arqueofuturistas. Las tradiciones deben ser expurgadas, enjuagadas, seleccionadas. Pues muchas de ellas son pordadoras de unos virus que ahora están explotando. En cuanto a la modernidad, ni tiene ningún futuro. El mundo futuro, tal y como lo presintieron Nietzsche y el gran filósofo Raymond Ruyer, injustamente -o justamente- ignorado, será conforme a esta conjunción de contrarios.

En este libro propongo también una definición positiva sobre los conceptos imprecisos y siempre bastante neutros de la “posmodernidad”, con una nueva palabra para denominar a una ideología que debemos de edificar, el constructivismo vitalista. “Convergencia de catástrofes”, “arqueofuturismo”, “constructivismo vitalista”: siempre he intentado crear nuevos conceptos, pues sólo mediante la innovación ideológica se pueden evitar las doctrinas fijadas y obsoletas en un mundo que está cambiando rápidamente y donde los peligros se concretan; porque un pensamiento equipado con armas permanentemente renovadas puede ganar la “guerra de los conceptos”, imponer la realidad y movilizar los espíritus.

No propongo dogmas, sino pistas; mi intención no es imponer mis propias tesis (que provienen de la doxa socrática, de la “opinión” discutible), sino crear un debate entorno a unas cuestiones cruciales, para así destruir el ambiente actual de insignificancia, de obcecación y de pobreza ideológica, voluntariamente creado por el sistema para distraer la atención y así disimular su fracaso general. En una sociedad que declara subversiva toda verdadera idea, que busca desalentar la imaginación ideológica, que quiere abolir el pensamiento en beneficio del espectáculo, el objetivo principal debe ser el despertar de las conciencias, plantear los problemas traumatizantes, crear electrochoques ideológicos, ideochoques.

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No era mi intención el escribir un ensayo tradicional, dividido en capítulos, pesado, aunque he intentado bosquejar un cuadro mediante enfoques de intensidades desiguales, para así facilitar la lectura. He intentado también abordar los sujetos conexos, como lo es, por ejemplo, la colonización de Europa por los pueblos afroasiáticos, púdicamente bautizada como “inmigración”. Al final del libro, podréis leer una pequeña novela de política-ficción, en un mundo arqueofuturista, después del caos, en el año 2073, en el corazón de la Federación Eurosiberiana.

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En estos momentos de cambios profundos, debemos romper con el pensamiento débil. Para algunos, muchas de mis palabras aparecerán ideológicamente delincuentes con relación a la ideología hegemónica y al coro pseudovirginal de los bienpensantes. Efectivamente, se trata de palabras ideológicamente delincuentes.

¿Por qué, desde hace trece años, no he escrito ningún texto ideológico? ¿Por qué, ahora, un retorno al combate de las ideas? En primer lugar, porque después de un largo tiempo situado dentro del dispositivo del “enemigo”, he compredido muchas cosas y he podido renovar y reajustar mis puntos de vista. Cuando al final nos oponemos de forma radical a un modelo de sociedad dada, es nuestro deber el conocerlo a fondo, desde dentro. Siempre es interesante estar dentro del corazón del dispositivo militar del adversario, de estar en el mundo sin ser del mundo. Técnica de la cobra. Y además, porque la dureza de lo que está en juego y la agravación de los signos que anuncian -a mi aviso- las catástrofes, me han immpuesto volver al combate y revisar algunas ideas que han sido mías durante el tiempo de mi compromiso en la Nueva Derecha, para escoger vías más conformes al “caso de emergencia” (el Ernstfall de Carl Schmitt) que estamos viviendo. Es cierto que las nuevas pistas que os propongo son más radicales que las defendidas hace trece años. “Radical” no es sinónimo de “extremista”, sino de “fundamental”. La suerte histórica de nuestra corriente de pensamiento es: 1) Los hechos nos dan la razón. 2) El sistema global, construido por el adversario ideológico, se enfrenta al muro de lo real y conduce al abismo, tanto en la escala francesa como en la planetaria. 3) La ideología hegemónica no tiene nada que proponer, carece de soluciones, pues las soluciones implicarían su autonegación. Su única respuesta: simulacros y simulaciones, hacer olvidar, desviar la atención: la estrategia del “espectáculo” descrita por Guy Debord, una estrategia del vacío. Estamos frente a un vacío ideológico de valores gastados y embotados, ante una impotencia del sentido. Y los intelectuales oficiales no tienen Viagra mental para estimularlos. Es una oportunidad coyuntural que tenemos que agarrar.

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Tenemos que reapropriarnos de nuevo de la idea de Revolución, noción descarriada y traicionada por las imposturas de la izquierda desde hace dos siglos. Antiguamente, el diario Combat[1] tenía este bello eslogan: “De la Resistencia a la Revolución”. Efectivamente, no es suficiente resistir a las destrucciones que ya han empezado y que van a amplificarse con una potencia difícilmente imaginable, sino de proyectar el “después del sistema” conforme a una visión del mundo[2] (y más allá, según las ideologías y las doctrinas que se derivarán de ella) realmente revolucionaria, es decir, en ruptura radical con los valores y las morales actuales; para acostumbrar a los espíritus al mundo futuro, para preparar unas minorías activas a vivir esta ruptura y a adoptar sin problemas de conciencia una ética arqueofuturista.

La oportunidad que nuestra corriente de pensamiento -en un sentido amplio, y que debe de unificarse a escala europea sin pensar en las pequeñas peleas de capilla- tiene que aprehender se deriva del monopolio del pensamiento alternativo, el monopolio del pensamiento rebelde. Aprovechemos la crisis global actual para formular proposiciones que provoquen el despertar de las conciencias jóvenes. No tenemos que ser pasadistas, restauradores o reaccionarios, porque el pasado de los últimos siglos ha creado la sífilis que nos corroe. Tenemos que ser de nuevo arcaicos y ancestrales e imaginar un futuro que no sea la prolongación del presente. Frente al pasadismo, el arcaísmo. La modernidad fracasa, se derrumba. Sus partidarios son los verdaderos reaccionarios.

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Nos encontramos frente a los Bárbaros. El enemigo ya no está fuera, sino puertas adentro de la Ciudad; y la ideología hegemónica, paralizada, es incapaz de identificarlo. Balbucea, inundada de su propio desarme moral. Va a zozobrar y tenemos que coger el relevo. Esta sociedad es cómplice del mal que la corroe. Porque si las ideas de nuestra corriente de pensamiento llegan a ser eficientes y alternativas, serán acusadas por el coro de las falsas vírgenes con estos dos anatemas diabólicos: subversión y sedición. ¿Por qué no? Es natural. No tenemos porqué huir del combate ni quejarnos de las censuras y de las persecuciones, ni extrañarnos de que la ideología hegemónica infrinja sus propios principios para combatir a su enemigo absoluto. Frente al sistema, y más precisamente frente a la izquierda intelectual -su principal perro de guardia-, nuestra corriente de pensamiento y nuestras fuerzas políticas se encuentran en la misma situación que los izquierdistas y los anarquistas en Mayo del 68. Con notables diferencias: primero, los izquierdistas y los “ácratas” de la época dirigieron un combate obrerista, pasadista, simbólico, sin riesgos reales; segundo, los izquierdistas y el poder de derechas fueron partícipes en el fondo de la misma ideología igualitaria, únicamente contrapuesta por grados de formulación y de intensidad diferentes. En cuanto a la extrema izquierda actual, representa, escondida detrás de una pseudocontestación, el papel de aceleradora de la ideología y de la praxis oficiales. Pero en verdad no contesta al modelo global de civilización o de economía dominantes.

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En cambio, entre nuestras fuerzas y el sistema, volvemos a una configuración que fue la de los años treinta: no es posible ningún punto de acuerdo (salvo por parte de muchos traidores potenciales de la derecha parlamentaria politicastra), sino una fuerte estrategia de guerra. Desde el momento en que vamos a adoptar una posición revolucionaria -es decir, que nuestro objetivo es la destrucción total de esta civilización- asistiremos a un combate total, sin piedad. El enemigo tenderá, por pura lógica, a eliminarnos definitivamente con todos sus medios. Según el famoso verso de Hölderlin “estamos en la medianoche del mundo”. Y cuando el Sol despunte, el futuro tendrá que pertenecernos. Giorgio Locchi decía lo mismo: estamos viviendo en un Interregnum, entre la caída del sistema y la erección de un nuevo universo que será metamórfico. Es urgente construir una visión del mundo mínimamente común a nuestra corriente de pensamiento, a la escala europea, que debe transcender las riñas secundarias sobre doctrinas o sensibilidades. La noción de arqueofuturismo puede, sin duda, ayudarnos. “El hombre del futuro será el que tendrá la memoria más larga”, ya lo profetizaba Nietzsche.

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Evidentemente, soy fiel a la noción global de “nacionalismo”, pero una noción extendida a una dimensión continental, europea y no solamente francesa, heredada de la dudosa filosofía de la Revolución Francesa. Ser nacionalista hoy es dar de nuevo a esta noción su primera significación etimológica: “defender a los nativos de un mismo pueblo”. Es una ruptura con la noción tradicional, heredera de la filosofía igualitaria del Aufklärung[3], de la nación y de la ciudadanía. Ser nacionalista hoy es abrirse a la dimensión de un “pueblo europeo” que existe, que se encuentra amenazado y que no tiene aún las armas para defenderse. Se puede ser “patriota”, partidario de la patria subcontinental, pero sin olvidar que, orgánicamente, ella es una parte del pueblo común cuyo territorio natural e histórico -y cuya la fortaleza- se extiende desde Brest hasta el estrecho de Behring. Es verdad que la Europa actual, este “Truco”[4], tiene que ser combatida en su forma. Pero esta tendencia, historial, de los pueblos europeos a agruparse frente a la adversidad, tiene que ser defendida desde la base. Mis proposiciones, en este libro, en favor de los Estados Unidos de Europa o de la Federación Eurosiberiana, chocarán a más de uno. Pero que la gente me entienda: no soy un partidista ni de la Europa molusca del Tratado de Amsterdam, ni un enemigo de Francia. Una vez más propongo pistas, coloco bombas para crear un debate, indico unas “líneas de valor”, pero en ningún caso me sitúo en una doctrina cerrada. La juventud europea, la verdadera, exige nuevas ideas, a la medida de los peligros actuales, no ensueños videomorfos o llantos humanitaristas. La “generación Mitterrand”[5] ha muerto, engullida por el ridículo y paralizada por el fracaso. Ahora debe levantarse la generación disidente. Se debe de imaginar lo inimaginable.

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Si no quiere desaparecer, nuestro pueblo, el de Toulouse, de Rennes, de Praga, de Munich, de Anverso o de Moscú, tendrá que volver a poseer su virilidad ancestral. De otra forma, seremos -lo que ya es el caso- inundados por otros pueblos más vivaces, más jóvenes y menos angelicales, con la complicidad de una burguesía degenerada que también será arrastrada por el maremoto que ingenuamente habrá provocado. Atrevernos a pensar lo impensable. Atrevernos a proseguir y explorar las pistas abiertas por un visionario, un tal Friedrich Nietzsche. De la Resistencia a la Revolución, de la Revolución al Renacimiento.

1 EL BALANCE DE LA NUEVA DERECHA

¿Por qué abandoné brutalmente la Nueva Derecha y su espolón esencial, el GRECE[6], en 1986? La respuesta es extremamente simple. No, no he sido reclutado por la CIA; no, no estoy loco, ni he sido picado por un mosquito que cantaba rock n’roll. Fue, en primer lugar, porque una serie de proyectos profesionales me prohibían continuar a animar, como militante, las actividades del GRECE; segundo, porque pensaba que el tono y la orientación general del movimiento perdieron su dinamismo y se transformaron en una capilla y una asociación de viejos amigos. Tercero, porque la Nueva Derecha seguía unas vías ideológicas con las cuales estaba cada vez más disconforme, que arriesgaban su marginalización a pesar de la calidad -siempre verificable- de los talentos disponibles, sin que pudiera modificarse la línea. Doce años después, mi diagnostico de esta época esta verificado: la influencia de la Nueva Derecha ha decaído con fuerza. ¿Por qué?

El diagnostico: una caída de notable influencia

La revista “Éléments”, cuyos números, antiguamente, constituían un acontecimiento ideológico y escandalizaban a la “gran prensa”, es hoy objetivamente confidencial, ignorada por el gran público culto y por los verdaderos directivos. Del mismo modo, los coloquios parisinos ya no son, como lo fueron en los ochenta, mediatizados. Y aunque tengan el mismo número aproximado de asistentes, ¿no son más bien reencuentros nostálgicos de una asociación de antiguos combatientes? Dudo, por otra parte, que, como en los ochenta, el GRECE pueda organizar en las grandes ciudades de Francia y de Bélgica conferencias y seminarios que puedan llenar salas enteras. El único ejemplo reciente de la emergencia de la ND[7] en el debate publico -al través de la revista teórica Krisis- ha concernido a la cuestión de las imposturas del arte contemporáneo, problema central, que escandalizó a los pequeños maestros subvencionados, artistas-gigolós del arte nulo oficial. Desgraciadamente, esta emergencia fue pasajera e insuficiente, y en el fondo muy poco sentida por el gran público, al contrario de las encendidas polémicas que suscitábamos sobre los sujetos centrales, hasta mediados de los ochenta, difundidas desde los Estados Unidos hasta la URSS. Hoy, los textos de la ND, incluidos los más interesantes, se difunden en un medio restringido de fieles, a pesar de las tonterías inesenciales, vacías y bienpensantes de los Ferry, Serres o Comte-Sponville, o los cretinismos de un Bourdieu, las falsos llantos de un Bernard-Henri Lévy sin talento -todos ellos pequeños clérigos mediatizados y esponsorizados por el soft-totalitarismo ambiente- se extienden con la insolente suficiencia de los imbéciles. Es una derrota. Pero cuando se ha perdido una batalla, no se ha perdido necesariamente la guerra.

Conclusión: la ND ha sido relegada a la periferia del debate. Desgraciadamente, ahora está encerrada en un ghetto ideológico. Ya no se piensa a sí misma como una central de difusión de energías que permitiría la detentación de un poder, sino como una “empresa” de ediciones y de conferencias con ambición limitada. Esta marginación tiene causas exógenas (de un medio hostil o indiferente) y endógenas (nacidas en el interior del mismo movimiento). Las razones endógenas son las más determinantes. Se puede triunfar después de una derrota pasajera, si se la reconoce, si se la analiza. La ambición está moldeada de modestia. No se puede avanzar sin criticas. El que acusa sistemáticamente a los otros para esconder la realidad de sus fracasos, no merece vencer. Es natural que el enemigo os ahogue y que las circunstancias os sean hostiles. Exorcizar la realidad, practicar la moral de la intención y no la de las consecuencias, son errores fatales. Con argumentos irrealistas: “Tú lo sabes, en los coloquios hay tantas personas como en el pasado”; “Hay muchos jóvenes en la Universidad de Verano”. ¡Joder! Tenemos que parar de formular autosatisfacciones que no son sino simulaciones. Tenemos que aceptar, sin polémicas estériles, la autocrítica positiva. Las cuestiones son: ¿por qué la Nueva Derecha, dotada de un arsenal ideológico impresionante, ha decaído objetivamente? ¿Estamos ante una decadencia definitiva o ante un momento difícil, pero susceptible de un nuevo arranque?¿Cómo proceder? Voy a intentar responder a estas preguntas. Pero antes, dos observaciones. La primera: nadie en el “mundillo europeo” de lo que es posible llamar la “derecha ideológica” ha conseguido todavía volver a tener la influencia intelectual que tuvo la ND entre los años 75 y 82; el único candidato a la sucesión es el movimiento de pensamiento paneuropeo “Synergies” animado, entre otros, por Robert Steuckers y que me parece estar en la buena dirección, ya que formula unos objetivos ambiciosos. Pero la partida no está ganada todavía. Segunda observación: en el año 1998, la única influencia realmente palpable de la ND en la publica societas procede de los tránsfugas de “esfera Nueva Derecha” al seno del Frente Nacional[8]. Ellos modificaron el discurso del Frente en un sentido antiamericano, lo cual constituyó una verdadera revolución mental en la galaxia del nacionalismo francés. De otra parte, la influencia de la ND hubiera sido legible en la formulación de una hostilidad cultural y económica sensible a la americanización (la “excepción francesa”), hostilidad al final poco eficiente si se tiene en cuenta la cobardía de los dirigentes políticos. Finalmente, el impacto ideológico concreto de la ND ha resultado arto estrecho.

A partir de 1986, sentía que faltaba el ardor militante y que el espíritu de capilla y el romanticismo literario pagano primaban sobre la voluntad histórica. Adivinaba que el objetivo principal no era ya la escuela de pensamiento, la influencia ideológica concreta, la formulación de un pensamiento radical de ruptura bajo la forma de “ideochoques”, sino un cierto intelectualismo elegante y el encierro en una “comunidad”, realidad noble si se apoya sobre una potencia ya construída, pero desmoralizadora si se reduce a la tautología de una capilla. Tenemos que analizar las causas de esta decadencia -menos de diez años-, más rápida que la de la difunta Action Française[9]… ¿Cómo y por qué el principal movimiento ideológico alternativo europeo de la Postguerra Mundial había resultado, finalmente, un simple cometa? ¿Qué conclusiones podemos extraer de esta decadencia? ¿Qué hacer ahora? ¿Es posible recrear esta fuerza perdida? Al final, nadie sabrá, en la historia futura, lo que quedará de la masa de textos producidos por la ND y su esfera de influencia. En el futuro, habrá, necesariamente, consecuencias, relecturas. ¿Quizás una revolución en el año 2050? Pero guardemos nuestro seriedad, hablemos de nuestro tiempo, antes de reflexionar en las soluciones para una refundación.

Las causas del retroceso de influencia

Es verdad que las sociedades de pensamiento, las revistas teóricas, los nuevos sistemas intelectuales -y no era este el caso desde hace veinte años-, estuvieron confrontados a unos handicaps graves: el fin de la difusión piramidal y jerarquizada de los saberes, la potencia de fuego de las industrias culturales de diversión que marginan y ocultan todo pensamiento nuevo o rebelde, la multiplicación en redes de todos los tipos posibles de mass-media, etc. Pero estas causas exógenas no lo explican todo. La ND habría podido transformar estos handicaps en ventajas si hubiera transformado su estrategia de comunicación para adaptarla al nuevo entorno. No lo hizo: Nosotros no lo hemos hecho. Pienso que las causas mayores de esta decadencia son las siguientes: 1) El nacimiento competitivo del Frente Nacional y una mala comprensión, por parte de la ND, del pensamiento de Antonio Gramsci. 2) La acentuación de la censura por el black-out y la prohibición del acceso a los mass-media, así como la acentuación de la represión ideológica frente a todo pensamiento alternativo. La ND se sometió a estos diktats sin atreverse a combatirlos mediante una respuesta creadora, desituada y provocadora. 3) La profunda inadecuación de las publicaciones de la Nueva Derecha frente a las estrategias actuales de prensa y de comunicación, unida a una táctica editorial poco eficiente. 4) El mantenimiento de una “lógica de aparato” anticuada, de estilo partitocrático, fundamentalmente inadecuada a un movimiento o a una escuela de pensamiento, así como a una política de prensa o de edición, y una huída de los cuadros en razón de los “problemas de aparato”. 5) Una esclerosis del corpus ideológico, unida a la permanencia de un “pasadismo cultural derechista” y de un renunciamiento, en muchos dominios, al “pensamiento radical”, el único susceptible de crear un electrochoque suficiente para romper el black-out mediático. Además de una serie de contradicciones entre las referencias imperial-europeas implícitas y un discurso explícito “etnopluralista”, incluso inmigracionista. 6) Un bemol doctrinal sobre los temas económicos y científicos -no era éste el caso anteriormente- y una hipertrofia del discurso literario. 7) Una prioridad de la crítica sobre las propuestas positivas, de la reacción sobre la acción. Vamos a analizar, en desorden, algunos de estos puntos:

1 – El Frente Nacional y la estrategia “gramsciana”

A primera vista, el Frente Nacional no podía ser un competidor de la Nueva Derecha , porque ésta nunca se definió como nacionalista francesa. Pero en la familia derechista siempre han existido muchos “compartimentos estancos”. El público (¿la clientela?), ideológicamente poco sutil, siempre se dirige hacia el polo más fuerte. Al inicio de los años ochenta, el GRECE era la primera organización del “mundillo”, por encima del Frente Nacional, que en ésta época era mirado como un microgrupúsculo de palurdos estúpidos. Nosotros los juzgábamos mojigatos, papistas, reaccionarios, americanólatras, chauvinistas y antieuropeos. Le Pen, ese lansquenete neoboulangista[10] con cara de pirata, estaba proscrito en nuestros coloquios. Pero, sorpresas de la Historia, todo esto ha cambiado; el Frente Nacional ha crecido de forma irresistible; el GRECE ya no es el polo de atracción monopolístico del “mundillo”. Como un grifo que perdiera agua, militantes de base y directivos, con (es humano) una serie de revisiones ideológicas, llegaron en masa hasta el polo más fuerte: el Frente. Bardet, Blot, Le Gallou, Martinez, Mégret, Milliau, Vial[11], y una veintena de otros, todos ellos hombres de gran calidad, que estaban fuertemente implicados en el GRECE o en sus satélites, aportaron sus cualidades al Frente Nacional. Si el FN hubiese crecido a su propia manera, es muy probable que un importante “material humano” se hubiera quedado en torno a la esfera de la Nueva Derecha. Huída de cerebros…

Otra razón de la ocultación del GRECE por el Frente Nacional: la captación mediática, fenómeno muy bien conocido por los publicistas. Los mass-media, fascinados por el escándalo de la incorrección política del Frente Nacional y de su Presidente, olvidaron rápidamente a la Nueva Derecha, cuyos textos y manifestaciones públicas eran menos atractivas y provocadoras. El Frente Nacional fue, a partir del final de los años ochenta, una especie de pantalla mediática para la ND, y ella no supo reaccionar ni encender los oportunos cortafuegos. Uno de los handicaps de la ND fue una mala interpretación del gramscismo mediante la adopción de la estrategia del todo-cultural y del todo-intelectual. La estrategia metapolítica “gramsciana”, que fue la nuestra, simplemente había olvidado que el combate cultural teorizado por Gramsci no es nada sin el combate político y económico, el del Partido Comunista Italiano de la época. Pero, desgraciadamente, nunca habíamos leído a Gramsci… Aquello no era serio, era un pseudogramscismo. Para ser eficiente, toda acción cultural tiene que apoyarse sobre fuerzas concretas, políticas, de la que es complementaria. El antiguo CERES de Chevènement[12], por ejemplo, antena del Partido Socialista, o SOS-Racisme[13], fueron ejemplos eficientes de éxito propagandista. Nosotros, en las concepciones fundacionales de la Nueva Derecha, simplemente, habíamos subestimado la política. Sobreestimamos el polo cultural, con un análisis sesgado (Augustin Cochin) e inspirado en las sociedades de pensamiento prerrevolucionarias. Enterramos rápidamente la lógica política de la actualidad, sin sentir la articulación contemporánea de la “propaganda intelocultural, de la movilización electoral y política”. Olvidamos que ya no estábamos en el siglo XVIII; cada seis meses tenemos elecciones diversas, y los políticos son los jefes mediáticos de un sistema de partidos. El “Todo-cultural” sólo podía funcionar en los regímenes no electivos del pasado… Declaramos rápidamente la muerte de “la” política. La prueba: la mediatización de la asociación de Pierre Vial, Terre et Peuple, movimiento cultural e intelectual coordinado con la acción de un partido político: el Frente Nacional[14], y que preocupa mucho más a Libération que los círculos enchufistas de Madelin o de Juppé[15]. ¿Por qué? Porque en un movimiento de pensamiento que mantiene la atención de la prensa y del público, los prob|emas provocadores tienen una respuesta política que amenaza al sistema. La ND, sin bases políticas, se ha disociado progresivamente de su clientela natural, que se ha fugado para militar en la “galaxia Frente Nacional”. El “público Nueva Derecha” fue perturbado por unas tomas de posición tercermundistas y proislámicas, ideológicamente ilegibles, que dieron la impresión de un “pensamiento burgués” sin conocimiento de los problemas de la inmigración, incluido un filtrear con la izquierda no-jacobina. Así, sin poder atrapar una nueva clientela, la ND fue devorada progresivamente por el FN, sin que la calidad intelectual de sus publicaciones pudiese compensar los patinazos y los zig-zags ideológicos. Efectivamente, la difusión de las ideas de la ND se enfrentaba con el entorno hostil de la sociedad mediática. Como a Ruyer y Freud (pero no como a Debord[16], paramarxista recuperado), el sistema ha confinado a de Benoist en unos medios restringidos. Pero esto no es una excusa: la fuerte presión ejercida sobre los directivos por los círculos y los lobbies minoritarios bien revaluados, como SOS-Racisme, MRAP, LICRA, DAL, Ras l’Front, LDH, Act-Up[17], Greenpeace y sus correspondientes ideólogos, no se explica únicamente porque sean políticamente ultracorrectos y totalmente cómplices del sistema, sino porque han sabido adaptar una formulación fuerte a sus mensajes, y usar todos los trucos de la nueva sociedad mediática. Lo que la ND no supo hacer en su momento, enquistada a una visión pasada del mecanismo de difusión de las ideas. Sin embargo, el desarrollo en el seno de la población europea de una importante fracción tocada por “la crisis” y en rebelión frente a los resultados concretos del sistema, habría proporcionado una reserva alternativa de militantes a la ND.

2- El desarrollo de la censura, mal usado por la ND

El soft-totalitarismo ha crecido desde el inicio de los años noventa contra toda expresión “incorrecta”. La generación de 68, actualmente en el poder -“está prohibido prohibir”- finalmente ha resultado profundamente conformista. Inclinación a prohibirlo todo, necesidad de un orden ideológico. Los partidarios de la censura recortan la libertad de pensamiento y de publicación mediante leyes (incluso con procesos judiaciales) o por un silencio mediático organizado sobre las personas y los temas políticamente incorrectos. Diabolización y black-out. Es cierto que la Nueva Derecha fue una víctima de esta censura: el GRECE ha dedicado un coloquio específico a este problema. Pero, cuidado. Pienso que, a menudo, es únicamente un pretexto desresponsabilizante que justifica una ausencia de voluntad y de toma de riesgos. Toda censura es estimulante, toda coacción es una invitación a reaccionar. ¿La ND está amenazada por la prohibición? ¿ Por las persecuciones? ¿Por la violencia? Ella no fue capaz de volver en su provecho esta atmósfera de “pensamiento único” (este concepto pertinente inventado, por lo demás, por Alain de Benoist y mediatizado por Jean-François Kahn[18], paradójicamente lacayo de la corrección política y del pensamiento único). Por lo demás, durante su apogeo -a partir de 1979- la ND fue víctima de muchas agresiones mediáticas y físicas muy intensas. Pero este ambiente de combate fue un estimulante para ella, un foco de reacciones creadoras.

En verdad, no se deben buscar malas excusas. No exageramos la maldad y la eficiencia del sistema. El silencio de los mass-media también se explica por la indiferencia hacia la Nueva Derecha, una corriente que ya no sorprende, ya no choca, ya no provoca realmente, ya no inventa, a pesar de la calidad de sus escritos. Esta claro que si la ND había encontrado su combate pasado, si había procurado abrir unos debates provocadores y desarrollar un pensamiento radical, el black-out total de los mass-media habría explotado. Los mass-media atacan todo lo que se enfrenta a su sistema. Hablo desde la experiencia[19]. Las agresiones son siempre una ganga. Permiten al pensamiento formular réplicas. Con habilidad, pero con coraje, debe crearse el escándalo para así ser oído y sobre todo para evitar que el pensamiento se aburguese.

3 – Una política editorial errónea

La ND tiene tres faros (simples balizas): Nouvelle École, Krisis y Éléments. Las dos primeras revistas son teóricas, concebidas para crear basamentos intelectuales. Al inverso de Krisis y de Nouvelle École, Éléments, la espina mediática principal, se encuantra mal situada. Éléments debería ser un punta de lanza dirigida al gran público culto y a los directivos del mundo político y económico. Pero, no lo es de ninguna forma. Le falta dinamismo, sobran sujetos literarios e “intelectuales”[20], inadaptados para conseguir un objetivo concreto, falta de sujetos de sociedad, profusión de artículos demasiados largos, temas repetitivos, iconografía insuficiente y mal presentada. Demasiados defectos para practicar la seducción mediática. La maqueta, sobre todo la nueva, estéticamente irreprochable, pero austera, no es la de una revista ambiciosa.

Sin embargo, existe el talento, es subyacente. De forma extraña, las torpezas editoriales son vecinas de las sieres notables -pero en número insuficiente-, como aquellas referentes a los temas de los perjuicios de los automóviles y de los callejones sin salida del “progreso” (Nº 86, octubre 1996, “La sociedad loca”). Este dossier es el ejemplo de lo que Éléments debería hacer de forma sistemática: un sujeto de sociedad capital, pero concreto, que concierne a toda la gente, una especie de desintoxicación intelectual y una victoria ideológica. Paralelamente a los “análisis”, siempre muy logrados, faltan “tesis”, concretas y practicas, proposiciones que vayan más allá de la crítica pura; y ahora “el debate: ¿que hacer?” Otro error: la dispersión editorial. Noté este defecto a partir de los años ochenta. No se debe multiplicar el número de revistas, deben concentrarse las fuerzas. Charles Champetier[21] me ha hecho descubrir, hace poco tiempo, la pequeña revista “Cartouches”, muy inventiva y estimulante. Sí, pero… Cualquier profesional diría que la lógica de esta revista debiera ser el incorporarla a (y fusionarla con) Éléments. También Krisis, revista supuestamente presentable -¿pero por qué?- está en concurrencia con Nouvelle École y sucumbe a menudo a la atracción de la jerga parisina. Esto no es un factor estimulante para el debate… Para resumir: pienso que una parte de los textos existen para ser únicamente difundibles hacia el “interior”, pero otros pueden y deben ser difundidos hacia el “exterior”, hacia el corazón del sistema. Nunca subestimar sus fuerzas. El talento siempre prima sobre la censura, cuando hay coraje e inteligencia.

Los errores ideológicos

La línea ideológica ambigua de la ND, agravada durante los noventa, constituye la causa mayor de su pérdida de influencia. Pero también, a pesar de los textos analíticos de alto nivel (pienso, por ejemplo, en el libro Homo consumans, de Champetier, o en el artículo de Alain de Benoist sobre el tema de “los colores” en el número 50 de Nouvelle École), se da un reflujo de la creatividad doctrinal y un “barroquismo” intelectual.

Examinemos ahora estos errores.

1 – En primer lugar, desde sus inicios, la ND y el GRECE han practicado -al igual que yo mismo-, la torpeza semántica y el lapsus permanente. El doble discurso de muchos artículos, unos libros y unas revistas que oscilaban entre las referencias a los temas, autores e iconografías clásicos de la ultraderecha (particularmente germánicos) y las declaraciones antirracistas, proislámicas, pseudoizquierdistas o tercermundistas, que no engañaban al enemigo, pero que sí perturbaban a la clientela. Puedo hablar de estos defectos sin complejos, porque he participado en esta trampa. La Nueva Derecha de hoy no ha corregido estos defectos, sino que los ha agravado.

2 – Segundo error mayor: la instrumentalización y la politización del paganismo. A partir de una contestación justa, de tipo nietzscheano -la nocividad igualitaria, homogeneizante y etnomasoquista del evangelismo cristiano- la ND ha construido un corpus neopagano portador de muchos handicaps. Paradójicamente, este neopaganismo partía de un punto de vista cristiano inconsciente: oponer a un dogma una contradoctrina. “El” paganismo no existe; hay “unos” paganismos potencialmente innumerables. La Nueva Derecha se ha presentado implícitamente como una “Iglesia Pagana”, pero sin divinidad. La naturaleza misma del concepto pagano prohibe tomarlo como bandera metapolítica, como sí es posible en las religiones judía, cristiana o musulmana. Segundo handicap: un anticatolicismo virulento (la indiferencia habría funcionado mejor), flirteando unas veces con el anticlericalismo, con una simpatía abierta por el Islam, actitud peligrosa en estos tiempos de amenaza islámica objetiva contra Europa y posición ideológicamente absurda, porque el Islam es un monoteísmo teocrático, rígido, una pura “religión del desierto”, mayor que el enoteísmo católico clásico, fuertemente inmerso en el politeísmo pagano. Además, la esencia de la visión pagana no es definirse “contra”, sino “después” o “junto a”, lo que parece mucho más creador y innovante. Yo también he practicado esta actitud errónea que, desgraciadamente, la ND nunca he corregido. Tercer handicap (que desarrollaremos un poco más lejos): este paganismo estaba y parece siempre flanqueado por un folklorismo sin bases reales en la cultura concreta de los Europeos (¡al inverso de los Estados Unidos!), frente a lo cual me he enfrentado siempre. Resultado: un público potencial que nunca se ha acercado ND, otro que ha huído. ¿Por qué? Porque mucha gente no entendó el por qué de esta sobrevalorisación pública del paganismo, este privilegio ideológico que le estaba concedido, que primaba sobre otras cuestiones mucho más importantes, de orden concreto y político, como lo es, por ejemplo, la destrucción de la etnoesfera europea o el masoquismo antinatalista de los gobiernos. Otra consecuencia: la valorización del paganismo como imagen de marca pública tenía, sobre todo en Francia, un efecto mediático repulsivo. Decirse públicamente pagano es asimilable a “militar en una secta”, tal y como me lo dijo un día una gran actriz francesa, cercana a las ideas de la ND, pero reticente, como muchos, a la mezcla de la ideología política con la temática parareligiosa. Podemos deplorarlo, pero es así: hay reglas de propaganda ineludibles.

En cuanto a los ataques contra la Iglesia católica, sería mejor dirigirlas frente al cuasitrotskismo, el inmigracionismo y la autoetnofobía del alto clero, adepto del retorno a las fuentes monoteístas evangélicas puras y duras, las del “bolchevismo de la Antigüedad”[22]. ¡Alto clero masoquista e imbécil, que alienta oficialmente la creación de mezquitas en el suelo europeo! Hay dos libros que me han marcado para siempre: el Anticristo de Nietzsche y Los Dioses de Grecia de Walter Otto. Así como el “juramento de Delfos” iniciado por Pierre Vial al inicio de los ochenta. Allí, en el santuario de Apolo, cuando el Sol despunta, los herederos de Grecia y de la Borgoña, de la Toscana y de Baviera, de Bretaña y de Valonia, de Flandes y de Cataluña han jurado preservar el alma pagana. Está muy bien. Pero todos estos actos paganos deben quedarse en la parte interna de la acción. El alma pagana es una fuerza interior que se expresa con toda una expresión ideológica y cultural. Es semejante al corazón de una central nuclear. No tiene que aparecer explícitamente bajo la forma de eslóganes instrumentalizados. No se debe decir “Soy pagano”. Se debe serlo. Más prosaicamente, creo que la insistencia sobre el tema del paganismo como bandera parapolítica ha creado una confusión mental entre el público natural de la Nueva Derecha: como si se desviara la atención sobre otras cuestiones secundarias. Es más, esta insistencia ha creado un conflicto con los “católicos tradicionalistas”, realmente menos cristianos que los curas izquierdistas… La instrumentalización del paganismo fue un tremendo error de comunicación y de propaganda. La ND se ha privado de unos medios católicos favorables a sus ideas, pero afectivamente ligados a sus tradiciones de campanario. Gran torpeza cometida desde sus inicios. Otra de las cosas que deben ser corregidas.

3 – Tercer error: el folklorismo cultural recalcado y el culto excesivo del enraizamiento. El alma de la cultura artística europea no son los pequeños objetos piramidales de tierra cocida, ni los muebles pintados del Schleswig-Holstein, ni las cofias bretonas o las ingenuas pintadas campesinas de leña de Escandinavia. Son más bien la catedral de Reims, los dibujos de Vencí, los cómics de Liberatore y de la escuela de Bruselas, el diseño de Ferrari o los reactores alemanes, franceses y suecos del cohete Ariane V. Folklorizar la cultura europea es desvalorizarla, reducirla al nivel del “art primal” de Jacques Chirac. A la inversa, se tiene que afirmar, desde una lógica antiigualitaria nietzscheana y de “sentido común” cartesiano, la superioridad -sí, he escrito superioridad- de las formas artísticas y culturales europeas sobre todas las demás. Pero el dogma etnopluralista -contradictorio con el antiigualitarismo- se le opone. Porque hemos creído demasiado en el relativismo cultural, porque, impregnados del masoquismo culpabililizador, no nos atrevemos a afirmar la superioridad de nuestra civilización. Hacerlo con ardid habría atraído un público sorprendido por tal audacia intelectual. Demasiados escritos sobre el tema de las “tradiciones” europeas, a menudo enlazados con unos folklores desvanecidos o míticos, unido al descuido del objeto principal del debate: la autoafirmación de la cultura europea contemporánea y futura, las amenazas geodemográficas actuales y la necesidad de reconquista[23]. El folklorismo ha funcionado como una maquina igualitaria que ha relegado la cultura europea al nivel de las demás, cuando hubiera debido afirmarla como motriz. Por otra parte, este tradicionalismo folklórico sirve al espíritu de conquista de los “productos culturales” americanos: neutraliza la cultura europea y la transforma en museo. El folklorismo no es un pilar identitario para una cultura combativa contemporánea. En muchos sectores, la cultura europea actual resiste con creatividad: en música, en arquitectura, en el diseño y en las técnicas de vanguardia, en las artes plásticas… La ND no se ha interesado suficientemente por esta creatividad.

4 – Cuarto error, consecuencia del débil espacio dejado a las cuestiones contemporáneas concretas. La ND, aún más que antes, se deja atrapar por el culturalismo y el historicismo. Su mediatización y su influencia se deducían, a finales de los años setenta, de su reflexión ideológica y de sus intereses por los nuevos debates (eugenismo, revolución biológica, desigualdad de los CI según las poblaciones, la etología, las nuevas vías económicas, el problema del sexo en la sociedad del espectáculo…). La Nueva Derecha y sus publicaciones están demasiado centradas en las conmemoraciones, la cultura literaria, el intelectualismo pasadista y nostálgico, a pesar de que los sujetos (demasiados raros) cruciales contemporáneos son de alto nivel, como es posible constatarlo en la revista Krisis.

Pero, cuidado: no critico la Nueva Derecha por lo que ha hecho, sino por aquello que no hace o que no hace suficientemente. Se debería hablar de la crisis financiera asiática, de la revolución de las biotecnologías, se deberían hacer debates sobre los temas del federalismo europeo (¿sí o no a los Estados Unidos de Europa?), sobre las consecuencias de Internet, sobre la política espacial europea, sobre la fabricación de las stars, sobre la degradación del medio ambiente mundial, sobre las consecuencias del aumento del número de ancianos y jubilados en Europa, sobre los fondos de pensiones, sobre el boom de las músicas iberoamericanas, sobre la explosión de la homosexualidad femenina, sobre el planeta porno, sobre el fenómeno rap-hip-hop, sobre deporte, sobre la colonización de Europa por pueblos exógenos, sobre las políticas energéticas y sobre el problema nuclear, sobre los transportes, sobre la criminalidad… La ND, de esta manera, sería de nuevo creativa y creíble cuando afirmara sus nuevas doctrinas provocadoras, como respuesta a todas las cuestiones contemporáneas (económicas, científicas, geopolíticas y sociológicas), cuando pensara en forjar de nuevo un corpus ideológico, en forma de “debates” y no de dogmas.

5 – Quinto error ideológico: el tercermundismo. Reconozco que he participado en esta obcecación, por lo que también hago aquí mi total autocrítica. El ensayo de Alain de Benoist, Europe-Tiers-Monde, même combat, cuerpo doctrinal, junto a los artículos que he escrito sobre este tema durante los años ochenta, motivados por un antiamericanismo mal posicionado, fueron callejones sin salida en los planes ideológico y estratégico. Callejones sin salida continuados hasta el día de hoy. En la Historia, no hay pueblo que lleve un “mismo combate” junto a otros. Las alianzas son siempre circunstanciales. Por otra parte, el “Tercer Mundo” es un concepto que ya no existe. Existen China, la India, el preimperio musulmán… Pero no existe el “Tercer Mundo”. Luego, este tercermundismo (que servía, dentro del “mundillo”, de torpe certificación antirracista) descuida la historia real: la presión migratoria y geopolítica del Sur contra el Norte. Este tercermundismo incongruente se acompañaba -circunstancia agravante- de un proislamismo desconcertado e ingenuo al cual hemos sucumbido todos, aunque crece la amenaza objetiva, ofensiva – revanchista y comprensible- del mundo arabomusulmán contra Europa, concebida como “tierra de conquista”. Es verdad que los dogmas ciegan. Pero en este caso, son dañinos: esta claro que la mayoría del público natural de la Nueva Derecha, y más allá, no ha entendido estos puntos de vista surrealistas.

6 – Sexto error ideológico: un antiamericanismo de colonizado. Al inicio de los años setenta, el GRECE era todavía conforme al anticomunismo ambiente de la derecha, proamericano y partidista del “Occidente”. El pie de una foto del Rockefeller Center de Nueva York, en un número antiguo de Nouvelle École, estaba redactado de esta manera: “La energía al corazón de la potencia”. Pero, en 1975, el difunto Giorgio Locchi cambió nuestra visión: aparecía un número excepcional de Nouvelle École, realizado por Alain de Benoist y Locchi[24], que rompió con la unidad de civilización entre los Estados Unidos y la Europa matricial. Más tarde, yo mismo desarrollé el eje ideológico complementario de una disociación Europa-Occidente, una verdadera revolución intelectual en un medio donde el “Occidente” era la bandera. Queríamos hacer entender que la noción de “civilización occidental” y que la “ideología occidental” no eran forzosamente compatibles con el destino de Europa, destino pensado como espacio de pueblos-hermanos. Occidente, es el “Oeste”, concepto geográfico abstracto, aunque la ruptura verdadera se da enre el Norte y el Sur; aunque el espacio vital geopolítico se extiende hasta el Extremo Oriente ruso. Tal era el eje ideológico.

Pero este eje estaba falseado por la idea errónea de una solidaridad estructural entre los pueblos europeos, los de África, Asia e Iberoamérica frente a los Yanquis. Se debería más bien definir a los Estados Unidos como un competidor y un adversario (“inimicus”) antes que como un enemigo (“hostis”). Lo importante, en esta época crucial de desarme moral y de masoquismo colectivo, era refundar los valores colectivos, pero no nombrar falsos amigos.

7 – Séptimo error, sin duda el más importante: la ambigüedad de la noción de etnopluralismo, agravada hoy por el multiculturalismo y el comunitarismo pluriétnico reivindicados por la ND, que me parecen , en el plano ideológico, absolutos callejones sin salida.

El etnopluralismo tenía una significación implícita “external”: todos los pueblos son diferentes y respetables, pero deben vivir en territorios etnoculturales definidos, y así es como pueden cooperar entre ellos. Era la condena de los flujos migratorios hacia Europa y el rechazo del melting-pot etnocultural planetario (en realidad europeo, pues Europa es el único continente víctima de las migraciones). Todo era coherente. Pero la Nueva Derecha (Cf. El instructivo número 91 de Éléments de marzo de 1998 sobre el “desafío multicultural”) ha dado a los conceptos de etnopluralismo y de multiculturalismo una significación “internal” contradictoria con la primera. Con la defensa, por ejemplo, del uso del hijab (el pañuelo islámico) dentro de la escuela en Francia, o de la presencia de comunidades separadas en el interior del suelo europeo, la ND ha transformado el etnopluralismo en el vector de una visión tribal y ghettízada de nuestra sociedad -una visión completamente americanomorfa- en contradicción con la primera significación del concepto: “cada pueblo en su tierra”. El etnopluralismo ha sido así desviado de su primer sentido en provecho de una negación del concepto de pueblo europeo y de “pueblo”, simplemente. Las gentes ya no lo entienden. Este tipo de estrategia desmoraliza al público natural sin convencer al adversario de su visión políticamente correcta. Las críticas contra el etnopluralismo y el multiculturalismo de la ND son las siguientes: En primer lugar, se minimiza, por angelicalismo o por desconocimiento de los hechos étnicos o socioeconómicos, la catástrofe constituida por la inmigración en Europa, tierra que, a la inversa de los Estados Unidos, solamente conocía los flujos migratorios intraeuropeos. Catástrofe que reviste tres aspectos: rápida desfiguración etnoantropológica, desestructuración de las raíces culturales europeas (aun más que el americanismo), potente freno económico y social, creador de pauperismo y de criminalidad endémica. El actual discurso comunitarista de la ND puede interpretarse como un fatalismo; el caleidoscopio étnico de Europa, la sociedad multirracial, la inmigración, serían hechos aceptables, ineludibles. Esta posición es devastadora, incompatible con un pensamiento que se quiere revolucionario cuando, realmente, es políticamente correcto.

Las justificaciones del multiculturalismo por la globalización del planeta y la decadencia del Estado-Nación -hechos evidentes- son falsas. Únicamente Europa y los Estados Unidos son víctimas de una colonización de población venida del Sur. Los Estados Unidos pueden soportarla, pero no así Europa. En las restantes partes del mundo, no es el “comunitarismo” lo que se desarrolla, sino la autoafirmación de grandes bloques étnicos homogéneos. La visión proyectiva de un planeta “multicultural” es un sueño de Disneylandia, una fábula onírica. El futuro pertenece a los pueblos, no a las tribus. El Siglo XXI será un siglo de enfrentamiento étnico global y las legiones inmigradas en el interior de Europa podrían ser las “quintas columnas” de un Sur agresivo. No es paranoia, sino geopolítica. Cegarse con el pacifismo inmigrófilo de los intelectuales europeos de izquierdas no es sino un error de base. Tratar de “retórica paranoica” a los que temen una “invasión” migratoria, una “islamización”, un peligro integrista y una “guerra étnica”, y creer que los motines constantes en las ciudades periféricas son obra de “jóvenes desenraizados” marginales y americanizados (y en el fondo totalmente asimilables si somos amables con ellos) son errores de juicio muy graves, productos de un pensamiento abstracto e ignorante de los hechos sociales. La guerra étnica ya ha empezado en Francia. La barbarización de la sociedad, la agresividad llena de odio latente entre una proporción importante de jóvenes descendientes de inmigrantes contra la cultura europea, constituyen una clara amenaza, muy bien vista por muchos sociólogos americanos. ¿Por qué negar esta realidad? Por otra parte, la ND construye un modelo de armonía social, en el seno de una sociedad multicultural apagada, lo cual es utópico. Toda sociedad multirracial -y multicultural- es multirracista e &qquot;intraxenofoba”, desde el Brasil y la antigua Yugoslavia, hasta Argelia, África negra y el Cáucaso. El plurietnismo en Francia será explosivo y no se asemejará en nada al tribalismo pacífico dibujado por mis amigos Alain de Benoist y Charles Champetier (cf. el número 91 de Éléments) en un discurso que yo podría calificar como “sociología onírica”. Ningún tribalismo es pacífico. Esta claro que, antes de diez años, la Historia dolorosa desechará todas las tesis multiculturistas, incluido las de izquierda. El deseo de Alain de Benoist, que es el de “facilitar una comunicación dialogante y fecunda entre grupos claramente situados los unos con respeto a los otros” (Éléments Nº 91, p.3), en el suelo europeo, me parece imposible de realizar y atañe a la misma ilusión ideológica de los formuladores de la “armonía étnica” americana de los años cincuenta, hostiles al “melting-pot” asimilacionista. En verdad, creo que tanto los asimilacionistas -jacobinos y partidistas del melting-pot total- como los comunitaristas, se equivocan. Una sociedad de coexistencia etnoterritorial fue, es, y será inviable. La naturaleza humana es así: una tierra, un pueblo. Quede claro que distingo totalmente entre el antijacobinismo, el organicismo y la visión social policentrada de mis amigos de la ND. Pero les reprocho el no admitir que esta diversidad sociocultural armónica solamente puede producirse entre poblaciones europeas diversas, pero hermanas. Son, sin embargo, totalmente europeístas: ¿por qué creen que una sociedad armónica podrá nacer en Francia de la cohabitación “multicultural” con comunidades de origen asiático y arabomusulmán, sin lazos con las estructuras mentales europeas? Si fuesen lógicos consigo mismos, defenderían la visión republicana, dura y abstracta, de la integración forzada, la de la Señora Badinter[25]. En este punto, el “harmonicismo” de la ND es contradictorio. Se obstinan en proponer un paradigma físicamente imposible de realizar. Sucumben a la creencia en los milagros de las ideologías igualitaristas.

La ND propone también una visión imaginaria del Islam. Un Islam integrable a un modelo de armonía laica europea y de tolerancia general. Pero no quieren ver que el Islam es una religión hipermonoteísta, y por esencia conquistadora, teocrática, antidemocrática, que se propone, como lo había visto De Gaulle, remplazar en Francia cada iglesia por una mezquita. El Islam es, por naturaleza, intolerante, unicista, antiorgánico y belicista. Los pensadores actuales de la Nueva Derecha no ven que el “Islam a la francesa” es un espejismo. No ven que están frente a una estrategia del zorro, bien descrita por Maquiavelo. Aunque los adeptos de Carl Schmitt, no integren en la practica ni la noción de “caso de emergencia” (Ernstfall), ni la de enemigo objetivo que te designa,a tí, como enemigo, al núcleo de tu ser, hagas lo que hagas. El multiculturalismo y el proislamismo de la ND están objetivamente situados cerca de las posiciones ingenuas del alto clero francés, quien, también por angelicalismo, cree en una futura sociedad etnopluralista armónica en el seno de la tierra europea. Más extraño, la ND no parece percibir que un “pagano” es un enemigo absoluto, un diablo, para el Islam. A la inversa de un judío o de un cristiano, tolerados solamente porque son inferiorizados. Hace poco tiempo visité Arabia Saudí: para desembarcar, tuve que indicar “católico” en la ficha descriptiva, distribuida en el avión. Si hubiese indicado “pagano” u otra creencia no-monoteísta, de seguro que hubiese tenido problemas. Suponer que un acuerdo entre el paganismo y el Islam es posible, es creer en la alianza entre la carpa y el conejo. En un dossier sobre el tema de la sociedad multicultural, Éléments no habla del problema de la inexpulsabilidad de facto de los clandestinos (del hecho de la agitación de las redes asociativas paratrotskistas y cristianas de izquierda), ni del alto coste social y económico de la inmigración, ni de la llegada constante a Europa, como en un grifo roto, de migrantes del Sur: ¿se tiene que tapar la brecha, y si es así, cómo? Estas cuestiones centrales dejan de ser planteadas. Sin embargo, el público las espera. Al igual que este otro problema: aunque cada año decenas de millares de jóvenes Franceses con diplomas se instalan en los Estados Unidos, docenas de millares -¿contrapartida?- de migrantes del Sur sin competencia se instalan en el suelo francés. ¿Por qué callar esta realidad? ¿Tabú? Sí, tabú. Reprocho a la ND su terrible concepto de “realismo”. Yo soy nietzscheano y aborrezco la palabra “realismo”. El comunismo ha caído en tres años. ¿Realista? ¿Quién había previsto este hecho fundamental? En el número 5 de la revista Terre et Peuple, Philippe Conrad explica que la reconquista[26] española frente al invasor afromusulmán fue una empresa irrealista, aunque bien real, y conseguida. No existen los “hechos cumplidos” en la Historia. La esencia de la Historia es real e irrealista, pues su motor está formado por una moldura , la voluntad de poder, y por un carburante, el poder de la voluntad. Guillermo de Orange lo dijo: “Donde hay una voluntad, hay un camino”.

La misión de la Nueva Derecha tendría que sido trazar, desbrozar, este camino. Tiene que hacerlo, aliada en Europa a otros grupos cercanos a sus análisis. La línea ideológica más eficiente sería rechazar la sociedad multicultural y multirracial y el nacionalismo republicano jacobino francés que la fomenta. Pensar en la Gran Europa Federal, no en una Francia y una Europa multiculturales (en verdad multirraciales) abiertas a unas comunidades afroasiáticas y musulmanas cada vez más importantes.

8 – Octava y última laguna ideológica: la ausencia de doctrina económica. Intenté dar a la Nueva Derecha de mi época una doctrina tal, centrada sobre los conceptos de “economía orgánica” y de “autarquía de los grandes espacios”, así como de una concepción “política” de la autoridad pública, y no sólo económica y fiscal. Esta doctrina preconizaba para los grandes bloques mundiales, incluída Europa o Eurosiberia, la noción de autosuficiencia en el cuadro de una economía de librecambio interior. Se tenía que -se tiene que- perseguir este tipo de reflexiones, compatibles con la construcción europea. ¿Por qué? Porque una corriente de pensamiento, como reflexionaba Henning Heichberg -durante una conversación que tuve con él en Niza (¡en 1973!)- para actuar sobre la opinión, para influir sobre el tren de la Historia, tiene que “hablar de cosas” y no solamente de “ideas abstractas”. “Cosas” que toquen a la gente. El espiritualismo es necesario para elevar el alma, pero insuficiente por la base. Debemos contar con el eterno materialismo humano. Pienso, como Marx -desgraciadamente-, que la cocina económica es una parte primordial de la infraestructura de las preocupaciones humanas, y que es indispensable, para refundir un corpus ideológico eficiente, crear una doctrina económica alternativa. Pues es necesario volver a las cuestiones concretas, a los sujetos de sociedad visibles por todas las gentes: urbanismo, transportes, fiscalidad, ecología, política energética, salud pública, natalidad, inmigración, criminalidad, tecnología, televisión, etc.

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Evidentemente, todas estas observaciones sobre los errores ideológicos de la Nueva Derecha no significan que proponga una línea ideológica dogmática. Simplemente, creo que la doctrina “oficial” es un callejón sin salida y que, aunque se exprese, debe ser contrarrestada. Para ser creíble de nuevo, la Nueva Derecha podría abrir sus debates. El número de Éléments sobre el tema del multiculturalismo -problema central- habría sido mejor si hubiese estado abierto a unas opiniones divergentes. Las revistas y las manifestaciones públicas de la ND deberían seguir la siguiente estrategia: 1) situar el problema principal y el incorrecto; 2) abrir un debate contradictorio.

Pienso que la Nueva Derecha ha perdido une parte de su influencia por la construcción de unos ejes ideológicos ambiguos y difícilmente legibles. Demasiados parauniversitarios, demasiados sofisticados, demasiados fascinados por la retórica paraizquierdista, oníricos, utópicos, armonicistas. No se debería de dudar a la hora de romper con el sistema, a formular tranquilamente un pensamiento radical y revolucionario. Desconfiar de las sabidurías falsas, de los amigos falsos, de los reconocimientos falsos, de los sucesos falsos y sobre todo de las falsas buenas ideas. Las ideas falaces tienen la elegancia seductora, pero no la “modesta y sencilla aspereza de la verdad” (Nietzsche). Un pensamiento victorioso solamente puede triunfar si se sitúa a contracorriente de un orden ya declinante.

La Nueva Derecha -yo la invito con amistad sincera- tiene que restablecer la “filosofía del martillo” de Nietzsche. La Nueva Derecha, o los que le sucederán en la palestra ideológica europea, solamente triunfará mediante la virtud del coraje. Si sabe teorizar sin dogmas, con el arte del debate, un pensamiento radical e incorrecto. Pero también con formas contemporáneas de expresión y de comunicación. La Nueva Derecha no fue víctima del “sistema” o de la “censura”, sino de ella misma. Nada está perdido para los que sabe rectificar. Porque hoy, como lo sentía mi amigo Giorgio Locchi, entramos en la tormenta, en la edad oscura, en el interregnum, en un siglo de acero y de combate, un siglo vital para el futuro de los pueblos europeos y de sus descendientes; y esta edad necesita un pensamiento trágico y combatiente. Se tiene que formular, de nuevo, en el seno de organizaciones eficientes y dinámicas, unas nuevas ideas-fuerza, innovadoras, audaces, adaptadas, como tantas armas frente a las amenazadas que se están precisando. Nuestra corriente de pensamiento europeo tiene que federarse y adoptar un optimismo del pesimismo: ofrecer una voluntad, un eje, a esta Gran Patria que se está constituyendo en la bruma y el dolor. Como empujado por la certeza de un somnámbulo, semiconsciente de las amenazas, un Imperio que no se atreve a decir su nombre, está surgiendo en un tumulto fresco. Este trueno historial, que está naciendo en el dolor, es la Gran Europa: nuestra única posibilidad de supervivencia. Una idea solamente tiene pertinencia si se la conduce hacia una perspectiva histórica y concreta, si constituye la formulación de una esperanza sincera.

Las nuevas pistas ideológicas

Pienso que los ejes, las pistas de una regeneración ideológica son las siguientes. Las desarrollaré un poco más adelante, pero ahora centrémonos en unas posibles aberturas:

1) En primer lugar, lo que llamaría el “constructivismo vitalista”, que es un cuadro de pensamiento global que alía la concepción orgánica e hipotética de la vida con las visiones del mundo complementarias de la voluntad de poder nietzscheana, del orden romano y de la sabiduría realista helénica. Leitmotiv: “un pensamiento voluntarista concreto, creador de orden”.

2) Segundo eje: lo que se podría denominar el “arqueofuturismo”. Pensar conjuntos, para las sociedades del futuro, los descubrimientos de la tecnociencia y la vuelta a las soluciones tradicionales e inmemoriales. Tal es quizás el nombre verdadero de la posmodernidad, lejos del pasadismo y del culto estúpido de lo “actual”. Reunir, según la lógica del “y”, y no del “o”, la memoria más antigua y el alma faústica, pues pueden combinarse perfectamente. El tradicionalismo inteligente es el futurismo más potente, y a la inversa. Reconciliar Evola y Marinetti. Es el concepto de “modernidad”, nacido de la ideología del Aufklärung, el que debe ser desechado. No se tienen que asociar los Antiguos a los Modernos, sino los Antiguos a los Futuristas. Además, hoy, como lo ha notado la Nueva Derecha, las formas políticas y societarias de la modernidad se agrietan; las formas arcaicas resurgen en todos los dominios, el renacimiento de un Islam conquistador, es un ejemplo perfecto. Por fin, las alteraciones futuras de la tecnociencia -principalmente en genética-, así como el retorno trágico a la realidad que está preparando en el Siglo XXI, exigirán el retorno a una mentalidad arcaica. Es el modernismo el que es un pasadismo. No se tiene que volver al “tradicionalismo” clásico, impregnado de folklorismo y soñandor de una vuelta al pasado. La modernidad ya es obsoleta. El futuro tiene que ser “arcaico”, es decir ni moderno ni pasadista.

3) Tercer eje: pensar el declive del Estado-Nación Europeo y la revolución europea como las configuraciones políticas centrales del Siglo XXI; es decir, embarcarse en el tren de la unificación, incluso para corregir los defectos. Aunque, como decía Lenin, unos tontos útiles están construyendo Europa. Las grandes revoluciones siempre empiezan de manera imprevisible y nunca como los intelectuales dogmáticos y románticos lo desean. La gestación dolorosa del agrupamiento de los pueblos europeos sobre su tierra común, desde Brest hasta el Oder, y -en un segundo tiempo- desde Brest hasta Behring, es un movimiento de fondo cuyo el resorte subterráneo es imperial; es la consecuencia de la descolonización, de la crisis demográfica y de la inmigración, quizás la solución a muchos problemas actuales aparentemente insolubles. Se tiene, a partir de hoy, que proyectar la idea de Eurosiberia, lo cual también supone, geopolíticamente, y en particular por razones ecológicas, pensar la Tierra, ciudad global, como zona de vida común interdependiente, como una zona dirigida no por una multitud de actores nacionales, sino por unos “bloques imperiales”: Gran Europa, India, China, América del Norte, Iberoamérica, Mundo Musulmán, África negra, Asia de las penínsulas. Será el futuro. Pero el rol de los “pensadores” es prever y pensar las formas posibles del futuro. A partir de ahora, se tiene que proyectar la idea de los Estados Unidos de Europa.

4) Cuarto eje: pensar en el hecho de que, para la humanidad, el Siglo XXI será el de una convergencia de catástrofes. Las sociedades humanas solamente reaccionan cuando se ven entre la espada y la pared. Una serie de macrolíneas catastróficas convergen hacia un punto de ruptura situado al inicio del Siglo XXI: dramaturgia tanto ecológica como económica y militar, nacida de la “creencia en los milagros”, del afán posible del “desarrollo” sin riesgos de hundimiento general. La civilización igualitaria nacida de la modernidad está viviendo sus últimos días. Se tiene que pensar el después de la catástrofe, construir una cosmovisión arqueofuturista para después del caos.

5) Quinto eje: pensar el conflicto Norte-Sur que se está preparando como posible Tercer conflicto mundial, y el papel a representar por el Islam como bandera emblemática de la revancha. Lo cual supone una redefinición de la noción de enemigo y de amenaza objetiva; desconfiar de todos los discursos sobre el tema de la inocuidad de un “frente islámico global”; empezar la reflexión sobre la temática étnica que se puede adicionar a los problemas ecológicos y económicos en el siglo de hierro que se está construyendo… Así, es necesario parar de presentar sistemáticamente a los países del Sur, y particularmente africanos, como “víctimas” eternas de las maquinaciones subterráneas del Norte. Se tiene que destruir el mito neocolonialista martirológico. Cada pueblo es el único responsable de su destino. Debemos atrevernos a responsabilizar -y no a victimizar- a los pueblos pobres: los africanos son los responsables principales de las “desgracias” de África. No podemos siempre llorar y pagar por ellos. La Nueva Derecha debería romper con este masoquismo paternalista poscolonial común a la clase intelectual europea, tanto de derechas como de izquierdas.

6) Sexto eje enlazado: ¿ Son los Estados Unidos un enemigo, es decir un invasor-destructor potencial, o un adversario, un competidor-debilitador cultural y económico? ¿Son los Estados Unidos, “única superpotencia durante únicamente veinte años”, según Zbignew Brezinski, el principal enemigo, sí o no? ¿Son más peligrosos que el Sur? Pienso que ahora estamos más cercas de los Rusos -antiguos enemigos absolutos- que de los Norteamericanos -antiguos amigos absolutos- pero con América, si nos pensamos ya como Eurosiberianos, tenemos que proyectar una lógica de pacto y de conflicto-cooperación, frente a otra amenaza principal. Tenemos que romper con el mito de los “Estados Unidos superpotencia invencible”. Su fuerza es la de la debilidad europea. No imponen nada por la fuerza militar, como la antigua URSS en sus satélites de Europa central. La república imperial norteamericana tiene razón, desde su punta de vista, en practicar su soft-imperialismo. Tenemos que responsabilizarnos, encontrar de nuevo el gusto de la potencia. Los débiles son siempre hoscos, los fuertes imperiosos. Cada pueblo es el actor de sí mismo. Frente a la americanización de Europa, no se debe hacer el papel del antiamericanismo de colonizado, sino el del europeísmo responsable. Tenemos que forjar de nuevo nuestro propio destino. Saber distinguir al enemigo principal, mortal, del adversario competidor. Y siempre producir un discurso de autoafirmación.

7) Debemos concentrarnos en la epistemología de la técnica. Cuestiones: ¿La informática y el genio genético no están ahora haciendo explotar los cuadros de la ideología igualitaria hegemónica, creando un hiato gigantesco entre lo real y lo deseado, la naturaleza y la hipernaturaleza? Existen cuestiones centrales, que tocan a la biología y la informática. Se debe actualizar la reflexión biológica, porque las técnicas transgénicas permiten introducir ya la voluntad humana en los procesos de transmisión genética, hasta ahora natural y más allá de toda intervención. Empezamos a saber fabricar animales de criadero, sin embarazo, en incubadoras. Mañana, sabremos hacerlo con los humanos y podremos programar, por la asociación de los sistemas informáticos expertos y de las técnicas transgénicas, los patrimonios genéticos y las capacidades de estos “humanos del tercer tipo”. Del maíz a los carneros, de los carneros a los humanos. Otra cuestión: los ordenadores de la “tercera generación”, permitirán crear un universo virtual, un antimundo simulado, más verdadero que el verdadero, con personajes verdaderos hipervirtuales autónomos en tres dimensiones, porque ya existe la “inteligencia artificial”. Los que dicen, despectivos, “son únicamente maquinas” se equivocan fuertemente. Estos nuevos asaltos contra el antropocentrismo, permiten al hombre el encuentro consigo mismo, muestran claramente que la tecnociencia es realmente un faustismo en acción. ¿Peligro mortal para el hombre, “animal enfermo” e hipo de la evolución? ¿O destino controlable? Son cuestiones filosóficas importantes. Todo movimiento de pensamiento tiene que pensar en estas cuestiones.

8) También tenemos que iniciar una reflexión de fondo sobre la inmigración, que es únicamente una colonización de población de Europa por las poblaciones afroasiáticas (y no una “invasión”, según la palabra del demagogo Giscard[27], autor de las disposiciones sobre el agrupamiento familiar). Los autóctonos europeos se encuentran objetivamente en una situación similar a la de los amerindios o los norteafricanos del siglo XIX, cuando se instalaron los colonos europeos que huían de las consecuencias económicas y sociales del excedente demográfico del continente europeo. Esta colonización es la revancha -tres generaciones después- de estos países contra Europa. Tenemos que desviar la problemática. No es únicamente, como todos los intelectuales parecen creerlo, un problema cultural y socioeconómico, sino antropoétnico global. La cuestión central es la siguiente: aceptar o negar una modificación mayor del substrato etnocultural europeo. Situar las cuestiones reales con coraje, dejar de andarse con rodeos, tal es el fundamento de la honestidad intelectual y la llave del suceso ideológico.

9) Reflexionar sobre una organización mundial a dos velocidades, del hecho de la imposibilidad tecnosocioecológica de extender a toda el planeta la lógica del “progreso-deserrollo” (“creencia en los milagros”). Es posible imaginar y predecir el retorno de una gran parte de la humanidad a las sociedades tradicionales, poco consumidoras de energía, socialmente más estables y más felices, mientras que en el cuadro de la globalización planetaria, una minoría podría continuar siguiendo el modo de vida tecnoindustrial. Mañana, dos esferas: una nueva Edad Media y la Hiperciencia. ¿Quiénes y cuántos en cada esfera? Todo pensamiento audaz y fecundo debe de pensar lo impensable. Pienso que el arqueofuturismo, asociación explotadora de dos contrarios, es la llave para el futuro. Simplemente, porque el paradigma de la modernidad ya no es viable a la escala planetaria.

10) Desde esta perspectiva, es necesario abrir de nuevo la reflexión sobre la autarquía de los grandes espacios (Eurosiberia podría ser uno de estos grandes espacios), superar conjuntamente el socialismo y el liberalismo, desarrollar la idea de una económica orgánica de tercera vía, tanto realmente liberal como socialista comunitaria. Reflexionar en la transformación actual de las economías en redes semifeudales; refundir radicalmente el papel a realizar por la instancia política superior que tiene que dirigir políticamente la economía, pero no administrarla. Pensar que los grandes bloques semiautárquicos no tienen forzosamente el mismo tipo de producción y de consumo. También que, dentro de su propio espacio, existen diferentes tipos de sociedades y de economías encajadas pero heterogéneas. Unas zonas hipertecnologizadas, enlazadas a la red globalitaria y planetaria de comunicación, paralelas a unas zonas neoarcaicas vueltas a modos de vida y de producción de las sociedades tradicionales.

Una corriente de pensamiento es potente si reflexiona en las cuestiones centrales e inesperadas, si anticipa. Sobre todo si su lenguaje no es dogmático.

*

Para que pueda resurgir, en esta época bisagra de catástrofes previsibles, pero también de desafíos, un pensamiento de la revolución y de la refundación, se debe reformar el concepto antiguo de revolución conservadora, que considero anticuado. Todas las jóvenes energías, raras en estos tiempos videofónicos, tienen que agruparse a escala europea. Tienen que olvidar las peleas de capilla, jerarquizar -en una lógica no exclusiva y politeísta del “y”- la cosmovisión que une y las doctrinas que crean el debate. La ideología vendrá más tarde. Por fin, sería necesario equilibrar el discurso crítico sobre nuestro tiempo de interregno por un discurso anticipador y afirmativo, optimista en el seno del pesimismo, hecho para el después del caos.

El arco de bóveda de nuestra corriente de pensamiento es un acuerdo, de tipo histórico, entorno al concepto de Europa. Todos queremos -cada uno según sus sueños, sus análisis, su temperamento- dejar los nacionalismos obtusos del igualitarismo del Aufklärung y contribuir a construir, por fin, este bloque macrocontinemtal de pueblos-hermanos, preparar esta idea para los tiempos del después de la catástrofe. Sin, evidentemente, conforme a la lógica imperial orgánica y democrática, homogeanizarnos y destruir las herencias históricas de nuestros idiomas diversos, de nuestras sensibilidades etnoculturales múltiples, que son el tesoro de Europa, único en el mundo. He leído lo siguiente en un artículo de Pierre Vial, dirigente del Frente Nacional[28], partido nacionalista francés, y fundador de la asociación Terre et Peuple: ” El sentido verdadero de nuestra lucha es combatir por una identidad enraizada, que es una identidad francesa y europea, donde se conjugan con armonía las herencias griega, latina, céltica y germánica. Queremos cada una de estas herencias, porque son una faceta de una civilización única. Y todos los que luchan para la perennidad de esta civilización son nuestros hermanos de armas”. Debemos ser, de nuevo, los soldados de la Idea y federar a la escala europea, de manera flexible, pero articulada, todas las corrientes de pensamiento, los periódicos, los libros, las asociaciones que van más o menos en la misma dirección. Una sorpresa: he leído (hace poco tiempo, tengo que decirlo, porque hacía mucho tiempo que me había desentendido de este fenómeno) unas publicaciones del “mundillo”. Me doy cuenta de que en Italia, Alemania, Bélgica, Francia, Croacia, España, Gran Bretaña, Rusia, Portugal, etc. existen hombres y revistas, movimientos, asociaciones, que convergen todos más o menos hacia una cosmovisión semblante. Pero también soy consciente de las dispersiones, de las riñas personales estériles, de la vivacidad de los espíritus de capilla. Un tal movimiento sinérgico transcorriente, transtendancial, de acuerdo con algunas ideas axiales expresadas a lo infra, solamente podrá imponerse en la Historia si está motivado por el idealismo provocador y no por el intelectualismo neutro. Ojala que el talento de mis amigos de la Nueva Derecha pueda usar algunos de estos consejos para encontrar de nuevo el camino de la Historia. Lo que podrá, quizás, empezar por un cambio de apelación…

2 SOBRE UN CONCEPTO SUBVERSIVO: EL ARQUEOFUTURISMO COMO RESPUESTA A LA CATÁSTROFE DE LA MODERNIDAD Y ALTERNATIVA AL TRADICIONALISMO

A Giorgio Locchi y Olivier Carré. In memoriam.

I ) El método: el pensamiento radical

Solamente es fecundo el pensamiento radical. Porque, solo, puede él crear conceptos audaces que rompan el orden ideológico hegemónico y permitan salir del círculo vicioso de un sistema de civilización que está fracasando. Para hablar como el matemático René Thom, autor de la Teoría de las Catástrofes, únicamente los “conceptos radicales” pueden hacer caer un sistema en el caos -la “catástrofe” o cambio brutal de estado- con el fin de dar a luz a otro orden. El pensamiento radical no es “extremista”, ni utópico, sino anticipador del futuro, porque rompe con un presente carcomido. ¿Es revolucionario? Hoy, tiene que serlo, porque nuestra civilización está viviendo el fin de su ciclo y no un nuevo desarrollo, y porque ninguna escuela de pensamiento se atreve a ser revolucionaria tras la caída final de la tentativa comunista. Sin embargo, tenemos que proyectar otros conceptos civilizacionales, vectores de historicidad y de autenticidad. ¿Por qué un pensamiento radical? Porque va hasta la raíz de las cosas, es decir “hasta el núcleo”: cuestiona la cosmovisión sustancial de esta civilización, el igualitarismo, porque este último, utópico y obstinado, está conduciendo la humanidad hasta la barbarie y el horror económico, por el hecho de sus contradicciones internas. Para actuar sobre la Historia, se tienen que crear tormentas ideológicas, frente -como lo vio muy bien Nietzsche- a los valores , fundamento y esqueleto de los sistemas. Nadie no lo hace hoy: es la primera vez en la Historia que la esfera económica (TV, mass-media, videos, cine, industria del espectáculo y de la distracción) posee el monopolio de la reproducción de los valores. Conclusión: una ideología hegemónica, sin conceptos ni proyectos imaginativos de ruptura, pero fundada sobre dogmas y anatemas.

Únicamente un pensamiento radical permitiría a unas minorías intelectuales crear un movimiento, sacudir el mamut, hacer moverse a la sociedad y al orden del mundo por electrochoques ( o “ideochoques”). Pero este pensamiento tiene sin falta que escapar al dogmatismo y cultivar, por el contrario, el reajuste permanente (“la revolución dentro de la revolución”, única intuición maoísta justa); tiene también que preservar su radicalidad de la tensión neurótica de las ideas fijas, de las fantasías oníricas, de las utopías hipnóticas, de las nostalgias extremistas o de las obsesiones delirantes, riesgos inherentes a toda perspectiva ideológica. Para actuar sobre el mundo, un pensamiento radical tiene que articular un corpus ideológico coherente y pragmático, con distanciamiento y flexibilidad adaptativa. Un pensamiento radical es, en primer lugar, un cuestionario, pero nunca una doctrina. Lo que se propone tiene que ser declinado sobre el modo del “¿y si?” y no del “hay que”. No le gustan los compromisos, las sabidurías falsas “prudentes”, la dictadura de los “expertos” ignorantes ni el paradójico conservatismo (el statuquoismo) de los adoradores de la “modernidad” que la creen eterna. Última característica de un pensamiento radical eficiente: aceptar la heterotelía, es decir, que las ideas no conducen necesariamente a los hechos deseados. Un pensamiento eficiente tiene que reconocer que solamente es aproximátivo. Se zigzaguea, se adaptan las velas según los vientos, pero se sabe adónde se va, hasta qué puerto. El pensamiento radical integra el riesgo y el error, propios a todo lo que es humano. Su modestia, impregnada de dudas cartesianas, es el motor de su potencia de puesta-en-movimiento de los espíritus. Ningún dogma, pero mucha imaginación. La imaginación al poder, con una brizna de amoralismo, es decir de tensión creativa hasta una nueva moral.

Es hoy -en la linde de este Siglo XXI, que será un siglo de hierro y de fuego, cargado de amenazas verdaderamente mortales para la entidad europea y también para la humanidad, aunque nuestros contemporáneos estén lobotimizados por la soft-ideología y la sociedad del espectáculo- cuando, frente a nosotros, explota un vacío ideológico atronador, que un pensamiento radical es por fin posible y puede triunfar, con el fin de proyectar nuevas soluciones, impensables hace poco tiempo. Las intuiciones de Nietzsche, de Evola, de Heidegger, de Carl Schmitt, de Guy Debord o de Alain Lefèbvre, las de la inversión de los valores, son posibles hoy, como la filosofía del martillo nietzscheana. Nuestro “estado de civilización” ya está listo. No era este el caso en un pasado reciente, cuando la pareja moderna Siglo XIX-Siglo XX incubaba su infección viral sin todavía sufrirla. De otra parte, tenemos que rechazar enseguida el pretexto según el cual un pensamiento radical sería “perseguido” por el sistema. El sistema es tonto. Sus censuras son permeables y torpes. Únicamente reprime las provocaciones folkloristas y las torpezas ideológicas. En el seno de la clase intelectual europea oficial y establecida, el pensamiento es un convencionalismo mediático y una bolsa de dogmas igualitarios machacados. Por temor a infringir las leyes de lo “políticamente correcto”, por déficit de imaginación conceptual, o por ignorancia de los problemas reales del mundo presente. Las sociedades europeas, hoy en crisis, están listas para ser traspasadas por unos pensamientos radicales determinados, armados con un proyecto de valores revolucionarios y de una contestación completa, pero pragmática y no utópica de la civilización mundial actual. Un pensamiento radical e ideológicamente eficiente, en el mundo trágico que se está preparando, podría aliar las calidades del clasicismo cartesiano (principios de razón y de posibilidad afectiva, de examen permanente y de voluntarismo crítico) y del romanticismo (pensamiento fulgurante, emocional y estético, audacia de las perspectivas), a fin de unir en una coincidentia oppositorum (coincidencia de los opuestos) las calidades de la filosofía idealista del “sí” y de la filosofía critica del “no”, como hicieron Marx y Nietzsche con su método de la “hermeneútica de la sospecha” (inculpación de los conceptos dominantes) y de “inversión positiva de los valores”. Un pensamiento tal que alíe audacia y pragmatismo, intuición prospectiva y realismo observador, creacionismo estético y voluntad de potencia histórica, tiene que ser “un pensamiento voluntarista concreto, creador de orden”.

II ) El cuadro conceptual: la noción de constructivismo vitalista

Mi maestro, el difunto Giorgio Locchi, había localizado al igualitarismo como el centro nodal, el eje motor, tanto ético como práctico, de la modernidad fracasada. Inspirado por sus obras, hicimos una importante descripción crítica e histórica en el seno del GRECE. Proponíamo,s para el futuro, el concepto de antiigualitarismo, pero esta palabra todavía resultaba insuficiente. Nunca podemos definirnos como “anti” algo. Un concepto eficiente debe ser afirmativo y ser poseedor de sentido. ¿Cuál podría ser el principio activo de este antiigualitarismo virtual? ¿El antiigualitarismo, que cosa sería, concretamente? Pregunta sin respuesta en está época. Pero después de una respuesta clara, puede nacer una movilización.

De igual modo, inspirado por las obras de Lefèbvre, Lyotard, Debord, Derrida y Foucault, como también por otros textos de arquitectos como Porzamparc, Nouvel o Paul Virilio, intenté mostrar la necesidad de una posmodernidad. Pero, una vez más, el prefijo latín “post” como lo, griego, de “anti”, no definía un contenido concreto. No es suficiente decir que el igualitarismo y la modernidad (una teoría y una practica) son inconvienen. También es necesario imaginar, definir y proponer qué es lo adecuado. La crítica de un concepto solamente es eficiente si existe un nuevo concepto afirmativo, alternativo.

¿Sí, pero qué concepto(s)? Permitanme ustedes un breve recuerdo explicativo. Junto al difunto y estimado pintor Olivier Carré, habíamos inventado, durante una emisión radiofónica subversiva (¡Anteguerra!) de ciencia-ficción estética y de humor negro, un Imperio Eurosiberiano imaginario (la “Federación”) -cuya la bandera era, por un guiño hacia mi pequeña provincia natal (que también es la de Mitterrand), pero también hacia Croacia, la bandera de cuadros rojos y blancos. El constructivismo vitalista era la doctrina titánica de una de las firmas gigantes de este extraño Imperio (la firma “Typhoone”), que quería poner la Tierra en otra órbita con respecto al Sol… Pero, después, he pensado que este “gag” radiofónico y literario, desarrollado en un cómic, era quizás el fruto de un acto ideológico fallido, de un lapsus linguae ac scripti. El surrealismo y el situacionismo siempre habían enseñado que “los conceptos agitadores tienen siempre que nacer del principio del placer” (Raoul Vaneighem); y que, sobre la fulgurancia irrisoria, se construyen las fundaciones. También Alain de Benoist explicó que el estilo condiciona. André Breton dijo “Es en lo no serio en apariencia donde se tapa lo muy serio”. Así, he reflexionado en este concepto intuitivo, y he descubierto cuatro cosas: 1- Las palabras cuentan enormemente, como lo muestra Foucault (en su libro Les mots et les choses). Son fundamentos de los conceptos que provocan ellos mismos la impulsión semántica de las ideas, y estas últimas forman el motor de las acciones. Nombrar y describir ya es construir. 2- No se tienen que tomar como emblemas las apelaciones semánticas o los símbolos estéticos de ideologías antiguas que han fracasado en la Historia, como lo han comprendido los comunistas italianos. Así, la etiqueta Revolución Conservadora parece demasiada neutra, demasiada antigua, demasiada historicista, enlazada a los años veinte. Un tal fideísmo resulta desmovilizador e inadaptado a la nueva situación. En conformidad a la tradición agitada de la civilización europea, tenemos que propulsar nuevas palabras y nuevos eslóganes sobre el tablero de la Historia. El estilo queda en su esencia, pero cambia de forma. Un pensamiento activo es furioso y metamórfico. 3- La palabra “constructivismo vitalista” define globalmente una cosmovisión y una intención concreta sinérgica que alía dos estructuras mentales. “Constructivismo” significa voluntad histórica y política de potencia, proyecto estético de construcción-de-civilización, espíritu faústico. “Vitalista” significa realismo, mentalidad orgánica y no mecanista con respecto a la vida y autodisciplina en torno de una ética autónoma, humanidad (al inverso del “humanitarismo”), interés por los problemas bioantropológicos, por las realidades étnicas. 4- El constructivismo vitalista es la apelación que propongo para definir positivamente lo que antes llamábamos definíamos como antiigualitarismo. Por otra parte, este antiigualitarismo definía su proyecto con el concepto fluido y únicamente descriptivo de posmodernidad. Propongo llamar a la intención ideológica central del constructivismo vitalista como arqueofuturismo. Lo desarrollaremos un poco más adelante.

III ) El diagnostico: la modernidad inicia la convergencia de las catástrofes

Para definir el contenido de un eventual arqueofuturismo es necesario rezumar la crítica fundamental a la modernidad. Nacida del angelicalismo laicizado, del mercantilismo anglosajón y de la filosofía individualista del Aufklärung, la modernidad ha establecido un proyecto planetario de individualismo económico, de alegoría del Progreso, de culto al desarrollo cuantitativo, de “derechos humanos” abstractos, etc. Pero se trata de una victoria pírrica, porque el proyecto de esta visión del mundo de apropriarse el Reino de la Tierra ya estaba en crisis, antes de derrumbarse, probablemente al inicio del siglo XXI. La roca de Tarpella se encuentra cerca del Capitolio. Por primera vez en su historia, la humanidad está amenazada por una convergencia de catástrofes. Una seria de “líneas dramatúrgicas” se acercan y convergen a la manera de afluentes, con una concomitancia perfecta (entre el 2010 y 2020) hasta un punto de ruptura y de báscula en el caos. De este caos -que será muy doloroso y a escala mundiial- puede nacer un nuevo orden, fundado sobre una visión del mundo, el arqueofuturismo, considerada como visión del mundo para después de la catástrofe.

Resumamos rápidamente la naturaleza de estas líneas de catástrofes:

1 – La primera es la cancerización del tejido social europeo. La colonización de población del hemisferio Norte por los pueblos del Sur, cada vez más importante a pesar de las afirmaciones tranquilizadoras de los mass-media, está cargada de situaciones explotadoras, sobre todo en conjunción con el hundimiento de las Iglesias en Europa, hoy tierra de conquista para el Islam; el fracaso de la sociedad multirracial, siempre más multirracista y neotribal; la metamórfosis progresiva etnoantropológica de Europa, verdadero cataclismo histórico; el retorno del pauperismo tanto al Oeste como al Este; la progresión lenta, pero constante, de la criminalidad y del consumo de estupefacientes; la pulverización continua de las estructuras familiares; la decadencia de los cuadros educativos y de la calidad de los programas escolares; la herrumbre en la transmisión de los saberes culturales y de las disciplinas sociales (barbarización y descompetencia); la desaparición de la cultura popular en provecho de la lobotomización de las masas pasivas por la galaxia electroaudiovisual (Guy Debord se suicidó porque vio cumplirse sus predicciones reflejadas en Société du Spectacle, escrito en 1967); decadencia continuada de los tejidos urbanos y comunitarios en provecho de zonas periurbanas imprecisas sin coherencia, ni legalidad, ni seguridad; la instalación, particularmente en Francia, de una situación endémica de motines urbanos -más graves que Mayo del 68- ; la desaparición de toda autoridad civil en los países de la antigua URSS, víctimas del fracaso económico. Todos estos fenómenos se conjungan en un momento en donde los Estados-Nación pierden su autoridad soberana sin conseguir frenar el pauperismo, el paro, la criminalidad, la inmigración clandestina, la potencia creciente de las mafias y la corrupción de las clases políticas; y en un momento en que las elites creativas y productivas, presas del fiscalismo y de la vigilancia económica, sueñan en gran viaje americano. Una sociedad cada vez más egoísta y salvaje, en camino del primitivismo, paradójicamente tapada por el discurso de la “moral única”, angelical y pseudohumanitaria.

2 – Pero estos factores de ruptura social, en Europa, se verán agravados por la crisis economicodemográfica que inevitablemente va a acentuarse. A partir de 2010, el número de activos será insuficiente para financiar a los jubilados del “papy-boom”. Europa se hundirá por el peso de los ancianos; pero más aun: en los países envejecidos, la economía estará debilitada y “handicapada” por la financiación de los gastos de salud pública y de las pensiones de los ciudadanos improductivos; además, el envejecimiento deseca el dinamismo tecnoeconómico. La ideología igualitaria de la (vieja) modernidad ha resultado un impedimento para solucionar esta situación catastrófica, debido, sobre todo, a dos de sus dogmas: el antinatalismo (este etnomasoquismo), que censuró las tentativas de recuperación voluntarista de la natalidad, y el rechazo igualitarista de los fondos de pensiones. Por el momento, todavía no sentimos estos efectos que están por venir. El paro y la pobreza van a empeorar, mientras que una clase minoritaria, conectada con los mercados mundiales, la clase de los funcionarios y de los asalariados protegidos, va a prosperar. Estamos hablando de un terror económico. El igualitarismo, por un efecto perverso, mostrando que en realidad es el inverso de la justicia -en el sentido que le diera Platón-, crea sociedades de opresión socioeconómica. El Estado-Providencia socialdemócrata, basado en el Mito del Progreso, también tiende a hundirá, en un estrépito más impresionante aun que el que sacudió al comunismo en 1989. Europa se está tercermundizando. La crisis está por delante, o más exactamente, asistimos a la ruptura de los cerrojos del edificio socioeconómico civilizacional. América, continente inmenso condenado a las migraciones pioneras y acostumbrado a una cultura brutal y a un sistema conflictual de ghettos étnicos y económicos, parece menos vulnerable que Europa. Puede encajar una ruptura de equilibro. Por lo menos en el plano de la estabilidad social, porque no podrá escapar a un eventual maremoto general.

3 – Tercera línea dramatúrgica de catástrofe de la modernidad: el caos del Sur. Los países del Sur se han industrializado contra y frente a sus culturas tradicionales. A pesar de un crecimiento embustero y frágil, han creado un caos que no cesa de aumentar. Los recientes acontecimientos de Indonesia son un primer signo. El empresario francoinglés Jimmy Goldsmith, renegando con prudencia de su familia de pensamiento, lo había analizado perfectamente: nacimientos de metropolis-champiñón gigantescas (Lagos, Méjico, Río, Calcuta, Kuala-Lumpur…) que no son otra cosa que junglas infernales; coexistencia de un pauperismo cercano de la esclavitud con ricas e insolentes burguesías autoritarias y minoritarias apoyadas por unos ejércitos-policía destinados a la represión interior; destrucción masiva del medio ambiente; desarrollo de los fanatismos socioreligiosos… Los países del Sur son verdaderos polvorines. Los recientes genocidios de África Central, el desarrollo en la India, Malasia, Indonesia, México… de conflictos civiles violentos (apoyados o no sobre el extremismo religioso y frecuentemente avivados por los Estados Unidos) solo constituyen el anticipo de un futuro que se nos presenta oscuro. La ideología igualitaria esconde esta realidad y se felicita ante un “progreso de la democracia” en los países del Sur. Discurso falso, porque no son sino simulacros de democracia. Además, la “democracia” del modelo helenoeuropeo, por un efecto perverso (la “heterotelia” de Jules Monnerot) y por incompatibilidad mental, resulta trágica cuando se aplica con fuerza en los países del Sur. El trasplante del modelo socioeconómico occidental en los países del Sur se revela explotador.

4 – Cuarta línea de catástrofe, recientemente explicada por Jacques Attali: la amenaza de una crisis financiera mundial, que será mucho más grave que la de los años treinta y comportará una recesión generalizada. La caída de las bolsas y de las monedas esteasiáticas, como la recesión que afecta a esta región, son los anticipos. Esta crisis tendría dos causas: a) Demasiados países están endeudados con relación a las capacidades acreedoras mundiales; y no solamente los países pobres. El servicio de la deuda de las naciones europeas es preocupante. b) La economía mundial se apoya cada vez más sobre la especulación y la lógica de los flujos de inversión rentables (bolsas, sociedades fináncieras, fondos de pensiones internacionales…); la predominancia del monetarismo especulativo sobre la producción va a producir un efecto de “pánico general” en caso de hundimiento de los cursos en un sector: los especuladores internacionales a la hora de retirar sus capitales. La economía mundial se encontraría así “deshidratada”, con inversiones en caída provocadas por el hundimiento del mercado de los capitales, que es donde las firmas industriales y los Estados piden sus préstamos. La consecuencia: una recesión global y brutal, funesta para una civilización fundada únicamente sobre el empleo económico.

5 – Quinta línea de catástrofe: el desarrollo de los fanatismos integristas, principalmente el Islam, pero no únicamente, porque también existe en la India politeísta… El retorno de un Islam radical y revanchista es la consecuencia de los excesos del cosmopolitismo de la modernidad, que quiso imponer al mundo entero el modelo del individualismo ateo, el culto de la mercancía, la desespiritualización de los valores y la dictadura del espectáculo. Como reacción frente a esta agresión, el Islam se radicalizó y encontró de nuevo su fuerza de dominación y de conquista, en conformidad a su tradición. Su práctica global está creciendo en proporción aritmética, en un momento en el cual el cristianismo, que ha perdido toda su agresividad proselitista, está en decadencia -incluso en Iberoamérica y en el África negra- a consecuencia de ese suicidio que fue el Concilio Vaticano II, el más grande patinazo teológico en la historia de las religiones. A pesar de las negaciones tranquilizadoras de los mass-media occidentales, el Islam radical está progresando en todas partes, a la manera de un incendio, amenazando a una serie de países nuevos: Marruecos, Tunez, Egipto, Turquía, Pakistán, Indonesia, etc. Consecuencias: guerras civiles por venir en los países bireligiosos, como la India; enfrentamientos en Europa -sobre todo en Francia y en Gran Bretaña-, donde el Islam podría ser en unos veinte años la primera religión en cuanto al número de practicantes-militantes, y multiplicación de las crisis internacionales implicando a los Estados islámicos, algunos de ellos poseedores de armas nucleares “sucias”. Tenemos que denunciar la estulticia de todos aquellos que creen en la posibilidad de un “Islam occidentalizado y respetuoso de la laicidad republicana”. Esto es un imposible, porque el Islam es consubstancialmente teocrático y rechaza por completo la idea de laicidad. El conflicto será inevitable. Fuera y dentro de Europa.

6 – Un enfrentamiento Norte-Sur, que está dibujando las raíces teologicoétnicas, reemplaza, con una probabilidad incrementada, el riesgo, por el momento congelado, de un conflicto Este-Oeste. Nadie conoce la forma que asumirá este enfrentamiento, pero será muy grave, porque está fundado sobre valores y sentimientos colectivos mucho más fuertes que la antigua polaridad polémica Estados Unidos-URSS, capitalismo-comunismo, de naturaleza artificial. Las raíces potenciales de esta amenaza son, en primer lugar, el resentimiento tenaz, reprimido y disimulado, de los países del Sur frente a sus antiguos colonizadores. La racialización de los discursos es impresionante. Hace poco tiempo, un Primer Ministro asiático trató al Gobierno francés de “racista” después de un litigio económico banal: un invertidor italiano había sido preferido a una empresa de su país. Esta racialización de las relaciones humanas, consecuencia concreta (heterotélica) del cosmopolitismo “antirracista” de la modernidad, se puede evidentemente ver también en Occidente: el líder afroamericano Farrakhan, como los grupos de rap en los Estados Unidos y en Francia (NTM, Ministère Amer, Doc’Gyneco, Black Military…), llaman cada día a la “venganza contra los blancos” y a la desobediencia civil. El cosmopolitismo igualitario ha, paradójicamente, instalado el racismo globalizado, por el momento subyacente e implícito, aunque no por mucho tiempo. En contacto unos con los otros en la “ciudad global” que es la Tierra, los pueblos se preparan para el enfrentamiento general. Y es en Europa, víctima de una colonización de población, donde se va a situar el principal campo de batalla. Y aquellos que afirman que el mestizaje general es el futuro de la humanidad están muy equivocados: este último solamente hace estragos en Europa. Los otros continentes, principalmente Asia y África, forman cada vez más bloques étnicos impermeables que exportan el excedente de sus poblaciones.

Punto capital: el Islam llega a ser la bandera emblemática de esta rebelión contra el Norte, revancha freudiana contra el “imperialismo occidental”. En el inconsciente colectivo de los pueblos del Sur crece esta idea-fuerza: “las mezquitas se instalan en tierra cristiana”. Vieja revancha contra las cruzabas, retorno de lo arcaico, retorno de la historia, como un boomerang. Los intelectuales -musulmanes u occidentales.- que afirman que el fundamentalismo conquistador e intolerante no es la esencia del Islam se equivocan, o mienten con descaro. La esencia del Islam, como la del cristianismo medieval, es un totalitarismo teocrático imperial. En respuesta a los que se tranquilizan y presumen que los países musulmanes están desunidos, que sepan simplemente que estos países están menos desunidos entre ellos que aliados frente a un enemigo común, sobre todo en cuando se presenten los casos de emergencia. Esta colonización del Norte por el Sur parece una especie de colonialismo flojo, sin franqueza, apoyado por llamamientos a la piedad, al asilo, a la igualdad. Es la “estrategia del zorro” (opuesta a la del león), notada por Maquiavelo. Pero, en verdad, el colonizador, que se justifica por la ideología occidental y “moderna” de su víctima, de la que finge adoptar sus valores, en ningún caso las divide. Él es antiigualitario, dominante, (pero asegura ser dominado y perseguido), revanchista y conquistador. Bella astucia de una mentalidad que ha quedado arcaica. Para oponérsele es necesario volver a nuestra propia mentalidad arcaica y deshacerse del handicap desmovilizador del humanismo “moderno”. Otro fundamento del conflicto Norte-Sur: un litigio politicoeconómico global. Guerra en los mercados y los recursos naturales raros en vías de agotamiento (agua potable, recursos halieúticos, etc.), rechazo de cuotas de descontaminación por los países recientemente industrializados del Sur, exigencias de estos últimos de verter sus excedentes de población hasta el Norte. En la Historia, son los esquemas sencillos los que se imponen. Un Sur acomplejado, pobre, joven, demográficamente prolífico, ejerce una presión sobre une Norte moralmente desarmado y envejecido. Y ahora el Sur se están dotando de las armas nucleares, aunque el Norte pusilánime solamente hable de “desarme” y de “desnuclearización”.

7 – Séptima línea de catástrofe: el desarrollo de una contaminación incontrolada del planeta, que no amenaza (puede vivir todavía cuatro mil millones de años y puede recuperarse toda la evolución a partir de cero), sino la supervivencia física de la humanidad. Este hundimiento del medio ambiente es el fruto del mito liberal igualitario (pero también soviético) del desarrollo industrial universal y de una economía energética para todos. Fidel Castro, bien inspirado, declaró, en un discurso a la OMS, en Ginebra, el 14 de Mayo de 1997: “El clima está cambiando, los mares y la atmósfera se están recalentando, el aire y las aguas se están contaminando, los suelos se están erosionando, los desiertos se están extendiendo, las selvas están desapareciendo, el agua se está volviendo excasa. ¿Quién salvará nuestra especia? ¿Las leyes ciegas e incontrolables del mercado? ¿La mundialización neoliberal? ¿Una economía que está creciendo como un cáncer y que está devorando al hombre y destruyendo la naturaleza? No es esta la vía, o lo será durante un momento muy breve de la Historia”. Cuando Fidel Castro pronunció estas palabras proféticas, pensaba en la arrogancia irresponsable de los Estados Unidos, que se negaron a reducir (reuniones de Río, y de Tokio) sus emisiones de dioxina de carbono. ¿O quizás, este “marxista paradójico” pensaba también en la adhesión de todos los pueblos al modelo del provecho mercantil puro y a corto plazo, que empuja a contaminar, a destruir las selves, a devastar las reservas halieúticas oceánicas, a saquear los recursos fósiles y vegetales sin ninguna planificación global? En esta ocasión, Fidel Castro habló mas como un poeta de la antigua sabiduría justicialista platónica que como un representante de un marxismo tan destructor como el liberalismo.

8 – Tenemos que añadir a esta “tela de fondo” catastrófica, saturada de factores agravantes, una serie de aceleradores. En desorden: la fragilización de los sistemas tecnoeconómicos (el famoso “efecto 2000”); la proliferación nuclear del Oriente Asiático (China, India, Pakistán, Irak, Irán, Israel, Corea, Japón…), en países rivales capaces de reacciones nerviosas e imprevisibles; la debilitación de los Estados frente al poder de las mafias, que controlan y amplifican el comercio de las drogas (naturales y cada vez más quimicogenéticas), y que se apoyan sobre unos nuevos sectores económicos, desde el armamentístico hasta el inmobiliario y el agroalimentario; estas mafias internacionales, como así lo reconocía un reciente informe de la ONU, disponen de medios mayores a los de las instancias internacionales represivas. Sin olvidar el retorno de las enfermedades vírales y microbianas arcaicas: el mito de la inmunidad sanitaria está muerto. El SIDA fue la primera brecha. Estamos amenazados, especialmente por hecho de la debilitación mutógena de los antibióticos y de la intensidad de los desplazamientos humanos, por el retorno de un desorden sanitario mundial. Recientemente, en Madagascar, catorce casos de peste pulmonar no pudieron ser tratados.

La modernidad va hacia un muro y es probable que nos conduzca hacia el accidente planetario. ¿Este último es irreversible? Quizás no. Pero quizás… La esencia de la Historia, su motor, es el carburante de la catástrofe. Pero, por la primera vez, la catástrofe será global en un mundo globalizado. Robert Ardrey, brillante etólogo y dramaturgo norteamericano, profetizaba en 1973: “El mundo moderno es semejante a un tren cargado de municiones que arremete en la niebla, en una noche sin luna, con todas las luces apagadas”. *

Estas catástrofes anunciadas son el fruto directo de la creencia en los milagros de la modernidad: pensemos en el mito del posible alto nivel económico para todos y a escala planetaria, y en la generalización de las economías por fuertes consumos energéticos. El paradigma del igualitarismo materialista dominante -una sociedad de consumo “democrático” para diez mil millones de hombres en el Siglo XXI sin saqueo generalizado del medio ambiente- es una pura utopía. Esta creencia onírica choca contra unas imposibilidades físicas. La civilización que ha producido no puede durar mucho tiempo. Paradoja del materialismo igualitario: es idealista y materialmente irrealizable. Existen razones sociales (la desestrucción de las sociedades) y sobre todo ecológicas: el planeta, físicamente, no podrá soportar el desarrollo general de economías hiperenergéticas accesibles a todos los humanos. Los “progresos de la ciencia” no están ahí. No se debe rechazar la tecnociencia, sino recentrarla en una perspectiva inigualitaria.

El problema ya no consiste en saber si la civilización planetaria de la modernidad igualitaria se va a derrumbar, consiste en saber cuándo. Estamos ante una situación de emergencia (la Ernstfall de Carl Schmitt). La modernidad y el igualitarismo nunca han proyectado sus propios fines, nunca han reconocido sus errores, nunca han asimilado que las civilizaciones son mortales. Por vez primera nos encontramos ante una evidencia: un orden global de civilización está amenazando de hundimiento porque se funda sobre un paradójico y bastardo materialismo idealista. Se necesita una nueva visión del mundo para la civilización del después de la catástrofe.

IV – El contenido: el Arqueofuturismo

Es probable que solamente después de la catástrofe que acabará con la modernidad, con su epopeya y con su ideología mundial, una visión del mundo alternativa se impondrá, pero será por necesidad. Nadie tendrá el coraje de aplicarla antes de la irrupción del caos. Para nosotros, que vivimos en el Interregnum, según la formula de Giorgio Locchi, es vital preparar a partir de hoy la visión del mundo del después de la catástrofe. Podría estar centrada sobre el arqueofuturismo, un concepto que vamos a definir.

1 – Esencia del arcaísmo

Se tiene que dar de nuevo a la palabra “arcaico” su sentido verdadero y no despectivo, según la significación del substantivo griego archè que significa a la vez “fundamento” y “principio”, es decir “impulo fundador”. También posee el sentido de “lo que es creador e inmutable”, y contiene la noción central de “orden”. Cuidado: “arcaico” no es “pasadista”, porque el pasado histórico ha producido la modernidad igualitaria que está fracasando, y porque toda regresión histórica sería absurda. Es la modernidad la ya que pertenece a un pasado cumplido. ¿El arcaísmo es un tradicionalismo? Sí y no. El tradicionalismo preconiza la transmisión de los valores y, justamente, se enfrenta a las doctrinas de “mesa corta”. Pero depende de lo que se debe transmitir. No se deben aceptar todas las tradiciones, por ejemplo las de las ideologías universalistas y igualitarias o de aquellas que se encuentran paralizadas, museografiadas, desmovilizadas. Tenemos que seleccionar entre las tradiciones (los valores transmitidos) que son positivas y rechazar las que son dañinas. Nuestra corriente de pensamiento siempre ha estado dividida y debilitada por una fractura artificial entre los “tradicionalistas” y los futuristas”. El arqueofuturismo puede reconciliar estas dos familias mediante la síntesis dialéctica. Los problemas del mundo actual, que están amenazando de muerte a la modernidad, son ya de orden arcaico : el desafío religioso del Islam, las batallas geopolíticas y oceanopolíticas por los recursos escasos, agrícolas, petroleros, halieúticos ; el conflicto Norte-Sur y la inmigración de población hacia el hemisferio Norte ; la contaminación del planeta y el choque físico entre los deseos de la ideología del desarrollo y la realidad. Todos estos problemas son cuestiones inmemoriales. Lejos de los debates políticos cuasiteológicos de los Siglos XIX y XX, que no fueron otra cosa sino discursos sobre el sexo de los ángeles.

El retorno de las “cuestiones arcaicas ” se está demostrando fundamental e incomprensible para los intelectuales “modernos”, que se extienden sobre los derechos de los homosexuales para contraer matrimonio u otros temas insignificantes. La característica de la modernidad agonizante es su propensión a la insignificancia y a la conmemoración. La modernidad es pasadista, aunque el arcaísmo es futurista.

Por otro parte, como lo sintió el filósofo Raymond Ruyer, detestado por la clase intelectual de la “orilla izquierda”[29], en sus dos libros-claves, “Les nuisances idéologiques” y “Les cent prochains siècles”, cuando el paréntesis de los Siglos XIX y XX esté cerrado y las alucinaciones del igualitarismo se vean hundidas en la catástrofe, la humanidad volverá a los valores arcaicos, es decir simplemente biológicas y humanos (antropológicos): separación sexual de los roles; transmisión de las tradiciones étnicas y populares; espiritualidad y organización sacerdotal; jerarquías sociales visibles y estructurantes; reconstrucciones de las comunidades orgánicas imbricadas, desde la esfera familiar hasta la comunidad popular; desindividualización del matrimonio y de las uniones que tiene que implicar a la comunidad tanto como a los novios; fin de la confusión entre erotismo y conyugalidad; prestigio de la casta guerrera; desigualdad de los estatutos sociales, no implícita como hoy, lo que es injusto y frustrante, sino explícita e ideológicamente legitimada; proporcionalidad de los derechos frente a los deberes; definición del pueblo, y de todo grupo o cuerpo constituido, como comunidad diacrónica de destino y no como masa sincrónica de átomos individuales, etc.

El problema, para nosotros, europeos, consiste en rechazar que -por pusilanimidad- el Islam nos imponga -lo que está sucediendo subrepticiamente – estos valores arcaicos. Tenemos que reimponernoslos a nosotros mismos, tenemos la memoria histórica de donde poder sacarlos. Recientemente, un gran magnate de la prensa francesa, que no puedo nombrar aquí, conocido por sus simpatías liberales de izquierda, me dijo, desengañado: “A largo plazo, los valores de la economía de mercado se verán derrotados frente a los del Islam, porque están exclusivamente fundados sobre la rentabilidad económica individual, lo cual es inhumano y efímero”. Tenemos que evitar que el Islam nos imponga el inevitable retorno a la realidad. Evidentemente, la ideología todavía hegemónica mira como diabólicos estos valores. Exactamente como un loco paranoico mira al psiquiatra que lo está curando como si fuese un demonio. En verdad, son valores de justicia. Conformes a la inmemorable naturaleza humana, estos valores arcaicos rechazan el error de la emancipación del individuo, crimen cometido por la filosofía del Aufklärung, que deja solo al individuo frente al Estado, monstruo frío, y frente a la barbarie social. Estos valores humanos son justos al sentido de los antiguos griegos, porque miran al hombre por lo que es, un zoon politicon (“animal social y orgánico insertado en una ciudad comunitaria”), y no por lo que no es, un átomo asexuado y aislado poseedor de unos pseudo-“derechos” universales. Concretamente, estos valores antiindividualistas permiten la realización del sí mismo, la solidaridad activa, la paz social, cuando el individualismo pseudoemancipador solamente conduce a la ley de la jungla.

2 – Esencia del futurismo

Una constante de la mentalidad europea es su rechazo de lo inmutable y su carácter faústico, tentador (en los dos sentidos de la palabra, “que hace tentativas”, y “que hace sufrir tentaciones”), experimentador de nuevas formas de civilización. Nuestro fondo cultural, que también ha heredado América, es aventurero. Quiere transformar el mundo por la creación de imperios o por la tecnociencia, y siempre mediante grandes proyectos. Estos últimos son la representación anticipada de un futuro construido. El “futuro”, y no el ciclo histórico repetitivo, está en el corazón de la visión del mundo europea. Por hablar en términos de Heidegger, la Historia es una senda en el bosque (Holzweg) que serpentea, o un río lleno de peligros y de descubrimientos nuevos. Por otra parte, en esta visión futurista, las invenciones de la tecnociencia, o los proyectos geopolíticos, pensados como desafíos, no están únicamente considerados utilitariamente, sino también estéticamente. La aviación, los cohetes espaciales, los submarinos, la industria nuclear han nacido de ensueños racionalizados en los cuales el espíritu científico ha realizado el proyecto del espíritu estético. El alma europea está marcada por su atracción hacia el futuro, signo de juvenilitad. Es historial e imaginal (imagina siempre la historia futura según un proyecto dado). Al mismo tiempo, en el arte, la civilización europea fue la única que ha conocido una perpetua renovación de las formas. Toda repetición cíclica de los modelos está prohibida. El espíritu de la obra es inmutable (polo arcaico), pero la forma tiene que renovarse sin cesar (polo futurista). El alma europea está situada debajo del signo de la creación y de la invención permanentes, es decir, la poïesis griega, aunque el eje direccional, los valores, deben de quedar conformes a la tradición. La esencia del futurismo, es arquitecturar el futuro, pero no maldecir el pasado, pensar la civilización, como una obra en movimiento, según la concepción que tenía Wagner; proyectar lo político no solamente como una limitativa “discriminación del enemigo” a lo Carl Schmitt, sino también como la “discriminación del amigo” (¿quién es un miembro de la comunidad del pueblo?) y sobre todo como formación del pueblo en el futuro, con los problemas constantes de ambición, de independencia, de creatividad y de potencia… Pero este dinamismo, esta voluntad de potencia y de poder, esta proyección en el futuro, se encuentra con muchos obstáculos. En primer lugar, la modernidad los amenaza mediante una moral de la culpabilización de la fuerza y por su fatalismo histórico. Después, en el dominio social, un futurismo descarriado puede crear unas aberraciones utópicas, por el gusto sencillo del “cambio por el cambio”. En tercer lugar, la mentalidad futurista, sin control -sobre todo en el dominio de la tecnociencia- puede revelarse suicida, particularmente en materias de medio ambiente ecológico, es el hecho del riesgo de la deificación de la técnica,. El futurismo tiene que ser atemperado por el arcaísmo, o mejor, se podría decir en una formula osada: el arcaísmo tiene que depurar al futurismo. Por fin, la mentalidad futurista se encuentra con “fronteras”: limitación de la conquista espacial a causa de sus costes, banalización y pérdida de sentido de la tecnociencia, desencantamiento de todos sus valores propios positivos y “poïeticos” de movilización, despoetización y desestetización mercantilistas generalizadas, etc. El futurismo solamente puede ser de nuevo eficiente si explora nuevas pistas. Y solamente el mundo neoarcaico que se está preparando puede reorientar la mentalidad futurista fuera de los callejones sin salida de la modernidad.

3 – La síntesis arqueofuturista como alianza filosófica apolineodionisíaca

El futurismo y el arcaísmo son cada uno imbricaciones de principios apolineos y dionisiacos, siempre opuestos, pero siempre complementarios. El polo futurista es apolíneo por su proyecto soberano y racional de transformación del mundo y es dionisíaco por su movilización estética y romántica de la energía pura. El arcaísmo es dionisíaco porque es telúrico, enlazado a las fuerzas inmemoriales y a la fidelidad del archè, pero también apolíneo, pues se funda sobre la sabiduría y la permanencia del orden humano. Se tienen que pensar conjuntos, según la lógica inclusiva del “y”, y ya no según la exclusiva del “o”, para las sociedades del futuro, la hiperciencia y el retorno a las soluciones tradicionales inmemoriales. En verdad, el futurismo es el más potente de los arcaísmos, por simple realismo: un proyecto futurista, para aplicarse, tiene que encarnarse en el arcaísmo. Así, nos vemos ante esta paradoja: el arqueofuturismo rechaza toda idea de progreso. Porque todo lo que procede de la visión del mundo de un pueblo tiene que fundarse sobre unas bases inmemoriales (aunque las formas y las formulaciones varían), y porque desde hace 50 000 años el homo sapiens ha cambiando muy poco, y también porque los modelos arcaicos y premodernos de organización social han dado prueba de su eficiencia. A la idea falsa de progreso hemos de oponer la de movimiento. Es de notar una asombrosa compatibilidad entre los valores arcaicos y las revoluciones permitidas por la tecnociencia. ¿Por qué? Porque no es posible administrar, con la mentalidad igualitaria y humanitarista moderna, por ejemplo, las posibilidades explotadoras de la ingeniería genética o aquellas de las nuevas armas (ya listas y preparadas) electromagnéticas. La incompatibilidad entre la ideología igualitaria moderna y el futurismo es visible en la inverosimil limitación de la industria nuclear civil en Occidente por opiniones públicas manipuladas, o en los obstáculos pseudoéticos puestos en contra de las técnicas transgénicas, la creación de “manipulatos” humanos o el eugenismo positivo. El futurismo será más radical, aun cuando será de nuevo arcaico; y el arcaísmo será más radical, aun cuando será futurista. Evidentemente, el arqueofuturismo está fundado sobre la noción nietzscheana de Umwertung, de inversión radical de los valores modernos y sobre una concepción esférica de la Historia. La modernidad igualitaria, apoyada sobre las creencias en el progreso y en el desarrollo sin fin, ha adoptado una visión lineal, ascendente, escatológica y soretiológica (redencionista) de la Historia. Estamos ante una laicización de la visión del tiempo de las religiones de salvación, dividida tanto entre los socialismos como entre el democratismo liberal. Las sociedades tradicionales (sobre todo extraeuropeas), han desarrollado una visión cíclica, repetitiva y fatalista de la Historia. Pero la visión nietzscheana, y después locchiana de la Historia, que Locchi llamaba esférica, se aleja tanto de la concepción lineal del progreso como de la concepción cíclica. ¿De qué estamos hablando? Imaginamos una esfera, una bola que avanzaría de manera caótica en un plano, movida por la voluntad (necesariamente imperfecta) de un jugador de billar. Fatalmente, después de muchas rotaciones, el mismo punto de la bola estará en contacto con el tapete. Es el “eterno retorno de lo idéntico”, pero no de lo “mismo”. ¿Por qué? Porque la bola no es inmóvil: si el mismo punto de la esfera toca el tapete, el tapete ya no está en el mismo lugar. Nos encontramos pues ante una situación “comparable”, pero en un lugar diferente. Es la misma imagen que el retorno de las estaciones; y según la visión arqueofuturista de la Historia el retorno de los valores arcaicos no puede concebirse como un retorno cíclico al pasado (este pasado ha fracasado, porque ha creado la modernidad catastrófica), sino un renacimiento de configuraciones sociales arcaicas en un contexto nuevo. La aplicación de soluciones antiguas a unos problemas totalmente inéditos; o el retorno de un orden olvidado, pero transfigurado en un contexto histórico diferente. Tres precisiones suplementarias de natura filosófica: – El arqueofuturismo se distingue del “tradicionalismo” al uso por un análisis diferente de la tecnociencia. Esta última no tiene por qué ser diabolizada, porque por esencia no está enlazada con la modernidad igualitaria. Al contrario, se funda sobre el patrimonio etnocultural europeo, principalmente la herencia helenística. No puede olvidarse que la Revolución Francesa no “necesitaba sabios” y ha guillotinado a muchos de ellos. – El arqueofuturismo es una visión metamórfica del mundo. Proyectados en el futuro, los valores del archè son reactulizados y transfigurados. El futuro no es la negación de la tradición, de la memoria histórica del pueblo, sino su metamórfosis y, en consecuencia, su reforzamiento y su regeneración. Atrevemos una metáfora: ¿qué es comparable entre un submarino nuclear de ataque (SMNA) y una trirreme ateniense? Todo. El uno es la metamórfosis de la otra, y los dos, en dos épocas diferentes, tienen el mismo fin y responden a los mismos valores, incluidos los estéticos. – El arqueofuturismo es un pensamiento de orden. Esta palabra, insoportable para los cerebros modernos impregnados de la ética individualista de la emancipación y de la antidisciplina que han producido tanto el “arte contemporáneo” como los desordenes del sistema educativo o politicoeconómico actual. Pero, según la visión platónica, la de La República, el orden no es injusticia. Todo pensamiento de orden es revolucionario, y toda revolución es un retorno a la justicia del orden.

4 – Las aplicaciones concretas del arqueofuturismo

Un concepto que no sabe dar ejemplos concretos de aplicación histórica no es eficiente. El marxismo ha fracasado, en parte, porque Marx y Engels, filósofos del “no” y del hipercriticismo, no han dejado descripciones realistas, indicativas, de su “sociedad comunista”. Resultado: si la crítica del capitalismo era con frecuencia pertinente, la construcción concreta del paradigma comunista se ha efectuado en la improvisación, bajo la dirección de autócratas y de tiranos. El comunismo se ha hundido porque, a pesar de ser un pensamiento radical frente al orden burgués, ha quedado en una lógica abstracta del resentimiento que se ha aplicado por medio de dogmas políticos esquematizados con prisa. Por el momento, podemos abrir pistas:

a) La respuesta al enfrentamiento Norte-Sur en gestación y al desarrollo del Islam radical. En el proceso de arcaización del mundo empezado en los años ochenta, la geopolítica moderna ha cambiado profundamente: el Islam es de nuevo conquistador después de la interrupción de unos siglos, causada por el colonialismo europeo; unos grandes movimientos de migraciones colonizadoras invaden el hemisferio Norte, consecuencia del colonialismo y del envejecimiento del Norte; toda la problemática de los Siglos XIX y XX que oponía, de una parte Europa a América del Norte y de otra parte, en el seno del continente eurasiático, los “occidentales” (y no siempre los alemanes) a los eslavos, está declinando. La tensión -y mañana el enfrentamiento- se sitúa ahora en el polo Norte-Sur. Ya estamos cara a unos desafíos arqueofuturistas. Es aberrante sucumbir al mito angelical de la “integración multirracial” o del “comunitarismo” etnopluralista. La mentalidad de los musulmanes -la de los inmigrantes de población del Sur; la de sus hijos jóvenes, instalados en masas crecientes y agresivas en las conurbaciones europeas; también la de los dirigentes de las potencias musulmanas y extremorientales, de nuevo en pleno dinamismo, disimulada abajo un barniz hipócrita occidental y moderno- ha resultado arcaica: dominación de la fuerza, legitimidad de la conquista, etnismo exacerbado, animalización del enemigo, religiosidad agresiva, tribalismo, machismo, culto de los jefes y de los ordenes jerárquicos- aunque esté camuflada debajo de un republicanismo democrático. Estamos viviendo, en otra forma, el retorno de las grandes invasiones. Pero, el fenómeno es hoy mucho más grave de lo que lo fue en aquellas épocas, porque hoy los “invasores” han guardado el contacto con los “países-bases”, sus patrias de origen, de las cuales son solidarios y que pueden defenderlos -y que aspiran a hacerlo en secreto, incluido militarmente, en el futuro. Es la razón por la cual, es preferible hablar de colonización que de invasión. Para resistir, la mentalidad igualitaria moderna es totalmente imponente. Así, sería mejor readoptar los mismos valores arcaicos, que son los de los enemigos objetivos, y que son también, con importantes variantes, los de todos los pueblos, antes y después del paréntesis de la modernidad.

b) La respuesta al declive de los Estados-Nación europeos y al desafío de la unificación europea. Es importante, en esta perspectiva, prepararse a un enfrentamiento posible y romper con el angelicalismo moderno de la concordia universal. Es fundamental repensar la guerra, ya no en la forma moderna de guerras nacionales, sino, como en la Antigüedad y en la Edad Media, bajo la forma de enfrentamientos vitales de grandes conjuntos étnicos o etnoreligiosos. Sería interesante pensar de nuevo, en formas futuras en gestación, esas macrosolidaridades que fueron el Imperio Romano o la Cristiandad Europea. Interesa en concreto definir con pragmatismo la idea de Eurosiberia, desde Brest hasta el estrecho de Behring, desde el Atlántico hasta el Pacífico, extendida sobre catorce husos horarios sobre los cual el Sol nunca se pone, el más vasto conjunto geopolítico de la Tierra, y sobre el cual los dirigentes rusos reflexionan torpemente entre los vapores del vodka, pero reflexionan a pesar de todo. Interesante preguntarse si el nacionalismo francés no es tan obsoleto, si el Estado-Nación no es tan anacrónico como el monarquismo maurrasiano de 1920; si la construcción balbuceante y tanteante de un Estado Federal Europeo (incluso gracias a los tontos útiles, según la palabra de Lenin), a pesar de sus inconvenientes a corto plazo, no es el medio único, a largo plazo y como réplica del modelo imperial romano y germánico, de preservar los pueblos-hermanos de la sumersión pura y simple. Y también preguntarse: en esta nueva perspectiva, ¿los Estados Unidos son un enemigo (como yo mismo lo había pensado) es decir un conjunto amenazador, o solamente un adversario y un competidor económico, político y cultural? Hablamos de plantear el problema neoarcaico de la solidaridad global -fundamentalmente étnica- del Norte frente a la amenaza del Sur. De todas maneras, la noción de Occidente desaparece y da paso a la de Mundo del Norte o Septentrión. Al igual que durante la Edad Media y la Antigüedad, el futuro exige pensar la Tierra como un conjunto de grandes bloques cuasiimperiales en estado de conflicto-cooperación. El futuro pertenece a una Europa neofederal fundada sobre las regiones autónomas. Sería la reactualización de la organización antigua y medieval del continente. Simplemente porque la Europa tecnocrática de Bruselas, incluso ensanchada, compuesta de una veintena de naciones indecisas, divididas, desiguales, será un magma apolítico sumiso a los Estados Unidos y a la OTAN, abierto a la colonización migratoria y a la concurrencia salvaje de los nuevos países industriales. Después del euro, retorno a una moneda continental por la primera vez desde el fin de la Antigüedad, ¿podemos proyectar los Estados Unidos de Europa, gran potencia federal, abierta a la alianza rusa?

c) La respuesta a la crisis de la democracia. Peter Mandelson, arquitecto del New Labour británico de Tony Blair y Wolfgang Schäuble, demócrata cristiano sucesor de Kohl, tuvieron una conversación en abril de 1998 sobre el “futuro de la democracia”, relatada en el diario londinense The Guardian. Schäuble aparecia impotente ante los argumentos iconoclastas del brillante teórico británico “de izquierdas”. Citaciones de Mandelson: “Podemos pensar que el reino de la democracia representativa ya está terminando (…). La democracia y la legitimidad exigen ser renovadas permanentemente. Necesitan estar adaptadas a cada generación. La representatividad es complementaria de formas de compromisos más directas -desde Internet hasta los referéndums. Pues, es necesario cambiar de estilo de política, para responder a estos cambios. La gente no es indiferente ante un método de gobierno que la infantiliza.” Respuesta de Schäuble, impresionado por esta audacia populista y “antidemocrática”: “Pienso que debemos, como políticos, tomar decisiones. La posición del Señor Mandelson significa: la democracia representativa ha muerto. Claramente quiere decir que se tienen que poner las cosas al alcance de la gente. Es decir, que los políticos son demasiados cobardes para tomar decisiones.” ¡Qué bella carga contra el modelo “moderno” de democracia parlamentaria occidental teorizado por Rousseau en el Contrat Social y ahora obsoleto! El pragmatismo anglosajón permite a menudo unas victorias ideológicas -desgraciadamente mal conceptualizadas– que están prohibidas en el doctrinalismo francés, el idealismo alemán y el bizantinismo italiano. El Señor Mandelson, cabeza pensante del New Labour, es arqueofuturista sin saberlo. ¿Qué es lo que dice? Que la democracia parlamentaria “moderna”, heredera de los paradigmas de los Siglos XVIII y XIX, ya no está adaptada al mundo futuro. Lentitud y blandura de las decisiones; reino de la combinazzione y del enchufismo; ausencia de una autoridad cortante en los “casos de urgencia”, cada vez más frecuentes; distanciación entre las aspiraciones verdaderas del pueblo y la política de los gobiernos “democráticos”; dictadura de las burocracias y de los tiburones mercantilistas; corrupción general de la clase política; nacimiento de mafias, etc. La democracia moderna no defiende los intereses del pueblo, sino los de minorías ilegitimas. Se desconfía del pueblo real y desacredita el concepto de “populismo” porque lo asimila a lo de “dictadura”, lo cual es es el colmo. El Señor Mandelson también sugiere que se debe restaurar una autoridad pública audaz y capaz de tomar decisiones, sin prejuicios ideológicos o pseudomorales, pero apoyada sobre la voluntad real del pueblo, particularmente gracias a “los medios electrónicos inmediatos de voto y de consulta, prolongación de Internet, que permitirían multiplicar los referéndums”. Estas pistas son muy interesantes. Alían, para reformar la democracia, dos elementos arcaicos y un elemento futurista. Primer elemento arcaico: la potencia de la decisión soberana movilizada por la voluntad del pueblo, lo que remite al modelo del auctoritas de la primera república romana, simbolizada por la sigla SPQR (Senatus Populusque Romanus, “el Senado y el Pueblo romano”), asociación íntima de la aspiración popular y de la autoridad instituida, la cual impone sus decretos sin la censura de los jueces o de una “ley” superior a la voluntad del pueblo. También podemos evocar el modelo ateniense de los Siglos IV y V antes de la era cristiana, o los modelos asumidos por las tribus germánicas. Segundo elemento arcaico: el acercamiento entre las instituciones políticas y el pueblo. El Estado-Nación moderno, conceptualizado por Hobbes, ha separado al pueblo de la soberanía, con la ilusión de una mejor representación de la voluntad general. Implícitamente, el laborista Mandelson propone de volver a los principios ateniense, romano y medieval, de una proximidad entre el pueblo y los dirigentes. Además, la palabra demos (“democracia”) significa literalmente “barrio” o “distrito rural”. En esta perspectiva, se puede imaginar una Europa descentralizada, donde los “pueblos locales” podrían dotarse sus propias leyes, según un modelo imperial romano o germánico medieval. Tercer elemento, futurista, esta vez: la posibilidad de consultas y referendums inmediatos mediante mensajes electrónicas cerrados con códigos individuales. El Establishment politicomediático, por miedo al pueblo, rechaza evidentemente esta solución. Una vez más, la ideología hegemónica de la modernidad censura y lucha para limitar (como en el dominio de la biología) las posibilidades de la tecnociencia. La modernidad es reaccionaria. ¿Pero qué es el pueblo y qué será mañana? ¿Es el laïos, la “masa” de los marxistas y de los liberales, es decir la “población presente”, la del jus solis, el derecho del suelo; o el ethnos, comunidad popular fundada sobre el jus sanguinis, la ley de la sangre, de la cultura y de la memoria? La modernidad tendía a definir al pueblo como laïos, como masa desarraigada de individuos de todas las procedencias. Pero el futuro, inexorablemente, resucita el etnismo y el tribalismo, tanto a escala local como a escala mundial. Mañana, el pueblo será, de nuevo, y como siempre antes del pequeño paréntesis moderno, el ethnos, es decir una comunidad tanto cultural como biológica. Insisto sobre la importancia del parentesco biológico para definir un pueblo, y particularmente la familia de pueblos europeos; no solamente porque la humanidad (al contrario del mito del melting-pot) se define cada vez más como “bloques etnobiológicos”, sino porque las características hereditarias de un pueblo fundan su cultura y su mentalidad.

d) La respuesta a la destrucción del tejido social

La destrucción del tejido social puede observarse en el hundimiento de los sistemas educativos, que ya no frenan el iletrismo ni la criminalidad escolar, porque están recostados sobre la ilusión de los métodos “no autoritarios” de enseñanza; lo poedemos ver en el aumento de la delincuencia urbana, cuya causa no es únicamente la inmigración incontrolada, sino el dogma irreal de la “prevención” y el olvido del antiguo principio de represión, que no es tiránico si se apoya sobre el derecho; se puede ver en el hundimiento demográfico, cuya la causa no es únicamente el antinatalismo de los gobiernos, sino también el individualismo hedonista exacerbado que provoca la explosión de prácticas antinaturales: automaticidad de los divorcios -en poco tiempo simples formalidades administrativas- ridiculización y rechazo obstinado, fiscal y social, del modelo de la mujer en la casa, explosión de los concubinatos efímeros y estériles, desarrollo de la homosexualidad y de las parejas homosexuales que podrían sin duda adoptar niños, etc. Y el déficit demográfico va a provocar un desastre económico europeo a partir de los años 2010, provocado por hecho del déficit creciente de los presupuestos sociales causado por el envejecimiento. En todos los dominios, la modernidad triunfalista, pero agonizante, fracasa en su empresa de regulación social. Porque, como lo había comprendo el antropólogo Arnold Gehlen, se apoya sobre una visión onírica de la naturaleza humana, una antropología falaz. Es probable que el mundo de después del caos deberá reorganizar los tejidos sociales según unos principios arcaicos, es decir profundamente humanos. ¿Cuáles son estos principios? La potencia de la célula familiar dotada de una autoridad y de una responsabilidad sobre su prole; la predominancia penal del principio de castigo sobre el de prevención; la subordinación de los derechos a los deberes; el agrupamiento de los individuos en el seno de estructuras comunitarias; la fuerza de las jerarquías sociales de nuevo visibles y la solemnidad de los rituales sociales (función esteticomágica); la rehabilitación del principio aristocrático, es decir de las recompensas para los mejores y los más valerosos (según los tres principios de coraje, de servicio y de talento), sin olvidar que un excedente de derechos comporta un excedente de deberes y que una aristocracia no tiene que degenerar en plutocracia, añadido a que tiene que desconfiarse de la deriva hereditaria. ¿Es una “abolición de las libertades”? Paradójicamente, es la modernidad “emancipadora” la que ha recortado las libertades concretas cuando ha proclamado la Libertad abstracta. Aunque, en Europa, el inmigrante ilegal, prácticamente inexpulsable, provoca que las mafias prosperen, que las bandas delincuentes se beneficien de una relativa impunidad, los ciudadanos que juegan el juego del pacto social, son cada vez más fichados, vigilados, silenciados y sobrefiscalizados. Frente a este fracaso, ¿no sería mejor restaurar las nociones medievales y antiguas, concretas, de franquicias, de pactos comunitarios locales, de solidaridad orgánica de proximidad? Estos principios son generales, y probablemente fundarán las sociedades del futuro, nacidas de los escombros de la modernidad. Para aplicarlos, prepararlos concretamente, los nuevos ideólogos de nuestra corriente de pensamiento serán requeridos… Podemos hacer unas preguntas. En desorden: ¿por qué mantener obligatoria la escuela hasta los dieciséis años y no contentarse con una simple escolaridad primaria, donde serían enseñadas con disciplina las materias básicas, por profesores revalorizados? Estarían libres, después de dieciséis años, de proseguir sus estudios o entrar en el aprendizaje. Saldríamos así de la esclerosis del sistema actual, fuente de fracaso escolar, de incivismo, de ignorancia, del iletrismo y de paro. Un ciclo primario disciplinario formaría a los jóvenes a un nivel más alto de aquellos que que salen hoy, a menudo, cuasianalfabetos de un ciclo escolar ruinoso. Toda disciplina es libertadora. ¿Una escolaridad con dos velocidades, fundada sobre una selección estricta y un sistema de becas, que evite la plutocracia y la dictadura del dinero, es injusta si su consecuencia es la circulación de las elites y de la meritocracia? Las nuevas sociedades del futuro serán testigos de la abolición del aberrante sistema igualitario actual donde “todo el mundo aspira a ser oficial”, o ejecutivo, o diplomado, aunque, es una evidencia, la mayoría no tiene esta capacidad. Este modelo es frustrante y genera fracaso y resentimiento social. Las sociedades productoras de tecnologías cada vez más sofisticadas reclamarán, al contrario, el retorno a las normas arcaicas, inigualitarias y jerárquicas, donde una minoría competente y meritocrática es duramente seleccionada para dirigir el conjunto. Los que ocuparán las funciones “inferiores”, en una sociedad inigualitaria, no se sentirán frustrados; porque aceptarán sus condiciones, útiles e indispensables en el seno de la comunidad orgánica. Estarán liberados de la mentira de la modernidad que pregona, implícitamente, que cada uno puede ser sabio o príncipe. Otro ejemplo: en el tratamiento de la delincuencia, el futuro nos obligará a cambiar los métodos modernos ineficaces de prevención y de reinserción en provecho de una revolución jurídica que rehabilite los métodos arcaicos de represión y de reeducación forzada. Se tiene que cambiar de lógica mental.

Los modelos sociales del futuro, por el hecho de la introducción de las “hipertecnologías”, no nos dirigen hacia un mayor igualitarismo (como así lo creen los tontos apologistas de la pancomunicación, gracias a Internet), sino hacia el retorno de los modelos sociales arcaicos jerarquizados. Además, los imperativos de la concurrencia tecnológica mundial y de la guerra económica por los mercados y los recursos escasos también van en este sentido: ganarán los pueblos que poseerán los “bloques elitistas” más potentes y más seleccionados, y las masas más orgánicamente integradas.

e) La respuesta a la indecisión planetaria, a la inadaptación del “Machin” ONU[30], y al riesgo de enfrentamientos generalizados. Los Estados-Naciones de la ONU -de los Estados Unidos a las Islas Fiji- no pueden administrar esta gran nave espacial abarrotada de pasajeros que es el planeta Tierra. Lo hemos visto durante la reunión internacional de Tokio, cuando los Estados fueron incapaces de constituir una entente sobre una política común para evitar las catástrofes ecológicas que ya se muestran imparables. Sería necesario proyectar la organización del planeta, a medio plazo, en unos grandes conjuntos “neoimperiales” decisionarios y negociadores. Así, se restablecería, pero bajo otra forma nueva, la antigua organización del mundo, fundada sobre estos tipos de bloques. Escenario: bloques sinoconfucianista, eurosiberiano, arabomusulmán, norteamericano, negroafricano, iberoamericano y un conjunto compuesto del Pacífico y del Asia de las penínsulas.

f) La respuesta a los caos económicos y ecológicos. El paradigma económico moderno, fundado sobre la creencia en los milagros, se enfrentará a una serie de imposibilidades físicas. La utopía del “desarrollo” para diez mil millones de humanos es ecológicamente inaplicable. El hundimiento previsible de la actual economía-mundo permite formular la hipótesis de un modelo revolucionario fundado sobre una economía mundial autocentrada e inigualitaria, que quizás nos será impuesta por las circunstancias y el caos, pero que ya se debe prever y organizar. Esta hipótesis se apoya sobre tres grandes paradigmas. El escenario es arqueofuturista:

En primer lugar, la mayoría de la humanidad vuelve a una economía rural y artesanal pretécnica de subsistencia, con una estructura demográfica neomedieval. África, como todas las poblaciones de los países pobres, se encuentra totalmente inmersa en esta revolución. La vida comunitaria y tribal reclamaría sus derechos. La “felicidad social” sería probablemente superior a la de los actuales países-jungla, como Nigeria, o a las megalópolis-cloaca estilo Calcuta y México. Incluso dentro de los países industrializados -India, Rusia, Brasil, China, Indonesia, Argentina, etc.- una parte importante de la población podría volver a este modelo socioeconómico arcaico. En segundo lugar, una minoría de la humanidad conservaría el modelo económico tecnocientífico fundado sobre la innovación permanente. Formaría una “red planetaria de intercambios”, que concerniría únicamente más o menos a mil millones de humanos. La ventaja considerable sería una contaminación mucho menos importante que la soportada actualmente. Además, no veo otra solución para salvar el medio ambiente mundial, porque las energías totalmente limpias no existen.

Por fin, los grandes bloques de economías neoarcaicas estarían autocentrados sobre un plano continental o pluricontinental, sin intercambios entre ellos. Únicamente la parte tecnocientífica de la humanidad se entregaría a los intercambios planetarios. Esta economía con dos velocidades alía, pues, arcaísmo y futurismo. A la parte tecnocientífica de la humanidad se le debería prohibir intervenir en las comunidades neomedievales mayoritarias, y sobre todo el “ayudarlas”. Evidentemente para un espíritu moderno e igualitario, este escenario es monstruoso. Pero este escenario revolucionario podría mejorar el bienestar colectivo real. Por otra parte, aligerada del peso económico de las zonas “a desarrollar” y “a ayudar”, la parte minoritaria de la humanidad, que viviría en una economía tecnocientífica, podría seguir un ritmo de innovación mucho más sostenido que hoy. Una vez más, el retorno al arcaísmo beneficia al futurismo, y a la inversa. Evidentemente, este escenario es solamente un bosquejo, una pista. Los economistas tendrán que profundizar en la reflexión.

g) La revolución de las biotecnologías Es en el dominio de la biología donde la necesidad del arqueofuturismo parece ser la más explícita. Las mentalidades modernas y igualitarias, ligadas en la trampa culpabilizadora de la “ética” de los derechos humanos, ya no son capaces de asumir los descubrimientos de la biología. Se enfrentan a unas barreras morales, en verdad parareligiosas. El modernismo ya es anticientífico. Compromete los desarrollos de la ingeniería genética y de la transgenia. La paradoja es que únicamente las mentalidades neoarcaicas nos permitirán usar las aplicaciones de las tecnologías genéticas, hoy sistemáticamente frenadas. La mentalidad moderna conoce un bloqueo importante: el antropocentrismo y la sacralización igualitaria de la vida humana, heredadas del cristianismo laicizado. Existen ya muchas aplicaciones de la tecnología biológica que están llegando al punto de la experimentación sobre los humanos, después de la experimentación animal. En primer lugar, las tecnologías de eugenismo positivo, que no solamente permiten curar las enfermedades genéticas, sino de mejorar, por transgenía, las prestaciones hereditarias según unos criterios elegidos. Y además, mencionemos la aplicación -ya posible- sobre el hombre de un proceso que ya funciona sobre los animales: la creación de híbridos interespecies, los “manipulatos” o “quimeras humanas” , y sus innumerables aplicaciones. Dos investigadores norteamericanos ya han registrado unas patentes de este tipo. Sin embargo, híbridos humanos-animales o seres vivos semiartificiales tendrían innumerables aplicaciones. Como los clones humanos descerebrados, usados como bancos de órganos. Lo cual evitaría los odiosos tráficos de órganos operados sobre las poblaciones pobres de la América andina. Hablamos también de la aplicación al ser humano de una técnica ya utilizada sobre los carneros de Escocia: el “nacimiento sin embarazo”, por desarrollo del embrión en un medio amniótico artificial, las “incubadoras”. Es evidente que los partidarios de las ideologías modernas consideran que estas técnicas son satánicas. Sin embargo, son posibles… ¿Se tiene que censurar brutalmente un progreso científico, o reflexionar inteligentemente en su utilización social?

h) La ética arqueofuturista El arqueofuturismo permitirá deshacernos de esta plaga que es el modernismo igualitario, en nada compatible con el siglo de hierro que se está preparando: el espíritu enfermo del humanitarismo que es un simulacro de ética, y que transforme la “dignidad humana” en dogma ridículo. Sin olvidar la hipocresía, porque todas estas “bellas almas” olvidan, a menudo, la denuncia: ayer, los crímenes comunistas, hoy el bloqueo de Cuba por la superpotencia norteamericana, los ensayos nucleares indios, la opresión de los palestinos, etc. Este espíritu funciona como una empresa de desarme moral, con sus prohibiciones paralizantes, sus tabúes culpabilizadores que impiden concretamente a las opiniones públicas y a los dirigentes europeos el hacer frente a las amenazas. Pero, en verdad, camuflado por debajo de los principios morales, el sistema quiere promover una política extremista que pretende la destrucción del substrato étnico europeo y del alma europea. Por ejemplo, en Francia, mediante la movilización de la clase intelectual, de las vedettes del show-business para impedir las expulsiones (sin embargo legales) de los “sin-papeles”, inmigrantes clandestinos e ilegales. Esta movilización del mundo de la izquierda “políticamente correcta” busca ejercer una presión sobre el gobierno en nombre de los “derechos humanos” y de pseudoprincipios caritativos de compasión. La ideología subyacente, el objetivo verdadero -en una perspectiva neotrotskista- es la submersión de Europa por el excedente demográfico de los pueblos del Sur. Otro drama: las campañas contra la industria nuclear que desembocan en el desmantelamiento de las centrales suecas y alemanes y a su renuncia por los Europeos, excepto Francia que, sola, todavía resiste, ¿pero por cuanto tiempo? Aunque, aparte de unos accidente perfectamente dominado, la nuclear es la energía disponible menos contaminante. Una vez más, el objetivo es debilitar Europa, con el pretexto de humanismo. Privarla de tecnologías energéticas de alto nivel, de su independencia económica, y también de su disuasión nuclear integrada. La palanca de esta manipulación, de la cual es víctima la ingenua burguesía intelectual y artística, es una hipertrofia monstruosa e irresponsable del “ama a tu prójimo como a tí mismo”, una apología de la debilidad, una desvirilización y una autoculpabilización patológicas. Es una subcultura de la emoción fácil, un culto del declive destinado a descerebrar las mentes europeas. Pero el derrotismo está totalmente ausente de las mentalidades arcaicas. Se tendría que volver a estas disposiciones del espíritu para sobrevivir en el futuro. La dureza, la franqueza cortante; el gusto del orgullo y del honor; el buen sentido; el pragmatismo; la clara distinción del extranjero[31]; el rechazo de toda organización social no selectiva; una ética que legitima, cuando es necesario, la fuerza, que no retrocede, por un humanitarismo dogmático, frente a las audacias de la tecnociencia; la integración de los valores guerreros, de los principios de urgencia y de enfrentamiento ineludible; una concepción de la justicia que considera que los deberes fundan los derechos y no a la inversa; la aceptación natural de una organización inigualitaria y plural del mundo (incluiso en el plano económico); la aspiración a la potencia colectiva; la idea comunitaria; son unas virtudes de la mentalidad arcaica. Serán indispensables en el mundo de mañana, dominado por batallas gigantescas. Una mentalidad neoarcaíca -que no es bárbara, porque integra el principio de justicia prehumanista e inigualitaria- será lo único compatible con la esencia del siglo por venir.

i) El arqueofuturismo y la cuestión del sentido. ¿Qué religión? Uno de los raros tópicos pertinentes de nuestro tiempo, formulado tanto por los tradicionalistas como por los modernistas, es que la civilización occidental ha desespiritulizado la vida y destruido los valores trascendentes. El fracaso de las tentativas de las religiones laicas; el desencanto vacío creado por una civilización que adquiere su legitimidad última del valor del cambio y del culto al dinero; el seppuku del cristianismo; han creado una situación que de ningún modo es viable a largo plazo. Malraux tenía razón: el Siglo XXI será espiritual y religioso. Sí, ¿pero bajo qué formas?

El Islam ya ha entrado en la brecha. Es un firme candidato para rellenar el vacío espiritual de Europa. Pero esta hipótesis, que puede triunfar, es arto peligrosa. El Islam, por su dogmatismo teológico, arriesga con destruir radicalmente la creatividad y la inventiva de la mentalidad europea, su espíritu faústico y libre. Por lo demás, también es el calculo maquiavélico de ciertos estrategas norteamericanos: alentar al Islam y su implantación en Europa para así paralizarla. De Gaulle dijo “no es inimaginable que Colombey-las-Dos-Iglesias[32] se transforme en Colombey-las-Dos-Mezquitas”. Otra respuesta a la desespiritualización se está desarrollando. Desde hace unos años, aparecen unas “religiones salvajes”, de naturaleza finalmente pagana, lo cual parece conforme a la vieja sensibilidad europea: triunfo de los gurúes, videntes, astrólogos, sectas, grupos carismáticos, etc. Pero también desarrollo de un budismo redibujado con los colores de California. Pero esta solución no es sino un callejón sin salida, porque, para ser creíble y realizar un papel social, una religión tiene que estar organizada y estructurada, y poseer un eje espiritual unificado. En cuanto a las religiones laicas y políticas de la modernidad (el republicanismo francés, el comunismo soviético, el maoísmo, el castrismo, el nacional-socialismo, el fascismo, etc.), son, aparte de sus consecuencias generalmente tiránicas, ineptas para cohesionar un pueblo a largo plazo, para dotarle de un alimento espiritual y una razón histórica que le empuje a sobrevivir.

La respuesta arqueofuturista podría ser la siguiente: ¿no sería posible imaginar un cristianismo neomedieval, cuasipoliteísta, supersticioso, ritualizado, útil para las masas Y un agnosticismo pagano -una “religión de los filósofos”, como aquella de Marco Aurelio y del Emperador Juliano- para las elites? Las catedrales todavía se mantienen en pie. ¿Es necesario verlas transformarse en museos? ¿Deberemos observar eternamente al alto cleros europeo representar un papel esencial en el masoquismo étnico, el aliento de la inmigración clandestina y la transformación de los rituales religiosos en letanías parapolíticas?

Sin embargo, lo que ahora parece ser política-ficción impensable puede, también en este dominio, transformarse en la realidad futura. Porque las catástrofes que van a venir provocarán un seísmo mental colectivo.

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Se tiene que reconciliar Evola y Marinetti. Es en pensamiento orgánico y radical de Friedrich Nietzsche y de Martin Heidegger donde se inspira el nuevo concepto de arqueofuturismo: pensar en unión la tecnociencia y la comunidad inmemorial de la sociedad tradicional. Pensar, como lo sintieron también Raymond Abellio y Jean Parvulesco, el hombre europeo a la vez como el deinotatos (“el más arriesgado”), el futurista y el ser de memoria. Globalmente, el futuro requiere el retorno de los valores ancestrales, y para toda la Tierra.

3 PALABRAS IDEOLOGICAMENTE DISIDENTES

¿Políticamente correcto o políticamente pijo?

Lo “políticamente correcto” no se funda sobre unos sentimientos éticos sinceros, ni sobre el miedo físico de una represión, sino sobre un reflejo de esnobismo intelectual y de cobardía social. En verdad, lo “políticamente correcto” es políticamente pijo. Los periodistas y los “pensadores” del actual sistema reproducen de manera “soft” y burguesa el mecanismo de la sumisión de la época estalinista: ya no se corre el riesgo de ser enviado en un campo de concentración, sino de no ser admitido en los restaurantes u otros lugares elegantes, de ser excluido de los círculos “intelos”, de disgustar a las chicas guapas, etc., si se emite unas ideas al margen del sistema. Es lo que ha pasado con Jean Baudrillard. Ser políticamente correcto, no es un problema de ideas, sino de inserción social.

La astucia de lo políticamente correcto

Lo políticamente correcto funciona sobre el “simulacro de la inversión”, lo cual es una astucia extraordinaria: se denuncia el “pensamiento único”, pero en verdad, el discurso es totalmente correcto; como por ejemplo Jean-François Kahn que simula ser políticamente incorrecto aunque está completamente poseído por la ideología hegemónica. ¡Y denuncia lo “políticamente correcto”! Todo pensamiento rebelde es así neutralizado por unos simulacros de rebelión. Se debe de saber cómo desenmascarar los pensamientos “políticamente correctos” camuflados de incorrectos, de Benamou a Bourdieu, sin olvidar la redacción de Charlie Hebdo[33].

De la censura a la distracción

El sistema no utiliza la censura brutal, excepto en unos casos muy limitados, sino el desvío mental, etimológicamente la distracción. El sistema focaliza sin pausa nuestra atención sobre los problemas inesenciales. No solamente se trata del clásico truco del embrutecimiento de la población por el aparato mass-mediático de la sociedad del espectáculo, cada vez más sofisticado, verdadero “prozac audiovisual”, sino también del camuflaje de las cuestiones políticas esenciales (inmigración, contaminación, política de transportes, envejecimiento demográfico, ruptura financial de los presupuestos sociales hacia el horizonte del 2010, etc.) por unos debates secundarios y superficiales: matrimonio homosexual, PACS, paridad obligatoria de elegidos de los dos sexos, dopaje en el deporte, despenalización del cannabis, etc. Estos problemas insignificantes evitan que las verdaderas cuestiones urgentes y cruciales sean tratadas, lo cual, evidentemente, es la situación ideal para una clase política preocupada, por arribismo, de no disgustar nunca a los electores. Constantinopla está asediada, pero se diserta sobre el sexo de los ángeles

La “concertación” y la “negociación”, plagas de la democracia moderna

La clase política de los “moderados” (según esta palabra horrible, aborrecida por Abel Bonnard[34]) ha inventado un concepto temible: la concertación, como sinónimo de “modernización de la democracia”. Es uno de los signos de degeneración y de suicidio de la democracia liberal occidental. La concertación es el pretexto para la inacción. Paraliza todas las decisiones y las reduce a compromisos bastardos y minimalista, pues significa que estas últimas tienen que estar precedidas por acuerdos globales de los grupos de presión y de los sindicatos minoritarios. En los casos de urgencia, esta práctica se demuestra funesta. La concertación es el antifaz del miedo a actuar, del miedo a los riesgos y a las responsabilidades. Sobre todo no herir a la clase mediática, no enfrentarse a las minorías activas de la correción política, no enfrentarse a los sindicatos agarrados a sus privilegios como a un clavo ardiendo: ningún conflicto, ningún problema. Uno no debe enfrentarse a los camioneros, los “jóvenes”[35], los profesores, los pescadores, etc. ¿El interés general? Los políticos no conocen esta palabra. Luchar contra el fuego es penoso, y se pueden quemar la cola. La concertación significa el hundimiento del Estado democrático de derecho, porque los dirigentes renuncian a sus programas, ratificados por la mayoría del pueblo, en provecho de ciertos compromisos con las instituciones no representativas. La verdadera “concertación” es el sufragio popular, es la voluntad del pueblo. Resultado del reino de la “concertación”: el statu quo, el conservatismo, la dejadez, el retroceso de lo político. La otra cara mórbida de la concertación es la negociación. Cuando una decisión política legal y legitima choca contra una minoría ínfima apoyada por los mass-media, el gobierno cede y la vacía de su substancia; por miedo, pereza, cobardía o desaliento. Consecuencia: la ley es sustituída por la excepción y el privilegio, la decisión por la indecisión, la solución por la derrota y el compromiso. Ejemplos: los inmigrantes son, en este momento, inexpulsables de facto; toda reforma de la Educación Nacional[36], totalmente esclerotizada, es imposible, todo plan de reforma de la Seguridad Social fracasa, toda política racional de transportes es inaplicable, etc. La campeona, en este dominio, es la derecha parlamentaria. Nunca ha admitido que la política sea un combate ni que es indispensable e inevitable disgustar a una parte de los electores, enfrentarse a las corporaciones, sufrir los sarcasmos moralizadores de la izquierda. Pero los gobiernos de derechas siempre fueron softs. Tienen miedo de la batalla y se no atreven a aplicar las ideas por las cuales han sido elegidos. En el fondo, no se sienten realmente legitimados a sí mismos. En Francia, un poder de derechas prefiere no disgustar a los que han votado contra él antes que satisfacer a los que sí han votado para él. ¡Como estos diputados RPR encantados de que la izquierda los aplaudan, después de su voto -contra su campo y el deseo de sus electores- en favor del PACS, el Pacto Civil de Solidaridad[37]! La pareja “concertación-negociación”, bajo de un pretexto moral y democrático, firma la dimisión de la democracia y del Estado de derecho. Los sistemas políticos occidentales rechazan el principio de autoridad y el decisionismo legal. Se condenan al fracaso y al hundimiento. ¿Quizás preparan el retorno de los autócratas?

¿Cómo crear unos “territorios ideológicamente liberados? Por la donación del “sentido”

Para salir de la jaula ideológica en la cual estamos encerrados, es importante crear unos territorios ideológicamente liberados. El sistema, por la sencilla razón de ser ideológicamente hegemónico, arrogante, se muestra demasiado ineficaz e ininteligente en sus tentativas de censura. Para una corriente de pensamiento radical existe una posibilidad que hay que aprovechar, particularmente con la juventud. La gran debilidad del sistema es que toma a la gente por imbéciles y busca el adormecerla mediante unos procesos demasiados groseros. Al final es ineficaz, porque la gente se aburre. Para poner un dique a las “ideas peligrosas”, el sistema ha encontrado la solución: desecar cada idea. Sobre todo no reflexionar. Es políticamente correcto, en los mass-media o en las relaciones sociales, aquello que es habitual, banal, previsible, anodino, fútil, o lo que es “bueno”, “moral”, “fun”. La increible mediatización del deporte es una de las partes de este dispositivo. Pero al final, este vacío ideológico, muy abierto, esta ausencia de valores que sostirene a un humanitarismo hipócrita, esta laguna carente de profundidad de debate, esta superficialidad de la “cultura zapping”, esta repetición de cosas sin importancia, terminan por crear una abstinencia. El futuro y el poder pertenecen a aquellos que tienen cosas que decir, a aquellos que sitúan las cuestiones verdaderas. Simplemente, porque son más interesantes, como novelistas que cuentan verdaderas historias y no fábulas soporíficas, y porque ponen el dedo en la yaga, allí donde hace daño, porque responden a las “verdaderas preguntas que intetesan a la gente”, según la formula de Margaret Thatcher. Es en esta brecha donde ha de situarse meterse todo proyecto radical en estos tiempos de conservatismo absoluto. La juventud espera que un movimiento le dé Sentido.

Sociedad del espectáculo y sociedad del juego

La Sociedad del Espectáculo; denunciada en 1967 por Guy Debord como una sociedad de alienación, no fundada en exclusiva sobre la explotación económica, sino también sobre la dictadura permanente de las imágenes y de los objetos y sobre la multiplicación de experiencias simuladas por la industria de la distracción; se ha sofisticado considerablemente. No únicamente por la explosión de la esfera audiovisual y de Internet, sino también porque esta sociedad del espectáculo, para captar la atención del público, se ha recentrado sobre el espectáculo del Juego. El juego -simulacro de la guerra- ha sido, desde siempre, un comportamiento con una fuerte descarga fisiológica, que permite al “Dueño del Juego” controlar a los actores y a los espectadores. En Roma, los juegos del circo fueron un medio político para apagar las tensiones sociales. Así, asistimos a un crecimiento considerable de la influencia del Juego: deportes-espectáculos retransmitidos en todo el planeta, explosión de los videojuegos y, en poco tiempo, de los juegos virtuales (¡colmo del simulacro!), multiplicación de los productos propuestos por la “Française des Jeux”[38] y de los “parques de atracciones”, etc. Pero, el juego es, por definición, el dominio del vacío. No tiene ningún sentido. Ganga para el sistema: “pagad y jugad; pagad y mirad jugar”: No es un azar que los Estados occidentales alienten esta Sociedad del Juego, como hizo la Roma decadente de la antigüedad, pero con añadiendo la potencia de impacto de lo audiovisual y de la informática. Los CD-ROM sobre juegos, que inundan a las clases jóvenes en edad, excluyen las actividades “peligrosas”: leer y pensar. El juego liquida estos virus insoportables llamados ideas. Pero esta estrategia parece, a plazos, estar condenada al fracaso. Es la misma del Big Brother orwelliano de 1984, o de la película Fahrenheit 451, en un versión soft, evidentemente. Una sociedad no puede sobrevivir mucho tiempo sin legitimación positiva. Desviar la atención e infantilizar… esta estrategia indigente e imbécil solamente puede funcionar por poco tiempo. “Vé a jugar y deja a tu padre tranquilo”. Privada de verdaderos discursos y de resultados prácticos para resolver los problemas cada vez más graves, sin objetivos movilizadores, la ideología hegemónica no podrá, a plazo largo, sobrevivir sobre el vacío y la negatividad, sobre la cultura de lo insignificante y de la entertainment industry.

El deporte descarriado

Los “dioses del estadio” de la mitología de la prreteguerra han muerto. A escala mundial, el deporte no es solo una industria (el volumen de negocios de la FIFA es más importante que el de Francia), un lugar generalizado de corrupción, de dopaje, de salarios fantásticos, sino también una parte del mundo del show-business, y -nuevo opio del pueblo en un Occidente sin religión- participa totalmente y es cómplicea de la empresa de descerebración generalizada. El espectáculo deportivo infantiliza los espíritus, camufla las realidades sociales y los fracasos de lo político. La reciente Copa del Mundo de fútbol fue un brillante ejemplo. El pensamiento oficial saludaba la victoria francesa como la de la “multirracialidad y de la integración lograda”, como el símbolo de una “Francia que, por fin, triunfa”[39]. Simulacro, mentira y disimulación. Unos hechos: hacer jugar juntos once atletas de diferente origen étnico, todos muy bien pagados, constituye un “caso limite” que no muestra ninguna “integración” en la población; la integración de este equipo no es significativa de la “Francia plural”, pero, al contrario, camufla debajo de un ejemplo falso el fracaso radical del melting-pot republicano; aunque fuese atribuida la victoria a los negros y beurs[40] del equipo nacional, ¡sus hermanos de las “ciudades periféricas” no estaban autorizados a entrar en los estadios, por “razones de seguridad”! El hecho de que unos forofos “de color” (principalmente chicas, por cierto) se hubieran pintado la cara en “tricolor”, bajo del ojo de las cámaras, fue para la clase intelectual la prueba de que “la Francia multirracial funcionaba”: ¡Que tontería! Exactamente como en Brasil, donde la sociedad multirracial es una sociedad multirracista, la presencia de vedettes futbolísticas “de color” permite disimular la realidad. Apenas ordenados los farolillos de la victoria deportiva, se repetían los motines en las “cités[41]”, las peleas mortales en las calles y en las escuelas; en homenaje al jugador kabil, naturalizado francés, Zinedin Zidan, se han visto una sarta de banderas argelinas en los Champs Éysées; después de dos victorias del equipo de Francia, las bandas étnicas se han enfrentado varias veces a la policía o a los holigans británicos, en motines urbanos en París y Marsella. ¡Que bello éxito el de la “integración”! Colmo de las gilipolleces (y del racismo): Libération, el órgano oficial del antirracismo bienpensante, ha criticado el equipo alemán porque solamente contaba con “jugadores rubios”, sin ningún inmigrante turco o de otro origen , del hecho del derecho de la sangre, y ha afirmado que la derrota alemana podía explicarse por esta escandalosa “pureza étnica”. De hecho, la victoria de un equipo multirracial de fútbol ha permitido tapar el fracaso concreto de la integración, y en lugar de favorecer la multirracialidad, ha desarrollado un poco más el multirracismo. ¿En qué ha reducido esta victoria del equipo de Francia la “fractura social” y la “exclusión”? ¿En qué contribuye a crear empleos y rechazar la emigración de los cerebros científicos franceses hacia California? ¿En qué intensifica la posición diplomática, política o cultural de Francia en el mundo (McDonald’s, patrocinador del Mundial…)? ¿En qué muestra la superioridad de una sociedad pluriétnica sobre una sociedad monoétnica? En nada. Se prostituye al deporte para acreditar mentiras políticas. La religión del fútbol, las histerias colectivas que provoca, los disfuncionamientos psicológicos que engendra (hinchas que se arruinan para comprar una entrada que cuesta tres meses de salario), explican esta función descarriada del deporte de hoy: crear un sector económico lucrativo y un espectáculo de masas, cuyo resultado es una manipulación de la conciencia política. El sistema desvía el espíritu de las multitudes hacia la focalización teatral de acontecimientos irrisorios. Más exactamente, por medio del deporte el sistema transforma un espectáculo neutro en un acontecimiento cargado de sentido. El deporte moderno representa exactamente el mismo rol que los juegos circenses de la Roma decadente: “panem circencesque”. “RMI[42] y fútbol”. Mentir y hacer olvidar. El deporte moderno entra exactamente en la misma lógica, pero de manera más soft -ya que tenemos miedo de la sangre y de la “realidad”- que las empresas de gladiadores, esos esclavos adulados y sobreasalariados.

El deporte como circo

Se asegura que el deporte-espectáculo evita las guerras porque crea enfrentamientos simbólicos y pacíficos, neutralizando así las pulsiones nacionalistas. La historia del fútbol es una muestra exacta de lo inverso, con una letanía de peleas mortales entre hinchas e ultras que avivan las pasiones nacionalistas. En Europa, el nacionalismo y el chauvinismo, que normalmente tenderían a desaparecer, son avivados por las pasiones hacia los equipos nacionales. Es de notar el embrutecimiento mental y la infantilización provocados por esta rabia del deporte. Es penoso ver a la población masculina -y ahora también femenina- discutir conn fervor sobre las hazañas o el destino de equipos y de atletas que no tendrán jamás ninguna incidencia sobre su vida ni sobre la de su nación. Las cuestiones sin objeto y sin incidencia movilizan la atención general. El deporte también mantiene la fascinación mórbida por la fuerza física bruta, que es lo contrario del coraje físico (el del soldado) y también por la “forma física”, porque los atletas de alto nivel sufren en un organismo fragilizado por el sobreentrenamiento y el dopaje. En una sociedad sin coraje físico, éste se compensa por la adulación de la hazaña física cuantitativa y sin ningún interés. Este culto de la hazaña cifrada, subproducto de un materialismo desatado -más rápido, más alto, más musculoso, más resistente, etc.- se expresa en el reino del récord. Se coloca en un pedestal a los individuos que han batido un récord físico: es una verdadera animalización del hombre, una negación de su dimensión cerebral. Pero, ¡Joder!, cada liebre, galgo, caballo o avestruz aplastaría a Ben Johnson en un esprint; cada chimpancé o canguro masacraría a Tyson, el campeón mundial de boxeo peso pesado; en cuanto al récord de salto en altura, el especialista es el halcón, con unos 5 500 metros. Se replicará que existen deportes que recurren a la inteligencia, a la maña y al coraje: el tenis, el esquí, la vela, por ejemplo. Bueno. Pero dos tontos, que se devuelven una pelota por encima de una red, ¿merecen una focalización mediática tal? ¡Las hazañas de los trapecistas o de los domadores de circo, a su lado, parecen tan admirables! En cuento a los “deportes extremos”, las regatas transatlánticas, la travesía del continente antártico a pie (¿Y cuándo sobre las manos?) o del Pacífico con remos; todo esto refleja un gusto de inutilidad, de aburrimiento, de futilidad. Ya no hay nada en juego. Solamente unos riesgos (calculados) para hacerse notar por los patrocinadores y los medias. Antiguamente, la regata de los barcos de velas, como la ruta del Ron, tenía un sentido: traer lo más rápidamente posible los productos para ser así los primeros en el mercado. Hoy, estas regatas son hazañas insensatas, carreras sin meta, un trabajo sobre el vacío, un puro espectáculo remunerado, es decir un trabajo de circo, pero sin la risa de los payasos. Curiosamente, los únicos deportes interesantes son los deportes étnicos, que no están mundialmente mediatizados, como la pelota vasca. Así, ¿se tiene que condenar al deporte?. No, si es entendido como ejercicio físico de amateurs y si sirve para mejorar la inteligentemente y la higiene de vida y a formar físicamente los combatientes sobre el terreno. El deporte se encuentra así finalizado, sirve para algo. Los Juegos Olímpicos de la Grecia antigua, que hoy han perdido totalmente su sentido, no eran un “acontecimiento deportivo”, sino un entrenamiento militar. Ningún profesional, únicamente amateurs. El deporte-espectáculo mundializado de hoy tiene dos funciones: crear falsos entusiasmos infantilizadores que neutralicen la conciencia ideológica y política entorno a una serie de no-acontecimientos; y desarrollar un sector nuevo de la industria del espectáculo, muy poco creador de empleo, a menudo mafiosa, pero dotada de inmensos recursos financieros, recursos que son aceptados por las masas. ¿Y las corridas? No son deporte, son corridas…

La recuperación de la fiesta

Siempre en la misma lógica de los juegos del circo, el sistema ha desarrollado, paralelamente a los deportes, la practicas de las fiestas: Gaypride, Tecnopride, Fiesta de la Música, etc. No tienen ninguna espontaneidad, no son tradiciones populares de la sociedad civil, como las ferias, los carnavales, los solsticios, las procesiones, los bailes, la Bierfest de Mónaco, etc. Están organizadas a propósito y financiadas por el Estado, artificialmente, como explosiones de hibris desestructuradas que hacen el papel de droga colectiva. No tienen ningún sentido; no representan la expresión de la alegría popular. Por cierto, sistemáticamente, estos simulacros de fiestas tienen que ser encuadradas por la policía y provocan motines.

Anatemas religiosos y pensamiento inquisitorial

En un artículo de agosto de 1998 publicado en la revista Marianne, Pierre-André Taguieff, teórico oficial, pero un tanto ambiguo, del “antirracismo”, se entrega a un ejercicio muy significativo de la esa torpeza tan típica de su corriente de pensamiento, que establece la ley dentro del mundo de los mass-media. Ataca violentamente, bajo el pretexto de una carga contra los “peligros” del Frente Nacional, las tesis de un demógrafo y economista, supuestamente cercano del FN, que afirma que: 1) los nuevos inmigrantes cuestan a Francia más de doscientos mil millones de francos[43] cada año. 2) cerca de 600.000 inmigrantes ilegales están instalados en el suelo francés. Taguieff trata estas cifras de pura fantasía. Pero en ningún momento, argumenta científicamente con cifras y estadísticas; en ningún momento contradice concretamente lo que está criticando. Asombroso por la parte de un pensador que se dice racional y científico. Prefiere las acusaciones morales de naturaleza cuasireligiosas (denunciar una inmigración excesiva y costosa es preparar una futura “limpieza étnica” y ser culpable del pecado capital de “racismo”, castigado por la religión laica republicana), a los contraargumentos cifrados y demostrables, que evidentemente no tiene. Como antiguamente los Inquisidores contra a Galileo, se responde a los hechos por medio de anatemas, por llamamientos a una ética transcendente dudosa. Extraordinaria vuelta histórica: los herederos de la racionalidad del Aufklärung finen por recurrir a los argumentos irracionales y mágicos o parareligiosos; los herederos de las teorías de la libertad de expresión y de la emancipación terminan por exigir la prohibición y la penalización de tesis (y de constataciones) que les molestan; los herederos de la democracia igualitaria rechazan al pueblo, en nombre de razones “éticas” y cuasimetafísicas, el derecho de pronunciarse sobre la cuestión de la inmigración. Como sobre varias otras cuestiones, por lo demás… Cortas de argumentos, las elites “aclaradas” usan del arma que acusan a su adversario de utilizar: el oscurantismo y la tiranía.

Sobre el cine y la hegemonía cultural norteamericana

Godard, en su último libro, se queja, como muchos, de la hegemonía del cine norteamericano. He trabajado para el cine norteamericano (producción de “versiones francesas”) y he conocido el problema desde dentro. Unas verdades practicas: 1 – El cine norteamericano domina el mercado mundial porque se piensa como una industria y no solamente como una “creación”. Una película de Hollywood no solamente es una “obra”, sino el “clip” publicitario de toda una gama de artículos (ET, Starwars, Jurassic Park, etc.). El lado industrial de la obra no le quita forzosamente su valor artístico, como se cree en Francia. 2 – El éxito de las superproducciones de Hollywood se explica por su carácter imaginativo y épico, por su rigorismo dramático, por el ultraprofesionalismo de la producción y de la distribución, por una tecnicidad perfecta… por lo cual es comprensible que repare ampliamente en la frecuente indigencia de los escenarios o los clichés infantiles. El cine de Hollywood es una especie de “Julio Verne filmado”, y a menudo con los escenarios escritos por los Europeos aburridos de la ausencia de dinamismo de la producción europea. Los franceses y los europeos han perdido el sentido de la epopeya y de la imaginación (excepto Besson). ¿Por qué no encontrarlo de nuevo? ¿Quién nos lo prohibe? ¿Por qué ningún europeo no ha tratado (a nuestra manera, sin dudas más inteligente y dramática) los temas de ET, Jurassic Park, Armaggedon, Deep Impact, Twister, o Titanic? Veremos un poco más lejos que la excusa financiera es falsa. Lo mismo ocurre en el dominio de la novela, inundada por las traducciones de thrillers norteamericanos. ¿Quién nos prohibe restablecer la tradición de los Julio Verne, Paul d’Ívois, Barjavel?. ¿Dónde están nuestros Philip K. Dick, Stephen King, Robert Ludnum, Michael Crighton? En lugar de esto, como también sucede a menudo en el cine, la novela, deserta, por desprecio hacia el nicho del mercado popular, produciendo diversas obras snob, aburridas, con preocupaciones microscópicas, que se venden mal. Es traicionar a Moliere pensar implícitamente que una creación popular tiene que ser forzosamente de calidad inferior. De hecho, el dominio cultural norteamericano en materia de cine y de novela (y, por carambola, en todas las otras industrias populares audiovisuales y de ocio) se explica, a pesar de su frecuente mediocridad, por el carácter épico e imaginativo de sus temas. El público prefiere una obra con una fuerte dramática, sin grandes ideas ni excelencia estética, a una aburrida, pero estetizante e intelectualmente sobrecargada. La solución para los creadores europeos, si quieren oponerse a los norteamericanos sería la siguiente: realizar obras con una fuerte carga dramática popular y dotada de escenarios culturales de alta gama. Nuestros novelistas del Siglo XIX sabían hacerlo. 3 – Para explicar esta dominación se usa con frecuencia el argumento financiero y aquel del “enorme mercado monolingüístico norteamericano” que prerentabiliza las producciones exportadas. Es un sofisma. Una superproducción cuesta, incluida la promoción, unos 100 millones de dólares como máximo, es decir unos 15.250 millones de pesetas. Se trata de una pequeña inversión industrial perfectamente realizable por los europeos. Es siempre menos costoso que las “Cámaras Regionales” suntuosamente pagadas por el contribuyente, o que la prolongación de una estación de una línea de metro. Pienso en “Los Amantes del Puente Nuevo”, “intelo” birria y soporífera, financiada por el contribuyente a causa de la presión de Jack Lang, que fue un completo fracaso comercial, ¡que ha costado el precio de una superproducción de Hollywood (se reconstruyó el barrio parisino del Puente Nuevo cerca de Montpellier en formato real)! Se cree soñar, pero no se sueña. No se puede acusar a los norteamericanos (como lo hizo Belmondo) de “aplastar nuestro cine”. En cuento al argumento del mercado monolingüístico norteamericano, es una pura mentira. Las nuevas técnicas del doblaje han bajado más de un 100% los costes de este último. Se puede realizar una película en cualquier idioma, porque, al contrario que en los Estados Unidos, las versiones dobladas no repelen al espectador. Una película francesa podría prerentabilizarse perfectamente en el mercado europeo no-francófono; con la condición de ser popular… Pero a la “clase intelectual” no le gusta esta palabra: “popular”; es sucia, y, para los dirigentes culturales (en general de izquierdas), no es un sinónimo de calidad. ¿Por qué, en estas condiciones, asombrarse de que la industria cultural norteamericana aproveche, a cuenta nuestra, este prejuicio estúpido, este snobismo paralizante? 4 -Los norteamericanos tienen la costumbre de decir: “Los Franceses tiene un talento tremendo, pero no saben desarrollarlo, son unprofesional (“practican el amateurismo profesional”)”. De hecho, en Francia, los rodajes carecen de rigor, el enchufismo y el nepotismo reinan por todas partes (la prole de las stars instituídas y generalmente poco dotada, roba el puesto a los jóvenes talentos); los montajes financieros son flojos y nada claros; la promoción no está bien hecha, etc. El mismo defecto se señala en el dominio de la novela. Resultado: el talento, si existe, está malgastado, y es más fácil trabajar para los enchufistas mediocres o miembros de redes que para la gente de talento. Es un mal francés ya denunciado por La Fontaine (el síndrome de los cortesanos) o por Balzac (la carta de introducción). Una anécdota: conocí, en 1995, a un joven artista francés extremamente dotado pero que no encontraba trabajo alguno; era RMIsta[44] y no podía comer todos los días. No era miembro de ninguna red, de ninguna mafia; era bretón, heterosexual, casado y padre de cuatro hijos. Es decir, para la Francia parisinista, un perfil de loser. No podía obtener entrevistas. Ha cambiado de estrategia… Hoy es el director artístico de los estudios Steven Spielberg en Silicon Valley, cerca de San Francisco. Este bretón dotado, abandonado por Francia es ahora una pieza esencial en el dispositivo de la producción cultural norteamericana, le dona esa french touch (“pata francesa”), tan apreciada. Proximamente va a solicitar la nacionalidad norteamericana.

Culturalmente, tanto políticamente como geopolíticamente, los norteamericanos únicamente son fuertes a causa de nuestra propia debilidad, de nuestra propia ausencia, de nuestras rigideces y de nuestra falta de dinamismo y de voluntad. Dejemos de gemir: América ocupa, de forma natural, el terreno del que hemos desertado.

Orden social y principio de placer

En una sociedad de valores asumidos, la “familia” y la reproducción de la especie, como la transmisión de los valores esenciales, están amenazadas por la emergencia del “principio de placer”. Una sociedad de orden puede integrar perfectamente varias practicas paralelas con una vocación minoritaria. No se debe ser tolerante o laxista, sino orgánicos. La derecha, como la izquierda, en este punto, se han equivocado en demasía. La una y la otra han practicado una lógica monista de exclusión, la del “o, o” y no los valores plurales de inclusión, los del “y”. Se pueden hacer coexistir en una concepción orgánica dos principios opuestos: la familia fecunda y tradicional, y las desviaciones, la mujer-madre y la heteria, la familia serena con el lupanar y el desenfreno, según una regla de jerarquía. El “clan homo” y la izquierda intelectual se enfrentan implícitamente al modelo familiar y a la mujer en la casa, con un odio y una intolerancia increíbles. Aunque los medios conservadores, proyectando una visión errónea y fijada de la “tradición”, defienden siempre las posiciones puritanas. En verdad, se debe de volver a una visión arcaica de las cosas: integrar el desenfreno y el “orgiasmo” -aquel sobre el que habla Michel Maffesoli en La Sombra de Dionisos- con el orden social. Cuando este último es fuerte, el orgiasmo puede desplegarse bajo su sombra, en secreto, como sabían hacerlo las sociedades de la Antigüedad. Es simple sabiduría. El “principio de orden” es conforme a millones de años de leyes de reproducción de la especie y a la transmisión de la prole, de la cultura y de los valores. El “principio de placer” debe ser tolerado e hipócritamente administrado, porque es humano e inerradicable, pero nunca transformarse en una norma dominante. ¿Apología de la mentira y de la hipocresía? Sí. ¿ Pero habéis visto alguna sociedad fundada sobre la transparencia? En general, se concluye por el totalitarismo. Se tienen que reabrir los burdeles. Es mucho más urgente que cerrar las líneas calientes del Minitel[45]. Lo orgiástico es aun más fuerte cuando están tapado, virtualmrente simulado por la pornografía. La explosión de la industria del sexo únicamente es el espejo de la miseria sexual de la época. En cuanto a las películas X, he estado al “otro lado de la cámara”, como actor. Disfruté mucho, pero compadecía las frustraciones de los pobres espectadores. Soy partidario de las orgías sexuales, de las fiestas, de los placeres dionisiacos, pero subordinados al ordo societatis, articulados por él. Bacanales y Saturnales del mundo antiguo… Cuando el orden social es potente, el principio de placer y lo orgiástico pueden desplegarse bajo su sombra, sin destruir la cohesión de la sociedad. Mejor: cuando lo orgiástico está poco balanceado, mediatizado, expuesto, es muy intenso. Eros y Dionisos se vuelven insípidos cuando pueden verse cada noche por la televisión. Un desenfreno de calidad necesita del silencio y del secreto, es decir, del pudor que es el motor del erotismo y del desbordamiento de la sexualidad. Pero la sociedad del espectáculo y la modernidad, supuestamente emancipadoras y liberadoras, al final terminan por pelearse con el libertinaje y el sensualismo, con todo refinamiento sexual. Como en los todos dominios, el retorno a la alegría sexual, a la auténtica sensualidad, solamente serán posibles por la restauración de los principios de orden, en el cuadro de sociedades futuras rigurosamente ritualizadas. Arqueofuturismo…

Homosexualidad, crisis demográfica y etnomasoquismo

Lo grave, hoy, es que la homosexualidad se está transformando en un modelo superior de valores, un modelo más evolucionado y más conveniente que la heterosexualidad, implícitamente considerada como “paleta”. Con la intolerancia característica de su corriente de pensamiento pseudolibertario, un intelectual de talento, escritor homosexual de izquierdas, en un artículo reciente aparecido en el diario francés Le Journal du Dimanche, defendía el PACS y se ofendía por la actitud de la derecha que “denunciaba el PACS como un matrimonio homo”, y definía, en una carga odiosa y crispada contra las parejas heterosexuales, la familia como “un pequeño núcleo egoísta” ( 11/10/98). De esta forma asistimos a una inversión de la situación precedente, cuando la homosexualidad estaba abusivamente reprimida. La homosexualidad, que debería quedar en la esfera privada, se impone ahora como valor en la esfera pública. Parece que existe una coincidencia inquietante entre la crisis demográfica, el derrotismo cara a la inmigración y a los valores machistas del Islam, y la apología latente de la homosexualidad, masculina y ahora también femenina. Es como si, subrepticiamente, por etnomasoquismo, todo lo que era europeo era culpable de engendrar y de reproducir un modelo familiar, sexual y genético milenario. En unos años, los bienpensantes han anatematizado una campaña de publicidad en favor de la natalidad en la cual podían verse a unos bebes rubios. Para ellos, el natalismo europeo es una forma de racismo. La familia europea fecunda es culpable de imperialismo biológico. Fantástica inversión semántica, típica de una mentalidad tiránica y totalitaria. No se puede preconizar ninguna represión de la homosexualidad, ni proyectar una prohibición de sus parejas, ni desfavorecer socialmente a estas últimas. Pero prever legalizar una forma de “matrimonio-bis” para los homosexuales tendría efectos simbólicos destructores. ¿Por qué? No es importante saber si los matrimonios son “antinaturales” o no. Esto a la gente le da igual. Es un debate sin fin, y por lo demás, pseudobiológico. Pero existe un hecho: el matrimonio o la unión legalizada heterosexual necesita de protecciones y de ventajas públicas concedidas a las parejas susceptibles de tener niños para renovar así las generaciones, lo que no es sino un “servicio” objetivo donado a la sociedad. Legalizar y privilegiar fiscalmente las uniones homosexuales es proteger las uniones estériles. Es señal de una exacerbación el obsesionarse por el individualismo. Es confundir el deseo con el derecho. Es despreciar el interés colectivo y pisotear el buen sentido, noción con la cual la izquierda francesa, la más estúpida del mundo, esta en discordia desde 1789, por causas del onirismo ideológico. Legalizar las uniones homosexuales no es sino hundirse en el confusionismo del “todo igual a todo”, denunciado por Alain de Benoist. ¿Y, a lo demás, por qué no los matrimonios entre humanos y chimpancés? Ya que únicamente importa el derecho individual y el deseo, es decir la fantasía personal y el desprecio de las realidades biosociales milenarias, todo es posible… El progresismo es un infantilismo… Además, las parejas homosexuales son generalmente efímeras y funcionan muy mal. Es lógico: todas las anomalías genéticas o etológicas son difíciles de asumir. Pueden vivir su vida, tolerados y respetados, pero no tienen que imponer sus normas como una minoría tiránica, reivindicando privilegios. Como lo han visto muy bien una multitud de psicólogos -particularmente Tony Anatrella, que reformula las tesis de Freud sobre este tema- la homosexualidad es una neurosis de inmadurez. Cada vez son más numerosos los biologistas que piensan que la homosexualidad simplemente es una afección mental hereditaria. Fundamentalmente, el homosexual, hombre o mujer, no es afectivamente feliz. Sufre por su enfermedad sexomental, está frustrado porque no puede integrarse en la normalidad y en el equilibro sociobiológicos. Hoy, el problema de los gays es principalmente de tipo psicoanalítico. Como todas las minorías que han obtenido satisfacciones, que están reconocidas, los homosexuales están furiosos de no ser ya víctimas: están frustrados de no ser ya perseguidos. Quieren que la gente hable de ellos. Quieren cada vez más de más. Quieren compensar las antiguas desgracias con privilegios infantiles. Lo que explica su agresividad, contrapartida de su desgracia interior. ¿Legalizar la unión homosexual con ventajas fiscales? Bien. Pero, como siempre, la potencia de la realidad acabará por matar esta utopía. Sic transit imbecillorum.

Cuando el deseo prima sobre el derecho

Los “sin-papeles”, inmigrantes clandestinos ilegales, están autorizados, gracia a la potencia de los mass-media y de los grupos de presión minoritarios, a quedarse en Francia. Su deseo prima, pues, sobre la ley votada por los representantes del pueblo francés. Es una de las paradojas de la ideología de los Derechos Humanos. El interés particular, bien defendido, prima sobre la voluntad general. ¡Qué oportunidad para las mafias! Los camioneros, los pescadores, los pilotos, los sindicatos de la Educación Nacional o de los estudiantes (muy minoritarios pero muy activos), los agricultores subvencionados, los conductores de trenes, etc. afrontan impunemente la ley y se enfrentan al gobierno para defender los corporativismos egoístas. Por cobardía y arribismo, la clase política deja hacer. En todas partes, el deseo de una minoría triunfa sobre la ley. Paradoja: Los partidarios de “La República” firman la derrota del Estado de derecho. No se dan cuenta que estos desordenes se acabarán por medio de una solución arcaica muy eficaz: la tiranía, donde la voluntad del tirano substituye a la de la ley y a la voluntad general, pero sin ceder a los deseos particulares. Esta idea es la que está lanzando Jean-Pierre Chevènement. Pero está muy solo.

La “revolución biolítica” y la gran crisis ética del Siglo XXI

El Siglo XXI asistirá de forma inevitable a un conflicto entre las grandes religiones monoteístas (Islam, Cristianismo, Judaísmo, religión laica de los Derechos humanos) y los descubiertos de la tecnociencia en los dominios de la informática y de la biología. En su libro La Revolución biolítica, (Albin Michel, 1998), Hervé Kempf explica que la ciencia está cumpliendo un “pasaje” comparable al de la revolución neolítica que hizo transitar al homo sapiens de la recolección y de la caza a la agricultura, la ganadería y el modelaje del medio ambiente. Estamos viviendo una segunda gran mutación tanto biológica como informática. Esta revolución se produce por la transformación artificial de los seres, la humanización de las maquinas (futuros ordenadores cuánticos y sobre todo biotrónicos) y las interacciones hombre-robot que producen. El antropocentrismo y la definición unitaria de la “vida humana”, como valores en sí mismos, que constituyen los dogmas centrales tanto de las religiones monoteístas como de las ideologías igualitarias de la modernidad, van a entrar en contradicción brutal con las posibilidades que ofrece la tecnociencia, sobre todo la alianza “infernal” de la informática y de la biología. Un conflicto mayor se va a oponer entre los laboratorios y los dirigentes políticos y religiosos que intentarán censurar y limitar las aplicaciones de los descubiertos. Y no es seguro que lo conseguirán… Los nacimientos artificiales en incubadores, los robots biotrónicos inteligentes y “parasensibles”, cuasihumanos, las quimeras (síntesis hombre-animal cuya patente ya ha sido registrada en los Estados Unidos), los “manipulatos” u hombres transgénicos”, los nuevos órganos artificiales que multiplican las facultades naturales, la creación de superdotados o de superresistentes por medio del eugenismo positivo, las clonaciones, etc., van a hacer tremblar la vieja concepción igualitaria y sacral del ser humano, aun con más fuerza que Darwin y las teorías evolucionistas. La “manufactura de lo humano” ya se está preparando: fabricación de órganos artificiales, procreación asistida, estimulación de las funciones cerebrales, etc., y la confección de maquinas con procesos biológicos (ordenadores neuronales, chipes de ADN), será posible en muy poco tiempo. Son todas las definiciones de lo humano, de lo viviente y de la maquina las que tendrá que ser reformuladas. Hombres artificiales y maquinas animales… En el Siglo XXI, el hombre no será nunca más lo que fue. A todo esto seguirá una angustia ética cuyos efectos serán devastadores. Un choque mental, con consecuencias imprevisibles, se producirá probablemente entre dos mundos: el de la nueva concepción biotrónica o biolítica y el de la antigua concepción de las grandes religiones y de la filosofía moderna igualitaria de los Derechos Humanos. Únicamente una mentalidad neoarcaica podrá soportar este choque, porque antiguamente, desde los incas a los tibetanos, de los griegos a los egipcios, no era el hombre el que estaba situado en el centro del mundo, sino las divinidades, que podían perfectamente encarnarse en toda otra forma de vida. La tecnociencia del futuro nos invita no a deshumanizar al hombre, sino a dejar de divinizarlo. ¿Es el fin del humanismo? Es cierto.

Genética e inigualitarismo

Una de las tesis centrales del “arqueofuturismo” es la siguiente: paradójicamente, la tecnociencia del Siglo XXI va a destruir los fundamentos de la modernidad. La genética va rehabilitar las cosmovisiones inigualitarias arcaicas. Un ejemplo sencillo en el tema genético: el establecimiento de la “tarjeta del genoma humano”, el estudio de las enfermedades hereditarias, el desarrollo de las terapias genéticas, las investigaciones básicas sobre la quimba del cerebro, sobre el SIDA y las enfermedades vírales, etc., ya empiezan a mostrar concretamente la desigualdad del hombre. La comunidad científica está atrapada en un torno: ¿cómo obedecer la censura de lo políticamente correcto, ceder al terrorismo intelectual del igualitarismo y a la vez proclamar las verdades científicas eventual y terapéuticamente útiles? Estamos en las puertas de un conflicto, un conflicto grave. Ya, los genéticos, los sexólogos, los virólogos, tapan con dificultad que uno de los mitemas canónicos de la religión de los Derechos Humanos, es decir la hipótesis de la igualdad genética entre los grupos humanos y la individualización genética de los humanos, es una fábula científica. De otra parte, está claro que las biotecnologías (la concepción asistida, las chips biotrónicos implantados en el cerebro, los órganos artificiales dopados, las clonaciones, las terapias génicas, la manipulación del genoma transmisible, todas estas tecnologías que son realmente la aplicación del eugenismo), no serán accesibles a toda la gente ni reembolsadas por la Seguridad Social, ni aplicables fuera de los grandes países industriales. Un eugenismo de facto, propuesto a una minoría cuya esperanza de vida estará prolongada: el colmo del inigualitarismo en el corazón de la civilización igualitaria moderna. Otro problema importante: ¿cómo van a reaccionar los humanistas antropocéntricos cuando se produzcan las quimeras (híbridas hombres-animales) para crear bancos de órganos o de sangre, para dopar el esperma, probar los medicamentos? ¿Intentarán prohibirlo? No podrán. Para soportar el choque global de la genética del futuro, se tendrá que tener una mentalidad arcaica.

La noción de “amor”: una patología de civilización

La civilización occidental se ha fragilizado considerablemente cuando concedió un valor absoluto a un sentimiento neurótico: el amor. Esta patología ha destruido tanto los resortes demográficos como el instinto de defensa. Es una herencia cristiana laicizada. ¿Estamos diciendo que el odio debe que ser el motor de las civilizaciones conquistadoras y creativas? No. El “amor” es una forma patológica y enfática de la solidaridad que conduce al fracaso y, paradójicamente, al odio y a la masacre, tanto personal como colectiva. Las guerras de religión y los fanatismos actuales de las religiones monoteístas del amor y de la misericordia así lo muestran. Y el comunismo estaba fundado sobre el “amor al pueblo”. Entre naciones, se debe de tener varios aliados (provisionales), pero nunca amigos; entre individuos es mejor decir: “te aprecio” que “te amo”, y funcionar según la lógica de la alianza que según la donación ciega -e inconstante- del amor. El amor es absoluto, es decir totalitario. Los sentimientos y las estrategias humanas son cambiantes. Al verbo amar, tanto en política como en las relaciones personales, se tiene que preferir la paleta politeísta: apreciar, admirar, aliarse, pactar, proteger, ayudar, querer, desear, etc. No se tendría que tener niños porque los cónyuge se aman, como un regalo, sino porque el procrear es digno para transmitir la estirpe. Hoy, la mitad de los matrimonios se rompen, ya que están fundados sobre un sentimiento de adolescentes enamorado, efímero, que desaparece rápidamente. Los matrimonios durables son aquellos que están calculados. Igual ocurre en la educación de los niños, que también fracasa porque practica una adulación beatífica de la prole, subproducto del amor, que destruye la legitimidad de los padres, sentidos como carneros enamorados. También las políticas fracasan, porque su ideología y sus practicas están impregnadas de las escorias del amor -buenos sentimientos, angelicalismo, huumanitarismo, pietismo, masoquismo, altruismo hipócrita- en lugar de apoyarse sobre la voluntad de decisión de aplicar, hasta el objetivo final, su política. Esta civilización, fundada implícitamente desde hace mucho tiempo -demasiado tiempo- sobre el concepto falso de amor, deberá un volver un día a la alegoría de Don Juan, el “antiamor” por definición. Arqueofuturismo.

Debacle y impostura filosófica

La ausencia de verdaderos valores filosóficos fundadores se expresa en la moda, de la cual se benefician los pensadores mediáticos que cultivan las ideas huecas y el pensamiento único: los Comte-Sponville, Ferry, Bernard-Henri Levy, Serres, etc. Angelicalismo sin metafísica ni espiritualidad, materialismo de adolescentes, retorno infantil al Aufklärung, moralismo y altruismo hipócritas, verismo ético, etnomasoquismo, xenofilia, caritativismo esponjoso, humanitarismo irresponsable: todas estas actitudes mentales están profundamente inadaptadas a nuestra época. Estos valores debilitantes, desvirilizadoras y moralmente desarmadores están totalmente a contracorriente de un mundo cada vez más duro y que pediría, al contrario, unos valores combativos. Aunque necesitaríamos una nueva filosofía de la acción, la vieja y decrépita filosofía de la compasión del Siglo XVIII nos es presentada como una genial novedad del espíritu. Una filosofía neodogmática, únicamente hábil para “comunicar” -la propaganda- está camuflada bajo las ropas del antidogma, de la libertad y de la emancipación, aunque únicamente se trata de adoctrinamiento mediático de ideas obsoletas y de armas del terrorismo intelectual. La filosofía de la clase intelectual hegemónica francesa del Siglo XX se ha caracterizado por el plagio (Sartre, Levy), el altruismo patológico (Lévinas), o la impostura (Lacan y los estructuralistas), en un lenguaje ininteligible, jerga bárbara que disfrazaba sus “no-ideas”. No es un azar si el excelente libro crítico sobre la filosofía francesa, de Sockal y Bricmont, Imposturas intelectuales, ha suscitado un escándalo tal. Únicamente la verdad hace daño… Para enfrentarse al futuro, necesitamos una filosofía inigualitaria de la voluntad de poder; recurso a Nietzsche frente al Aufklärung. La revolución futura exigirá una nueva epistemología suatraída del humanitarismo moderno, para, según un retorno a los valores arcaicos, ya no pensar el hombre como ser divino cortado de la animalidad, sino a la vez, como actor y como material. Como experimentador de él mismo según una lógica faústica.

Proceso de emasculación

La publicidad sigue las tendencias sociales antes que iniciarlas. Se tiene que vender, no crear modas o nuevas ideas. En este sentido, es el reflejo más fiel de una época, porque está obligada a ser profesional, eficiente y remitir exactamente a los estados de espíritu creados por la ideología ambiente. En una revista popular, un anuncio sobre zapatillas de deporte, sitúa la acción en un vestuario, donde una mujer desfallecida aparece frente ados atletas negros que se están duchando, a los que ella “escudriña”. Pagina de al lado: publicidad de niquis: los modelos -dos hombres de tipo europeo- tienen un “look” afeminado de homosexuales, una facha de mariquitas estéticas con una mirada lánguida y cansada. Buscad el error…

Principio de responsabilidad

No es únicamente un complot. Peor, es una “lógica”. Una demisión colectiva. Los teóricos del complot se equivocan. Un pueblo fuerte no se deja coger ni destruir por el sistema que lo domina. Cada pueblo es responsable de su destino. Lo que pasa actualmente no es la falta de los otros, sino la nuestra. Somos actores y culpables de nuestras derrotas. Un pueblo no es la víctima de su destrucción cultural o étnica, es el autor y el cómplice, por dimisión, por renuncia a la defensa. La dominación cultural norteamericana, la colonización lenta y sorda de Francia y de Europa por el Sur, no es únicamente el fruto de una manipulación. Hemos dejado hacer. Nuestro pueblo tenía los medios para defenderse, democráticamente. No lo hemos hecho. El “jefe de orquesta clandestino” no tiene todo los poderes frente a un pueblo determinado que resiste con sus tripas.

Palabras arqueofuturistas sobre el tema del arte

La revista Krisis de Alain de Benoist se ha atrevido a publicar un debate para preguntarse si, finalmente, no existía ninguna impostura en el “arte contemporáneo”. Los mass-media se han agrupado inmediatamente para denunciar un crimen ideológico de la “extrema derecha”. En verdad, toda la gente siente, sin atreverse a formularlo, que, desde hace casi cincuenta años, el “arte contemporáneo”, subvencionado por el Estado y los mass-media, es un academicismo (y un snobismo) que se está hundiendo progresivamente. Paradoja: el arte contemporáneo -que se pensaba como una maquina de guerra contra el academicismo para la potencia y la creación- se encuentra ahora encerrado en el peor de los conservadurismos. Es el mismo destino que el comunismo. Ahora es un arte oficial… y un arte nulo. La razón es conocida: la impostura y la incompetencia. A principios del siglo XX, una ideología estética logró instalarse y ahora domina el mundillo intelectual del arte: la inspiración del artista -su mensaje- es superior que su técnica, que su habilidad profesional, su conocimiento de las reglas y de los canones plásticos vistos como “opresiones”. Fue el mito de la “libertad del artista”. Y así, poco a poco, nació una falsa concepción: el artista ya no tiene inspiración, ni competencia, pero gracias a sus relaciones consigue unos “golpes mediáticos” subvencionados. Como Calder, Saint-Phalle, César y los otros. Ya no busca “escandalizar al burgués”, sino que se dice progresista, aunque no crea en nada. No es más que un pintarrajeador subvencionado. Recientemente, se han considerado varios “tags” y graffitis de niños subnormales como “obras maestras”. Según la revista “El Eco de las Sabanas”, yo mismo he tenido la idea de la siguiente broma: realizar ante la presencia de alguaciles unos lienzos con un rodillo donde varias pintadas representaban vagamente falos; un minuto por cada lienzo… lienzos que fueron vendidos en una prestigiosa galería de la calle de Sena a las stars del show business maravilladas. Tales bromas ya habían sido efectuadas y los lienzos “pintados” por el rabo de un burro o por una hembra orangután (Puesta de Sol en el Adriático) fueron negociados por mucho dinero… El “arte contemporáneo” ha evacuado la noción capital de talento. Hoy, en la esfera pública, nos encontramos ante un “arte” contemporáneo impostor, repetitivo y no creativo, unido a una admiración museográfica por las obras maestras del pasado. Es interesante notar que frente a toda crítica sobre la verdad, la autenticidad y la calidad del arte contemporáneo, el sistema reacciona siempre mediante el anatema: “¿Es Usted fascista?” Es una señal más de que el sistema tiene perfectamente conciencia de la nulidad de la producción “artística” que él protege y del fracaso total del modelo esteticopolítico querido por él. Cuando le se pone el dedo en la plaga, reacciona mediante el insulto o la amenaza. Sin embargo, existen hoy un número importante de artistas creadores que escapan a esta pretenciosa nulidad del arte oficial: el natural de Grenoble Jean-Marc Vivenza y sus “ruidos”, el escultor Michel de Souzy, los pintores Frédérique Deleuze y (el difunto) Olivier Carré, Yan-Ber Tillenon, etc. Son numerosos, pero mal vistos y marginados, porque restablecen los principios de la estética europea: conciliar los canones estéticos y la audacia creativa, asocian el sentido de la belleza y el trabajo técnico con la inspiración. El arte contemporáneo oficial (que no se debe confundir con los “artistas de hoy”, a menudo muy talentosos pero acallados ), fuertemente enlazado al sistema, finalmente se habría fijado como objetivo la destrucción de la estirpe de la tradición creciente artística europea. Siempre esta misma voluntad de iconoclasmo cultural para hacer perder a los Europeos su memoria y su identidad. La táctica es hábil: de un lado, se mediatizan las obras de cloaca, feas, sucias e insignificantes, de hecho no-obras, mientras que por el otro lado, se focalizan los espíritus hacia una admiración museográfica del pasado. Un pasado voluntariamente fijado y neutralizado, transformado en un tradicionalismo estéril. Lo esencial es que las obras maestras del pasado ya no puedan servir a una reactualización talentuosa en el presente y el futuro. Romper la creatividad artística europea, su belleza, su profundidad estética, su talento; descerebrar los gustos y hacer pasar por geniales las producciones de los subdotados; hacer desaparecer y olvidar toda personalidad estética europea y desconectar el arte de sus raíces culturales. Tal es, desde muchas décadas, la estrategia, a menudo inconsciente, siempre implícita, de los “maestros del arte”. Esta estrategia parece ser una envidia (sentimiento que, con la venganza y el resentimiento, como lo comprendía Nietzsche, siempre ha representado un papel en la política y en la Historia): envidia y resentimiento contra el talento innato del arte europeo. El culto ridículo por las “artes primeras”, del que el ingenuo Jacques Chirac es el representante comercial, participa en esta empresa de destrucción. ¿Una estatuilla primitiva vale bien la Pietà de Miguel Ángel?, ¿no? Otra vez, el igualitarismo se enfrenta a la realidad, y se condena. ¿Que va a pasar? La verdadera creación estética no reprimida se ha refugiado en la técnica. Según el retorno inconsciente a la tradición griega de la estética como technè y como khréma (utilidad objetiva). Los diseñadores de de carrocerías, de aviones, componen las obras maestras de hoy día. ¿Que prefieren? ¿Una Renault comprimida por el impostor César o una Ferrari firmada por Pininfarina? También es posible que los falsos maestros del arte oficial terminen por fatigar al público.

Bourdieu o el impostor

Pierre Bourdieu[46] denuncia el bombardeo cultural televisivo que sin embargo refleja las orientaciones de su ideología. Se ha autoproclamado maestro del pensamiento de la “izquierda de la izquierda”-es decir los nuevos izquierdistas- sin proponer ninguna solución creíble al ultraliberalismo que cree ver en todos sitios. Sin embargo, aprecia ser fotografiado en todos los mass-media y hablar en los platós de televisión, que, naturalmente, “odia”. B.H.L. y Mons. Gaillot[47] no tienen por qué apreciar particularmente a este dinosaurio mediático… Es bastante divertido, Bourdieu… Había flirteado durante poco tiempo con la Nueva Derecha, al inicio de los años ochenta, cuando la ND parecía estar de moda. Cenamos en esta época en el restaurante parisino La Closerie des Lilas, disertando sobre Nietzsche y sobre la inversión de los valores. El antiliberalismo de la ND le atraía. Pero Bourdieu, como todos sus iguales, intelectuales parisinos funcionarios, no se interesa realmente por las ideas, sino más bien por él mismo. Andando trágicamente corto de teorías, el nuevo gurú de la extrema izquierda vagamente resucitada, solamente puede oponer al “pensamiento único” del ultraliberalismo otro pensamiento único, un retorno decrépito al viejo conservadurismo marxista. Como toda la extrema izquierda, es incapaz de hacer un análisis pertinente de la situación social actual. Bourdieu, como tantos otros, es una figura emblemática del naufragio de los intelectuales de izquierda. Después de haberse equivocado con ideas, naufragan sin ideas.

Técnica de la dependencia

Los domadores de circo de tigres y otros fieras no usan, para lograr la sumisión de estos animales, métodos brutales: golpes, castigos, privaciones. Es muy peligroso y demasiado complicado. Mejor que la “estrategia del bastón”, es la de la “zanahoria”. Tras lograr que sean dependientes de recompensas inútiles pero agradables (suplemento de alimento azucarado o de proteínas, caricias, favores sexuales, etc., después de cada acto de obediencia) estos animales, son sometidos y se desvanecen sus capacidades de resistencia contra el amo. El sistema y la ideología dominante usan, con mejorías, de la misma técnica. Ya no se oprime a los ciudadanos desviados mediante la represión de los campos de concentración. Es un método obsoleto. Mejor es hacerlos dormir y marginar las rebeliones. Y no solamente por la desviación de la atención hacia los sujetos inesenciales (la Copa del Mundo de fútbol, el PACS, etc.), por la estrategia clásica del embrutecimiento intelectual, sino también por la técnica de la dependencia. El sistema vuelve dependiente a la sociedad civil con recompensas, ventajas, falsos privilegios, premios inútiles. Como en el caso de las fieras encerradas, son ventajas falsas. Se le hace creer a Usted que es libre, pero en verdad está encerrado, que conduce rápidamente con su coche GTI, aunque le arruine casa mes, y que al final pierde tanto tiempo en los atascos como las horas de trabajo necesario para pagarlo. Es dependiente de las vacaciones que debe organizar, de la teledroga, del “deseo desenfrenado por objetos inútiles”, como lo vio Baudrillard. Softdictadura. Para hacer olvidar el paro, la precariedad de su empleo, la inseguridad, los alimentos adulterados, la degradación del medio ambiente, o la lenta desaparición de su pueblo. Está en una jaula, pero Usted es fisiológicamente feliz. Es el “último hombre” descrito por Nietzsche, el que agradece a su amo con saltitos.

El regno del timo: falsa transparencia y trucaje

El timo es, en argot, una “estafa blanda”. La línea amarilla de la estafa -ilegal- no está realmente atravesada, sino rozada. El semáforo no está en rojo, sino en naranja oscuro. Señal de los tiempos, el timo es uno de los motores principales de la publicidad y de la incitación a consumir. Antiguamente, las oficinas que lo practicaban eran a menudo reprimidas por ley. Hoy, es practicado por los grandes grupos, las sociedades honorables, y por el Estado él mismo. Es Inútil teorizar, puedo dar unos ejemplos. Las firmas concurrentes se entienden entre ellas (método del oligopolio) para fabricar productos poco durables y que “tienen que” ser cambiados rápidamente: Las carrocerías de los coches tienen que oxidarse después de tres años, las piezas de los aparatos electrodomésticos tienen que ceder después de 500 horas de utilización, los compresores de los frigoríficos tienen que romperse después de 4 años, la tela de un vaquero tiene que desgarrarse después de 20 lavados, etc. Pero, los hay peores, y más sutiles. Un caso único: el timo sobre las facturas telefónicas practicado tanto por France Télécom[48], como por los operadores privados. He hecho una investigación sobre este tema para una revista, y he descubierto -entre otros- unos hechos: los operadores de teléfono, privados o públicos, facturan unas prestaciones imaginarias de sumas pequeñas a la mayoría de los 40 millones de clientes, únicamente por el juego de la diferencia de tarifa entre horas llenas y huecas: una mina de dinero cada mes. También mienten sobre los alzados de los teléfonos móviles. Por ejemplo, se dice que 3 horas de llamada cuestan 3 600 pesetas, pero sin precisar que la unidad de tiempo no es el segundo, sino una secuencia homogénea de 3 minutos (180 segundos): así si se telefonea 3 minutos y 1 segundo, la facturación es de 6 minutos… Al final, las 3 horas del tanto alzado van a reducirse, en media, a 30 minutos reales. Con toda legalidad… Se ha instaurado una “cultura del timo”, en la cual participa ampliamente el Estado. Ilustración característica: después de las declaraciones solemnes y las demostraciones cifradas por los expertos, los impuestos directos y las retenciones fiscales tenían que bajar en 1998. Pero toda la gente ha podido constatar que, al contrario, han crecido. La otra cara del timo y del trucaje, es la transparencia falsa. Se insiste sobre el hecho que todo esta claro y que no hay ninguna zona de sombra en el discurso, tanto en el dominio de la política como en el de la industria alimentaria, lo que permite establecer una falsa confianza. Ejemplos: los fabricantes de productos alimentarios respetan más o menos la ley que los obliga a declarar en el embalaje todos los aditivos que están mezclados con el producto central. Pero, lo que no se sabe, es que aunque la ley autoriza estos aditivos -después de la presión de los lobbies agroalimentarios- estos últimos son cancerígenos con los animales de laboratorio, en un 50% de los casos… y probablemente también con el hombre si son consumidos regularmente. Pero la transparencia falsa del “digo todo” desvía las sospechas. Se dice únicamente la mitad de la verdad: “sí, añado E211 en la salsa tomate en bote que la gente compra”, y ya que el fabricante lo admite, la gente se dice que no es tóxico. Pero, en verdad, es tóxico… En los mass-media y en la televisión, asistimos al reinado del trucaje y de los efectos especiales: falsos directos, enchufismo, publicidades camufladas, reflujo de toda crítica (cinematográfica o literaria, por ejemplo), etc. Los “talk-shows” espontáneos, están, en verdad, fabricados como películas de ficción con un mensaje oficial dentro. El sistema audiovisual actual ya no deja ningún sitio a la espontaneidad ni a la autenticidad, aunque se sirve de ellas para legitimarse. Hoy se puede afirmar que los telediarios están mucho más censurados, manipulados y elaborados que en el tiempo del ORTF[49] de De Gaulle, pero con una maestría muy superior. PPDA es, en sentido propio, una marioneta, como la de los Guignols de Canal Plus que lo representan[50]. Timos y trucajes: son practicados, ya no por unos pequeños estafador sino, con un cinismo temible, por las grandes instituciones públicas y privadas, bajo la señal de la transparencia. Primogine, coautor con Thom de la Teoría de las Catástrofes, explica que cuando un sistema legitima a por no-a, es que se encuentra al borde del abismo.

Lógica de la hipocresía: la dialéctica de la moral hablada y de la moral practicada

Nunca el discurso moral fue tan exigente, tan riguroso. El sistema y sus mass-media son como los predicadores: contra el racismo, el machismo, por todos los derechos acordados para todos, para la bondad, la amabilidad, la independencia de la justicia, el amor generalizado, la igualdad, la justicia social, la democracia, la “conciencia ciudadana”. Un sermón real de vieja solterona catequista. Pero la realidad es diametralmente opuesta: corrupción de los políticos, hundimiento del derecho social, tolerancia ante la violencia urbana, agravación de las disparidades y de las injusticias económicas (los millonarios de la izquierda son los mejores en el tema del discurso social), destrucción de las solidaridades tradicionales en provecho de los egoísmos individuales, impunidad de los grupos violadores de la ley, privilegios acordados a las categorías profesionales ya protegidas, crecimiento del sector económico explotado por el sector público, etc. Fue siempre así. Es lo que los psiquiatras llaman el “efecto de compensación”. Cuanto más defectos tiene un sistema, tanto más se alaba las cualidades que viola. No es únicamente exorcismo, sino un trabajo de olvido. “El pueblo no se tiene que entiender lo que está pasando”. La debilidad central del sistema -y de la ideología hegemónica- es que no se puede mentir durante mucho tiempo. El senador norteamericano Gingrich lo explicaba: “es posible mentir diez veces a una mujer y una vez a una nación, pero nunca diez veces a una nación”. Con el tiempo, la ausencia de resultados concretos de un proyecto de sociedad no se puede ser disimulada por unos cortafuegos vacíos: embrutecimiento intelectual, desviación de la atención, dependencia. Las cosas concretas toman su revancha. El pueblo acaba por pedir la verdad porque el embrutecimiento tiene límites, precisamente a causa de la ausencia de hechos concretos: mentiras del paro a la baja, precariedad y angustia económicas, pauperización a pesar del crecimiento contable, crecimiento de la inseguridad a pesar de las estadísticas trucadas, presencia cada vez más visible de la inmigración, etc. Incluso la muy eficiente propaganda televisual que intenta dar la impresión de que “¡todo va bien!”, al tiempo que diabolizan o criminalizan a los partidarios de opiniones opuestas, va a llegar, un día o otro, a sus limitas. Cuando el león ya no tiene nada que comer, se come al domador. El león, es el pueblo.

Legitimación negativa: la fábula del hombre lobo

Las democracias occidentales no consiguen realizar su utopía, pues denuncian un enemigo imaginario. Ya no se dice: “voten por Nosotros, porque vamos a encontrar soluciones y mejorar sus condiciones”, que seria una legitimación positiva, sino, implícitamente, “voten por Nosotros, aunque somos una banda de nulidades, de incompetentes y de prevaricadores. No es grave, porque Nosotros les protegemos contra el retorno del fascismo. Sin Nosotros, estarían bajo la bota de los nazis…”. Legitimación negativa. Las conmemoraciones redundantes enlazadas a la Segunda Guerra Mundial, los juicios o denuncias o las incesantes descripciones voyeuristas de los crímenes nazis, cincuenta años después del fin de la guerra, son partes de este dispositivo. Técnica del hombre lobo: “Papá es malo, pero si no le obedeces, el hombre lobo vendrá a comerte. Y será peor”. El sistema ya no puede ser plebiscitado ni juzgado sobre sus actos y resultados, se inventan unos enemigos virtuales para así decirse protector del pueblo. “El Frente Nacional es el NSDAP reactualizado: si se expulsan demasiados inmigrantes, será la crisis económica y la dictadura”. Esta técnica tiene limites y los encontrará rápidamente.

El “Frente republicano”: antecámara del partido único

El “Frente Republicano” contra el Frente Nacional. Tal es la fraseología actual del mundo político. Este Frente Republicano que se pretende el portero de la pura democracia contra la “amenaza fascista”, iniciado -en verdad- por una extrema izquierda minoritaria y paratrotskista cuya tradición, desde 50 años, es el totalitarismo. La lucha contra el Frente Nacional muestra la contradicción esencial de este Frente Republicano que dice querer salvar la democracia del peligro fascista: ni es republicano, ni es demócrata. Por lo menos, es lógico: cuando en una sociedad, se abusa de un concepto político (democracia, ciudadanía, etc.), es que esta cosa está amenazada. La énfasis democratista tapa un régimen cada vez menos democrático. El discurso del Frente Republicano restablece la retórica -realmente totalitaria- de los diputadoos de la Convención de 1793, padres del Terror. Después de una manifestación “espontanea” en Lyon contra la supuesta alianza entre Charles Millon y el Frente Nacional[51], el socialista local Louis Mermaz explicaba que se debía de “combatir lo inaceptable: el Frente Nacional cogestionario de una región”. Así, es “inaceptable” para este demócrata que los consejeros regionales democráticamente eligidos hagan el trabajo por el cual han sido eligidos. El lapsus de Mermaz significa que la “democracia” no está reservada a toda la gente; o que es inaceptable que la democracia funcione con todas sus reglas del juego, o que en esta visión limitativa de la democracia es inaceptable que los electores voten por alguien que no sea miembro de este Frente Republicano. Este Frente Republicano incluye: 1) el PCF y la extrema izquierda, 2) Los Verdes y el PS, 3) una “derecha republicana”, RPR y UDF[52], emasculada y culpabilizada -sobre todo en el tema de la inmigración- por la izquierda. La ilegitimidad política de toda otra fuerza que no sea el Frente Republicano parece, pues, una llamada implícita al retorno del partido único, clave de todos los regímenes totalitarios desde 1793. En el seno de este partido único de facto, únicamente están toleradas las tendencias (como en los antiguos PC de la Europa Central) susceptibles de alternancia “democrática”; pero esta alternancia izquierda / derecha, verdadera engañifa, no debe cambiar la orientación global de la política del partido único de facto, que es una orientación “de izquierda”. El Frente Republicano, como el antiguo y totalitario partido único soviético, no trabaja -evidentemente- para una revolución cuaalquiera, sino para la profundización de las tendencias de la sociedad actual. Esta tentación del “partido único de facto”, camuflado por el simulacro del pluripartismo, se ha expresado fuertemente durante las proposiciones radicales de prohibición del Frente Nacional o los juicios contra la legibilidad de Le Pen. Pensar en prohibir un partido que representa un 15% de los votos, es muy diferente de la prohibición de una liga subversiva… En verdad, el régimen, agotado, intenta hacer una democtomia o “amputación limitativa de la democracia”. Observamos la misma lógica en el tema de los “sindicatos representativos” minoritarios. Desde Robespierre hasta el Frente Republicano, siempre es el mismo proceso, hoy bastante soft: el pueblo vota -es la democracia- pero únicamente puede votar por los candidatos aceptables: los del partido. Para justificar su antidemocratismo, el sistema, confuso, siempre usa su obsesión favorita: el Diablo, el hombre lobo Hitler. Argumento: “¡Cuidado! ¡Hitler ha tomado el poder democráticamente!” Conclusión: debe limitarse y vigilar esta democracia peligrosa y excluir a los partidos inaceptables. Pero, históricamente, este rumor es falso: Hitler tomó el poder después de un golpe de Estado (tapado, evidentemente), como Mussolini. Otras palabras oídas durante la manifestación de Lyon: ” El Frente Nacional es anticonstitucional”. Otra lógica estalinista. Contra el Frente Nacional, se podía oír el eslogan “contra la intolerancia y el odio”. Pero el sistema ha subvencionado la película (nula) de Matthieu Kassowitz, El Odio, que es una apología del odio de las bandas étnicas contra los franceses blancos. ¡Y acusa de “odio” a un partido político que quiere limitar la violencia de estas bandas étnicas! El sistema acusa al Frente Nacional de intolerancia, pero quiere prohibirlo… ¿En su programa, el Frente Nacional pide la ilegalización de los partidos adversarios? Se acusa al Frente Nacional del pecado de “preconizar la exclusión”, pero el sistema quiere excluir de la política sus millones de electores… Se cree soñar, pero no se sueña. Es lógico… Para un régimen totalitario o pretotalitario, no es suficiente invertir el sentido de las palabras (como lo vió muy bien Orwell en 1984 o como lo muestra Costa Gavras en La Confesión), sino también es necesario acusar y condenar a sus enemigos con las cargas de sus propias taras. Trabajo de exorcismo. Última precisión: al final de la manifestación lyonesa antiFN -sábado 3 de octubre de 1998- estaba previsto un concierto “multirracial” de Cheb Mami. No pudo desarrollarse a causa de “incidentes provocados por grupos de jóvenes”, tal como lo dijo púdicamente la prensa. Pero, en verdad, a causa de motines provocados por unas bandas de inmigrantes de las ciudades periféricas de Lyon, que atacaron la manifestación que habían venido a apoyar… Decididamente, las bandas étnicas son los mejores agentes electorales del Frente Nacional. Y el sistema es, cada vez más, una pescadilla que se muerde la cola.

Del discurso antiselección al discurso antiexclusión: la absurdidad del igualitarismo

Existe un paralelo que hacer entre el discurso izquierdista antiselección de Mayo de 68 y el discurso actual de la izquierda, centrado sobre el tema de la antiexclusión. Se trata realmente de un mismo proceso: la ideología hegemónica quiere más -siempre más- igualitarismo, pero termina por hundirse en la absurdidad social. Prepara así su propio clash social. El rechazo de la selección escolar y universitaria -que aspiraba a substituir la igualdad de resultados por la igualdad de suertes- ha llegado a, por un efecto heterotélico, una menor justicia social. Resultado: 30 años después de la introducción del principio perverso (“la orientación que reemplaza la selección”), se nota la desvalorización de los diplomas, creadora de paro; la huída de los cerebros hacia las universidades anglosajonas; degradación de la calidad de la enseñanza general y crecimiento del analfabetismo; fin de la escuela como lugar de competición y de educación; transformación parcial de esta última en una jungla inviable; creación de un sistema escolar con dos velocidades, privado, calificado y selectivo para la gente rica, público y subdotado para la gente pobre. Paradójicamente, el igualitarismo antiselección de Mayo de 68 es una de las causas de la “exclusión”. Pero, hipócritamente, los sindicatos y el gobierno no se han atrevido a aplicar este bello principio antiselección a las materias científicas. ¿No quieren ser curados por unos médicos ignorantes? La Aérospatiale[53] no va a contratar a ingenieros de pacotilla que no estén fuertemente seleccionados, etc. Pero, al contrario, es posible distribuir, como confetis o prospectos, los COU sin valor, los pseudodiplomas de “psicología” o de “estética” a las masas de incapaces que irán al INEM para encontrar empleos subpagados de telefonistas, repartidores de pizzas o de camareros en McDonald’s. Es lo que ha pasado por exceso demagogia y por el hecho de esta tara de la ideología igualitaria: rechazo de la realidad e ignorancia de los mecanismos sociales. Este odio por la selección está fundado sobre un prejuicio antropológico: todos los humanos estarían “igualmente dotados”, según el principio, denunciado por Alain de Benoist, del “todo igual a todo”. Pues si ya no nada tiene valor, los dones, como la excelencia, no existen. No es tolerable que los hombres estén, en capacidades mentales y creadoras, y también en fuerza de carácter, desigualmente dotados. E{ el rechazo de la vida, bien anotado por Nietzsche. Se rechaza toda idea de jerarquía; y en lugar de organizar con justicia una jerarquía y una desigualdad naturales, se imponen unos principios igualitarios inaceptables. Y al final, se crean jerarquías salvajes que causan un hundimiento del tejido social. Es el capitalismo, que no tiene ninguna forma de estado de alma, el que está encargado de hacer salvajemente esta selección que el Estado no se ha atrevido organizar. Toda la doctrina de la antiexclusión está fundada sobre las mismas reglas. Al inicio, se debía de luchar contra el pauperrismo, según una preocupación de justicia social. Bien. Pero la palabra ha sido desviada de su finalidad. En verdad, se tiene que impedir toda discriminación entre nacionales y extranjeros, aun cuando fuesen clandestinos e ilegales. Es la misma lógica del absurdo de la antiselección: la ideología igualitaria choca frente a los hechos, a la realidad, que son, exactamente como el FN según Mermaz, inaceptables. Rechazar la expulsión legal de clandestinos africanos, chinos, paquistaníes, es pues reconocer implícitamente que todo francés puede instalarse sin riesgos en África, en China, o en el Pakistán, ¿no? Según la lógica de la reciprocidad. Es contrario al derecho internacional público, porque este último está fundado sobre el principio de la reciprocidad de las discriminaciones. Se acuerdan para los extranjeros privilegios de los cuales los franceses no benefician en otros países. ¿Y por qué guardar la regla de contratación de los funcionarios dentro de los nacionales? ¡Es exclusión, es discriminación! ¿El derecho de votos a los extranjeros? ¿Y por qué no a los franceses en el extranjero? ¿Por qué esta publicidad de los mass-media sobre el tema de unos clandestinos expulsados por vuelo chárter, en conformidad con la ley -aunque volverán a la primera ocasión, aunque millares entran impunemente cada año- y nunca hablar, o casi nunca, de las expulsiones masivas que se imponen mutuamente los países africanos y asiáticos? La inexpulsabilidad de facto, de los inmigrantes clandestinos firma la violación oficial de la ley, porque el gobierno eligido cede a unas minorías que se dicen “morales”, y también contraviene el principio de las nacionalidades, fundamento del derecho internacional. Otro signo del declive de los valores democráticos y de la perversión del concepto de “República” por los que se dicen ser sus inventores. En verdad, la ideología igualitaria ha construido el “principio de las nacionalidades” (reciprocidad de las discriminaciones y de las ventajas sobre el territorio de cada uno) de manera abstracta, en una época donde no había ningún problema de inmigración. Hoy, es incapaz de respetarlo. Y admite su viejo antojo catastrófico: el universalismo de un planeta sin fronteras, sin “compartimentos estancos”, alimentado por el romanticismo infantil de los “ciudadanos del mundo” y del “gobierno mundial”. No puede entender que la gestión comun del planeta es solamente posible entre conjuntos diferentes e impermeables, y no pilotado por un magma que transformará el mundo en jungla. Antiselección y antiexclusión: el fracaso de estos principios provocará la catástrofe. Y esta última incitará al retorno de las soluciones arcaicas.

La revolución impuesta

Las poblaciones europeas reaccionarán al borde del abismo. Cuando el hedonismo económico sea roto. No se debe esperar ninguna solución eficaz antes de una catástrofe previsible. Es el consumismo, la comodidad de la sociedad de consumo, el abrutecimiento de la sociedad del espectáculo, los que han roto los resortes de la resistencia. Debilitamiento por una blandura de la vida, un individualismo sin freno y de sueños audiovisuales y publicitarios de una existencia y de unas experiencias oníricas y virtuales. Lo que el antropólogo Arnold Gehlen llama “las experiencias de segunda mano”. Opio socioeconómico. Pero esta sociedad, fundada sobre la conspicuous consuption (“consumo ostentatorio”) como lo había notado Thorstein Veblen al inicio del siglo, ha destruido sus propios fundamentos económicos y sociales. Ha destruido sus propios sueños de libertad, de emancipación, de igualdad, de justicia y de prosperidad, porque los ha desarrollado hasta el absurdo, y ahora, por un efecto boomerang, ya no es capaz de resistir a las crisis financiares, a las delicuencias, a los seísmos sociales que ha creado. Fenómeno de inversión dialéctica muy bien descritos por Marx y Jules Monnerot. Esta sociedad ha provocado un debilitamiento antropológico global, donde todas las defensas inmunizadoras se hunden. El remedio tendrá que ser aun más fuerte cuanto más doloroso. Vamos hacia una Revolución al lado de la cual la Revolución rusa solamente habrá sido un pequeño disturbio.

Principios de educación (I)

Toda la gente habla del “fracaso escolar” y de la “violencia en la escuela”. Es el fruto de un sistema antiselectivo y antidisciplinario que está fundado sobre una proliferación de utopías que sin embargo se quieren conservar porque son dogmas… La razón por la cual centenares de millares de jóvenes no encuentran empleo (con consecuencias de paro y delincuencia) también se explica porque el sistema educativo no funciona para educar (etimología: e-ducere, conducir fuera de su condición ignorante e inculta) sino para perpetuarse él mismo, como administración corporativista y protegida, dogmática e ineficaz.

Unas nociones de buen sentido: 1) La escuela ya no debe ser obligatoria después de los 14 años, 2) Se deben enseñar las “llaves del saber” y los comportamientos sociales según una pedagogía disciplinaria, 3) Se debe de funcionar según el tríptico: selección por el mérito, recompensas, castigos. Sin olvidar una cierta solemnidad, 4) Después de los 14 años, la escuela y la universidad, no deben ser gratuitas, excepto para aquellos que, económicamente sin recursos, puedan beneficiar de becas, si están dotados, después de una rigurosa selección. Esta última proposición no es injusta, en sentido platoniano, porque un estudiante rico, pero mero inepto, conseguirá menos resultados en una universidad selectiva que un estudiante pobre aunque dotado. Es la razón por la cual la selección por el mérito y la competencia tiene que ser despiadada. Cuando la selección es fuerte (y racionalmente normalizada) en un sistema social, como lo mostró Pareto, la circulación de las elites crece y los ricos se benefician menos de rentas de situación. Pero en el sistema antiselectivo actual, inspirado por la izquierda, ultraigualitaria, los pobres tienen un sistema de enseña de pacotilla y no pueden aspirar a otro. Los ricos subdotados, sí. Pero estos principios sencillos, que no son tiránicos, nunca serán aplicados por el sistema actual. Será después de la revolución. Selección y disciplina: los principios arcaicos pero competitivos que son fundadores de una verdadera libertad individual, la de la justicia social del futuro. Hoy, antes de reconstruir otra cosa, mejor sería el hundimiento completo de la Educación Nacional, cada vez más inepta para realizar su misión, y el desalistamiento total del Estado de la Educación. El nuevo Estado de después del caos podría cambiar las cosas.

Principios de educación (II)

El antropólogo Arnold Gehlen explicaba que la libertad nacía de la disciplina, porque el “adiestramiento” (Zucht) crea nuevas capacidades. Una educación eficaz, liberadora, tendría que apoyarse, según él, sobre el esfuerzo, la disciplina, la estimulación, la sanción y la recompensa. En cuento a George Steiner, comentando los principios ancestrales de la educación judía practicante que había recibido y que transmitiría a sus hijos, declaraba hace poco tiempo en un importante diario: “Cuando veo todo aquello que se está haciendo para evitar a los niños la angustia y la neurosis, respondo, al contrario, que la neurosis es parte de la creación, y que al través de ella el niño se transforma en un adulto. Cuando todo resulta fácil para los niños, éstos se construyen a sí mismos fragilizados, no únicamente al nivel de la educación, sino -lo que es más grave- al nivel de la emoción”. Hoy, el niño, el “joven”, es un dios en miniatura. Cuando obtiene malas notas en la escuela, sus padres ya no lo sancionan, sino que aplican un “correctivo” al profesor. Todo castigo es ilegitimo. Pero, paradójicamente, esta deificación de la infancia y de la juventud parece acompañarse de un crecimiento estadístico de la infancia mártir y de la pedofilía. Una sociedad que se ve envejecida vive con la infancia y la adolescencia unas relaciones muy ambiguas cargadas con mil obsesiones: adulación, amor excesivo, permisividad, pero también crueldad pervertida y sadismo sexual. Una sociedad sana practica, con respecto a la juventud, una estrategia conforme a la transmisión de los valores colectivos y a la plenitud de los dones: adiestramiento y protección, severidad y respecto. El retorno a estas practicas arcaicas, olvidadas por la ignorante utopía igualitaria, no es aplicable inmediatamente. Pero los tiempos futuros los impondrán de nuevo.

Conservadurismo y obsesión repetitiva: enfermedades seniles de la modernidad

Un día, Charles Champetier, director de Éléments, me hizo la observación siguiente. “la sociedad mass-mediática rompe la arquitectura tradicional de los saberes y la innovación intelectual o cultural en provecho de la repetición”. Como ya lo vió Walter Benjamin, exiliado en los Estados Unidos durante los años cincuenta tras haber huído de la Alemania hitleriana, donde observó los efectos de la televisión naciente -a la que juzgaba totalitaria- la esfera audiovisual y ahora electrovisual (Internet, CD-ROM, videojuegos…) reproducen modelos y valores sin creer en nada, según una lógica horizontal y estrictamente comercial. Es igual en el dominio de la publicidad: se repite, se sigue, pero no se innova: se fotocopian modelos sociales según una lógica conservadora, sobre todo en el tema de las ideas y de las nuevas soluciones. O mejor, se “hace” de las falsas innovaciones simulacros de la novedad. Las ideas, como las formas artísticas, no avanzan. La modernidad ya no es sino una obsesión repetitiva, conservadurismo (tanto en las formas como en los valores), academicismo, trucaje en la innovación. Ahora se da un abismo entre la ideología común, que repite los dogmas humanistas, y las realidades técnicas, científicas, demográficas, que funcionan en el modo de la urgencia. Esta posición a contracorriente se está acentuando progresivamente, y anuncia las catástrofes. Antiguamente, la “metapolítica” -es decir la actualización de nuevas ideas filosóficas en la práctica política- era organizada de manera jerárquica. Una vanguardia imponía progresivamente las nuevas ideas. Hoy, bajo el reinado de la modernidad agonizante, ya no hay sino similivanguardias. Incluso las modas -intelectuales o en el vestir- ya no soon legibles. Se funciona de manera horizontal, por reactividad. Se machaca. Es muy sensible, por ejemplo, en el tema de la música. Únicamente la técnica, la forma, varía, pero el fondo balbucea. E incluso en el tema técnico, la innovación ya no “cambia la vida”. Internet ha transformado menos la vida que la bombilla eléctrica o el teléfono. Todos estos signos indican que el mundo moderno está cansado. ¿Preludio de su fin?

El “gag” del PACS, modelo del “progresismo en facsímil”

La derecha conservadora ve en el PACS un producto del “lobby homosexual” -la famosa “mafia rosa”- para acceder al derecho al matrimonio y a la adopción de niños por las parejas homosexuales de los dos sexos. Una vez más, no ha comprendido nada. Estas parejas no duran mucho tiempo, y muy pocas de ellas pretenden una vida común duradera ni, sobre todo, la adopción de niños. ¡Cuidado! El PACS ya no es una “máquina de guerra contra la familia” ni “un medio para destruir el matrimonio”. Aquellos que quieren contraer matrimonio, se casan; no es el PACS lo que va a disuadirlos. Es mucho más simple. Es un “gag”: forma parte de la panoplia de estas medidas gadgetes, de estas medidas simbólicas tomadas por un sistema incapaz de resolver los verdaderos problemas y que busca desviar la atención hacia unas pseudoreformas progresistas que no van a cambiar estrictamente nada. De nuevo, estamos ante una de estas falsas libertades, uno de estos derechos de pacotilla, acordados en nombre de un individualismo enfático, un taparrabos para disimular un vacío total de proyecto político. La única consecuencia será la siguiente: el PACS agravará las rigideces y los costes financieros de nuestra sociedad (unos seis millones de francos[54] cada año, a causa de las ventajas fiscales) así como la lentitud de la economía. Dos colegas, cualquier tipo de “pareja” declarada como tal, podrán, mediante una sencilla declaración administrativa, beneficiarse de derechos fiscales, de derechos de sucesión, de derechos de arrendamiento, costeados por la sociedad. Se infringen deberes a los otros, pero la contrapartida es nula. En la arquitectura del Código Civil de Napoleón, hinchado de buen sentido, parecío natural y lógico que únicamente las parejas casadas se beneficiasen de ventajas fiscales, porque se suponía que se renovaba la sociedad teniendo hijos. Servicio contra servicio. Napoleón dijó: “el concubinato se desentiende de la ley, la ley se desentiende del concubinato”. Inventado el PACS, la izquierda, para apropriarse del poder sociopolítico del lobby homosexual, ha razonado con la siguiente lógica: nuestro “progresismo” está moribundo, bajo perfusión; no podemos hacer ninguna política concreta de justicia social, de lucha contra el paro y el pauperismo. La única salida es el “progresismo de la simulación”. Así, la idea del PACS, como las medidas pseudohumanitarias de regularización de los inmigrantes ilegales, no aporta nada al pueblo, sino que incrementa las cargas financieras de la sociedad. Mediante este gadget legislativo, la izquierda da la impresión de ser fiel a su vocación progresista. Otra cosa: el PACS permite también, tanto a la izquierda como a la derecha “republicana”, crear un terreno artificial de polémica, aunque -en el fondo- están de acuerdo en casi todo. El PACS también traduce la pusilanimidad y la impotencia de los gobiernos de esta democracia declinante. El proceso es siempre el mismo: como el sistema se siente paralizado para resolver los problemas reales y concretos, produce reformas abstractas, siempre legitimadas por un excedente de humanismo y de tolerancia. Las verdaderas enfermedades no se tratan, únicamente se dan analgésicos al paciente (enbrutecimiento audiovisual o electrolúdico), o se simulan resolver falsos problemas. ¿Enderezar la natalidad? ¿Frenar la desertificación de un 60% del territorio? ¿Anticipar la catástrofe anunciada a partir de 2010 a causa de la quiebra de los presupuestos sociales? ¿Reducir eficientemente la contaminación urbana? ¿Refundar las instituciones europeas? ¡Es demasiado complicado! Se prefieren los símbolos huecos: parar Superphenix[55] o instaurar la paridad de los sexos en el interior de los partidos políticos. Un Estado tentacular, socializador y fiscalista, adiposo, sin fuerza, sin autoridad, sin eficiencia. La clase política, impedida (por la ausencia de calidades humanas y de determinación), exclusivamente preocupada por la comunicación electoral, piensa a corto plazo, ya no hace ninguna previsión, ya no hace más que reformas de trampantojo. Puede preocuparse por el futuro…

Rap y tecno

Musicalmente, el rap es muy pobre, como el tecno. No hay ninguna renovación posible. La gama armónica es demasiado débil, la rítmica es excesivamente repetitiva. Las letras, escritas por unos subcapaces suvencionados por el dinero público, son nulas, quejumbrosas y falsamente violentas. NTM[56] (pero también los otros grupos de rap presentes en la escena mediática) es puro academicismo suvencionado, provocación gratuita, una imitación de los grupos blacks duros del Bronx de los años setenta; pero sin el talento, la potencia, la verdad musical, de aquellos. Completos impostores. Por el momento, funciona, pero no durará… MC Solaar es un letrista muy bueno, pero que se extravía en un callejón sin salida musical. En cuanto al tecno, no es música, sino percusión. Esta “música” tampoco durará mucho tiempo; está agotada. No hay ningún contenido. El tecno y el rap, como toda el planeta hip-hop, seguirán el destino del twist y del disco, porque no tienen ninguna estética propia, sino que únicamente entretiene un look social. Pero el look es efímero, solamente es un guiño pasajero. Como lo dijo mi difunto amigo Olivier Carré: “le look, c’est plouc”[57]. Al contrario, el rock’n’roll es eterno. Porque posee una verdadera gama armónica. Ha escapado a las modas efímeras. Lo que podemos ver en todo el planeta es el renacimiento de las músicas étnicas: célticas, helénicas, latinas, asiáticas, árabes, africanas, etc. Las músicas populares renovadas.

El biombo de las falsas libertades

La paradoja de esta sociedad es que bajo unas apariencias humanistas, tolerantes y softs, deja instalarse a la tolerancia mediante la violencia social y el retroceso de las libertades públicas. Frente a la criminalidad, la inseguridad y la precariedad económica, crecientes; frente al fiscalismo, las restricciones de la libertad de expresión política, el desarrollo inquietante del número de errores judiciales, la generalización de las bases de datos informáticos; el sistema ya no se contenta con maquillar las estadísticas o con desviar la atención sobre unos debates sin interés. El sistema practica la estrategia de las falsas libertades. Es decir, conceder a la sociedad civil supuestas “nuevas libertades” que realmente no poseen ningún interés concreto, pero que tienen la ventaja de ser mediáticas. El PACS, las cuotas obligatorias de mujeres en las elecciones, la prohibición de las novatadas, la inexpulsabilidad de hecho de los inmigrantes ilegales, la supuesta independencia de la magistratura, la representación de los alumnos en los consejos de administración escolares, etc. todas ellas pseudolibertades que son una carga suplementaria para el pueblo real. Así, un simulacro de emancipación disimula un retroceso de las libertades. A las libertades concretas se substituyen unas libertades abstractas y virtuales. Desde la Revolución Francesa, el mecanismo siempre es el mismo.

La “discriminación positiva” es racista y sexista

Varios Estados de los Estados Unidos han creado programas y votado leyes de affirmative action, de “discriminación positiva”. Esta palabra, por sí misma, es ridícula… También ahora Suráfrica está desarrollando este tipo de programas. En verdad, la affirmative action crea un discurso racialista, casi racista, porque necesita de una definición de las “razas a ayudar”. ¿Es necesario también ayudar a los árabes y a los coreanos? Una “escala racial” de superioridad / inferioridad se establece implícitamente, producida por la ideología antirracista… En los Estados Unidos, muchos representantes de las minorías se sintieron humillados de entrar en la categoría de los beneficiarios de las “discriminaciones positivas”. Recientemente, en Francia, una novelista de origen africano ha firmado una petición para exigir una cuota obligatoria de negros en la televisión. En todos estos casos, se asimilan las mujeres, los negros, etc. a subnormales congénitos, a subdotados que, por conmiseración, deben ser ayudados. ¡Qué humillación! ¿Se debe humillar al “macho blanco” para que los demás puedan tener una parte del postre, lo que supone que el “macho blanco” es superior por definición? Consecuencia: se debe de desvalorizar autoritariamente el supuesto superhombre para que los demás puedan ocupar su puesto. Es decir, que las mujeres y los negros son víctimas perpetuas que, congénitamente, necesitan ser ayudados; débiles que deben ser protegidos continuamente de la opresión. Al final, la ideología antirracista, igualitarista y feminista avala la inferiorización racista o sexista. ¡Si yo fuese negro, realmente estaría furioso de ser tomado por un incapaz permanente, que debe ser asistido en perpetuidad! Por otra parte, cuando se impone autoritariamente una cuota de 50% de mujeres entre los candidatos de los partidos políticos, la ideología igualitaria contraviene los principios de igualdad y desvaloriza la santa “causa de las mujeres”. En efecto, si la mayoría de los candidatos es masculina, no es porque las mujeres estén apartadas voluntariamente, sino porque no hay suficientes candidatas. Con una ley paritaria, se va a imponer por fuerza un número importante de candidatas necesariamente mediocres; como cuando Juppé[58], para parecer “moderno”, quería seis ministras en su gobierno, despedidas muy poco tiempo después por incompetencia… A propósito, en otras profesiones “civilmente capitales”, como la magistratura o la enseñanza secundaria, donde las mujeres constituyen la gran mayoría, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de hombres?. Y en la medicina y la cirugía, donde los hombres son particularmente mayoritarios, ¿por qué no imponer una cuota de un 50% de mujeres por dos concursos separados? Pero en este caso, hay un problema: los igualitaristas, los grandes burgueses de la izquierda bien-pensante, partidarios de la discriminación positiva, probablemente no querrían ser operados por “cirujanas” de talento dudoso. Más lejos, ¿por qué no aplicar, además de las cuotas de sexos, unas cuotas étnicas, con arreglo a la composición de esta sociedad multirracial, tan querida por la izquierda igualitaria? Air France estaría obligada -mediante contratación separada en “colegios étnicos”- a contratar un X% de pilotos de origen africano, de origen magrebí, etc. Pero esta cosa, no la veremos nunca. Los intelectuales igualitarios no están tan locos… De hecho, la discriminación positiva, cuyos finos son antirracistas y antisexistas… conduce a sexualizar y racializar la sociedad. De otra parte, se puede notar que el igualitarismo, cuando intenta aplicar sus principios hasta sus consecuencias lógicas, los pervierte, los deviene absurdos y contradictorios. ¿La igualdad de suertes no conduce a la igualdad de resultados? Bueno. Así se va a imponer, por fuerza, la igualdad de resultados, a destruir la noción de igualdad de suertes, fundamento esencial de la ideología igualitaria… Únicamente porque ésta última rechaza dogmáticamente el reconocer la desigualdad de las capacidades que rigen a los individuos entre sí y a los grupos entre sí. ¿La naturaleza no tiene nuestras ideas? Vamos a cambiar la naturaleza por decreto, como ya lo hicimos varias veces en la Historia. ¡Programa amplio y vía sencilla hasta la catástrofe! Pero, después de todo, es mejor así. Como lo dice un proverbio indio: “cuando tu enemigo está bailando en un tejado, déjalo hacer y aplaude la proeza…”

Retorno de la lucha de clases: la izquierda lucha en el lado de los explotadores

En la mitología clásica de la izquierda marxista, la lucha de clases oponía los asalariados proletarizados a la burguesía patronal o rentista. Hoy, la verdadera lucha de clases opone los asalariados del sector protegido, casi asegurados de tener un empleo de por vida, beneficiándose de importantes privilegios y de ventajas adquiridas, a los parados y poseedores de empleos precarios o arriesgados, cada vez más numerosos (temporales, CDD[59], etc.). Los primeros se engordan con la explotación de los segundos y se benefician del arma de la huelga. La seguridad de los unos está fundada sobre la precariedad de los otros. La paradoja es que la izquierda actual y sobre todo sus sindicatos, y más todavía los de la función pública, devienen defensores de la clase económicamente explotadora y asegurada: los “asalariados protegidos”, con cada vez mayores privilegios, mantenimiento de ventajas exorbitantes financiadas mediante los impuestos retenidos del sector privado precario, baja de las horas de trabajo por un sueldo igual para los empleados de los sectores públicos, parapúblicos y de los grandes grupos (la impostura de las 35 horas, etc.) Las grandes huelgas del invierno 95-96 no fueron actos de defensa social, sino una lucha corporativista de clases. En efecto, los asalariados del sector protegidos pedían más financiación y sacrificios a las clases prevaricadas y creadoras reales de riquezas. Por otro lado y al mismo tiempo, el Frente Nacional reclutaba sus militantes entre el proletariado de los sectores no protegidos, entre las nuevas clases precarias o entre aquellas que se arriesgan a crear riqueza, ¿cuales son los nuevos batallones electorales de la izquierda? La burguesía del sector protegido. Una burguesía preservada del paro, del pauperismo y de la delincuencia… La izquierda troskista y la lucha de clases: el problema de las algunas personas honestas y perspicaces de la extrema izquierda es que pueden ver lo que no funciona y su porqué, pero no formulan ningún contramodelo. Constatan que el sistema no posee ninguna solución social y económica creíble; que el liberalismo bruto conduce al horror económico. Pero ya no se atreven a proponer respuestas o proyectos de sociedad; de una parte porque su eterno recurso a las soluciones marxistas se ha hundido; de otra parte porque ya saben, sin poder confesarse, que el verdadero recurso ya no se encuentra en la izquierda, sino en el lado de lo que Zeev Sternhell llamaba la “derecha revolucionaria” y Pierre Vial, el “nacionalpopulismo”. En verdad, desde hace mucho tiempo, la izquierda ha desertado del terreno social. Hoy, se refugia en el “terreno ético”, nueva impostura. La “defensa de los oprimidos” ya no le interesa, excepto como simulacro. En verdad, a la tradición marxista y trotskista siempre le ha dado igual la “clase obrera”, los “proletarios” -hoy los inmigrantes. Los marxistas y los trotskistas siempre los han utilizado cínicamente como carne de cañón para la definitiva toma del poder. Pero, desgradaciamente, no es suficiente tomar el poder, lo más importante es conservarlo. En su estrategia pseudomoral, la izquierda y la extrema izquierda han olvidado un factor-clave, un joker: el Islam.

Contradicción entre la integración y el comunitarismo

Cuando proyectan el futuro de los inmigrantes y de sus descendientes en Francia, tanto la izquierda como la derecha se equivocan fuertemente. Los principios “republicanos” y “humanistas” llegan a soluciones absurdas y contradictorias. El discurso oficial afirma, a un mismo tiempo, que una integración, según la lógica republicana, es necesaria, pero no una asimilación, vista como una coercición racista. Paralelamente, afirma que tienen que preservarse las “diferencias”: es la teoría del diferencialismo o del comunitarismo que cree en la posible armonía de un “Islam republicano”, respetuoso de los valores laicos, y que el mosaico étnico es viable sin conflictos. También el discurso oficial hace apología del mestizaje, lo cual es totalmente contradictorio con la opción comunitarista donde los miembros de cada etnia tienden a agruparse… Es todo y su contrario: la integración sin la asimilación, la preservación de las diferencias etnocomunitarias y el melting-pot, etc. Una vez más, la ideología hegemónica sucumbe a su pecado esencial: la creencia en los milagros. Prohibir el hijab en la escuela pública, ¿es republicano o es racista?, ¿o ambas cosas a la vez? Las acrobacias intelectuales de los mass-media y de los políticos sobre este tema muestran que se encuentran ante un callejón sin salida. En la Historia existen contradicciones insuperables, es decir problemas irresolubles. Es la ruptura la que provoca las soluciones, pero en el cuadro doloroso de otro sistema.

La venganza, motor de lo político

Montecristo: la venganza es la forma más completa de la fuerza política. Exactamente como en el terreno del amor. Nada es tan fuerte como el deseo de venganza. Puede escalonarse durante siglos, y no conoce el olvido. Actualmente, somos la presa del deseo de venganza, a menudo inconsciente, de los pueblos del Sur que hemos colonizado y que se consideran explotados y humillados. La venganza es una de las líneas de fuerza de la Historia. Una de las causas de la Primera Guerra Mundial fue la voluntad francesa de recuperar las provincias de Alsacia y de Lorrena, perdidas en 1871. Existe un paralelo asombroso entre las relaciones afectivas individuales, las relaciones políticas y las relaciones entre los pueblos. La respuesta no consiste en decir: “tenéis razón, esperamos el asalto, castigadnos, invadidnos”, tal como lo hace la ideología dominante, ni ser portador de un discurso de odio. La solución es defenderse, según la palabra de Demóstenes, “en la indiferencia del alma”.

Sociedad multirracial, sociedad multirracista

Recientemente un reportaje de Libération hizo una constatación desconsolada: Brasil, país multirracial cuya Constitución es la más antirracista del mundo, conoce una impresionante jerarquización racial donde los negros (a parte de las stars del fútbol, los gladiadores) son considerados como nada. Miseria económica y desprecio social: una gran parte de la población está marginada en la miseria, la ignorancia y la delincuencia. Este buen periodista explicaba que, al final, ¡la Suráfrica del apartheid era menos racista que el Brasil antirracista! Conozco muy bien los Estados Unidos: con un bemol, la situación está muy cerca de la del Brasil. Sin embargo, el artículo de Libération no concluyó nada sobre esta situación, encenagado en el dogma multirracial. El periodista creía en los milagros, en su utopía, pensando que la situación podía cambiar con la “educación”, la “tolerancia”, y la “buena voluntad”… Siempre el mito de la izquierda: la educación y la prevención. La ideología igualitaria ha despreciado siempre la sociología de la realidad, la sociedad humana inmemorial. Se imagina que el “espíritu de las leyes” no tiene ningún limite, que el decreto crea la realidad. Una ingenuidad tal desarrolla la idea de que una sociedad multirracial encuadrada por leyes antirracistas será por fuerza armoniosa. La peor de las utopías igualitarias es precisamente esta última idea. Las sociedades étnicamente heterogéneas siempre fueron, en la Historia, calderos de conflictos. El “no-racismo” y el respeto étnico solamente pueden funcionar si las poblaciones viven en entidades políticas y sistemas diferenciados. El drama yugoslavo fue el último ejemplo. En la Historia, no existe ningún ejemplo de sociedades pluriétnicas no conflictivas, sino sociedades multiculturales que siempre fueron cruelmente jerarquizadas y opresivas. Pero la experiencia es débil frente a los dogmas… El igualitarismo (como el “comunitarismo”), se imagina que puede vivir su diferencia étnica en la esfera privada y masivamente comulgar juntos en la esfera pública, social y política. Pero, nunca esta creencia mecanicista ha sido verificada… Conocí en Texas, en 1996, a un verdadero racista norteamericano, gran propietario de ranchos, un tipo al estilo J.R.. “No entiendo -decía este hombre-, por qué en Europa varios partidos políticos intentan limitar la inmigración. ¡Todos estos inmigrantes serían para vosotros una nueva clase de esclavos! Es suficiente, como aquí, tener una policía para reprimir sus motines”. Sin comentario… Muchos racistas desean una sociedad multirracial… En los Estados Unidos, espacio amplio, país de migrantes, los efectos conflictivos de la sociedad multiracial están limitados. En Europa, tierra con espacio restringido y cada vez más presa de la presencia creciente del Islam, no es así. La guerra étnica se perfila: en varios sitios, ya ha comenzado…

Necesidad de un pensamiento revolucionario. ¿Cómo definirlo?

El sistema está globalmente en estado de disfuncionamiento. Ninguna mejora es posible, porque la ideología hegemónica -y no la opinión común- la rechaza; una incompatibilidad de humor se ha instalado entre esta ideología y las soluciones practicas que sería necesario aplicar para salvaguardar lo esencial de esta civilización. Hoy, ninguna reforma parcial es ya suficiente: se debe cambiar de sistema, como un antiguo motor cuyas piezas ya no pueden ser reparadas, sino que deben ser remplazadas. Un partido político cuyo objetivo no sea el arribismo de sus cuadros sino la salvación de su nación, ya no debe de pensar en términos reformistas, sino revolucionarios. La mentalidad revolucionaria puede definirse como un estado de guerra permanente. Una oposición “clásica” piensa en el poder que quiere tomar como en un adversario cuyos cuerpos constituidos están compuestos de colegas políticos; una oposición revolucionaria piensa en el poder y en sus miembros como en enemigos. Sin embargo, hay dos concepciones del pensamiento revolucionario, que Maquiavelo y Lenin habían entendido perfectamente. La primera es defensiva y conduce al fracaso. Es la estrategia del león que siempre muere, a menudo con valentía, bajo de las picas de las lanzas. Esta estrategia rechaza toda alianza táctica, todo compromiso provisional, en nombre de una pureza doctrinal mal comprendida. Es una estrategia sin espíritu de ataque. Se carga con el pantalón rojo, bigote al viento, antes morir bajo las balas de las metralletas enemigas[60]. La segunda concepción es asaltante. Subordina los medios al fin. Es la estrategia del zorro, la raposa que siempre devasta, de noche, los gallineros. Sabe contratar alianzas con los tontos útiles y los oportunistas, los chaqueteros que saben disimular la espada bajo la toga para así golpear más fuerte, que conocen el arte de la máscara. Saben proceder con paciencia y constancia: el mantenimiento secreto de sus objetivos radicales. Saben hacer concesiones, provisionalmente, sin perder de vista la integridad de sus objetivos, apoyados en una voluntad de hierro. Practican el arte de la mentira, alabado por Nietzsche. Como buenos marineros, saben bordear y utilizar la potencia de los vientos contrarios, sin olvidar nunca el puerto final, el objetivo final. La primera concepción es romántica; sus raíces mentales son germánicas y célticas. La segunda concepción es clásica. Sus raíces mentales son helénicas y romanas. La primera concepción es inepta para tomar el poder, pero después de la toma del poder, puede ser muy eficiente.

Las verdaderas razones de la diabolización del Frente Nacional

Estoy en desacuerdo con varios puntos del programa oficial del Frente Nacional, particularmente en su estrategia europea, su doctrina económica y su nacionalismo jacobino. Pero, como escribió Baudrillard -con la consecuencia de un ostracismo brutal por parte de la clase mediática-, el FN es el único partido auténticamente revolucionario desde 1945. Su proyecto claro es la inversión global del sistema. Se puede discutir sobre la táctica, sobre los puntos particulares de la doctrina, pero lo esencial es la unidad de una visión del mundo global. El Frente Nacional, a pesar de sus defectos, de sus errores tácticos, de sus peleas internas, sus aproximaciones y sus contradicciones ideológicas, ahora es ineludible. ¿Por qué está criminalizado por parte de la clase mediática y la burguesía bien-pensante? ¿Porque es “racista”, “fascista”, “de extrema derecha”, “antirrepublicano”? No. Estas acusaciones de falsas vírgenes asustadas únicamente son pretextos. Aparte de la ausencia, en su programa, de elementos tomados de las doctrinas precitadas, sus acusadores más virulentos son miembros de corrientes de pensamiento -también Jospin y un 50% de los ministros socialistas- que han pactado, a sabiendas, durante décadas, con el comunismo totalitario. Las verdaderas razones del ostracismo antiFN son otras. El FN: 1) destroza -porque la revela y no la practica- la regla del juego de la clase política, es decir el arribismo, apoyado sobre el pacto pseudorrepublicano izquierda / derecha, constituido por falsas animosidades y verdaderas ententes; 2) hace política cuando la clase política hace negocios; 3) tiene ideas y crea el debate, aunque la clase política piensa que las ideas son peligrosas (porque dividen y despiertan el espíritu del pueblo) y que no es posible -para ella- destruir un sistema fundado sobre la descerebración del pueblo por las elites de la sociedad del espectáculo; 4) exige del poder soluciones concretas a las dificultades económicas, cuando es evidente que un gobierno tiene que “comunicar” y maniobrar para ser reelegido; 5) rompe la omertà, la ley del silencio y revela una realidad social y política catastrófica. En resumen, el Frente Nacional no está diabolizado por hipócritas razones morales, sino porque es demasiado democrático y demasiado político, porque amenaza directamente la carrera de políticos influyentes, de partidos instituidos, de lobbies diversos, por ese peligro permanente que es el “despertar del pueblo”. El Frente Nacional está diabolizado y combatido, y a menudo con un ensañamiento ilegal, no porque “amenaza la República”, sino porque amenaza a los pseudorrepublicanos. Se ve agredido no porque sus valores sean inaceptables, sino porque tiene valores, y esto es inaceptable. Aunque no divido todo su programa, tengo que reconocer que el FN es la primera fuerza en Europa que implícitamente encarna esta idea mortal para el sistema: la Resistencia a la Revolución. Las falsas elites, usurpadoras de la República, intentan matar al Frente Nacional, porque este último quiere restablecer el contrato moral entre el pueblo y sus dirigentes. Así, está inculpado de inmoralidad. La clase politicomediática no consigue destruirlo. En vez de prohibir el FN, queda una solución única: abolir al pueblo. La inmigración es una arma para abolir al pueblo. Pero es una arma de doble filo, porque la clase politicomediática ha olvidado un factor esencial: el Islam.

Principios maquiavélicos de la conquista del poder

Debemos releer a Maquiavelo, del que Lenin y Napoleón fueron lectores asiduos. La opinión es versátil: hoy soportaría mal las soluciones y las terapias eficientes a los daños que sin embargo la angustia. ¡Hoy, los ferroviarios, víctimas de los ataques de las bandas étnicas, pero encuadrados por los sindicatos de izquierda cómplices del sistema, serían capaces de manifestarse contra las expulsiones de clandestinos! Incoherencia de los tiempos fríos. Pero, durante una crisis grave, durante los tiempos calientes, todo cambia. Las opiniones cambian únicamente cuando se contemplan entre la espada y la pared. Un partido revolucionario debe saber que únicamente podrá tomar el poder después de una crisis, de un caso de emergencia (Ernstfall), cuando la opinión se encuentre lista para aceptar lo que era inaceptable, y no en el caso de una situación de podredumbre lenta, cuando la propaganda oficial neutraliza los motines y las tomas de conciencia. Un partido revolucionario tiene que presentarse como un salvador. En caso de sacudida sísmica, la ideología hegemónica se hunde con sus tabúes. Y en este momento, el partido revolucionario se transforma en la única solución de salvación. Un partido revolucionario debe de pensar su acción en términos para después de la crisis, para después del caos. Ser revolucionario es pensarse como un terapeuta y no como un reformista. El reformista prescribe algunos medicamentos analgésicos o rompe el termómetro. El revolucionario preconiza la intervención quirúrgica radical y un tratamiento capaz de erradicar definitivamente la enfermedad. Un revolucionario no reforma un sistema orgánico radicalmente enfermo, sino que cambia de régimen o, más exactamente, lo metamorfosea. Un partido revolucionario nunca debe ser una maquina para tomar el poder y administrarlo como lo hacen los otros. Debe saber que los primeros meses son meses de enfrentamientos y de tormentas; tiene que prepararse mentalmente a no ceder; no tiene que dudar si infringe los antiguos principios, más aún cuando la crisis y el caso de emergencia los habrán debilitados considerablemente. En segundo lugar, un partido revolucionario ascendido al poder debe de crear situaciones irreversibles, imposibles de cambiar si pierde el poder. Así, se debe de accionar rápida y fuertemente. Pero si lo hace, todo será aceptado por la población, porque las reglas del juego habrán cambiado. Los viejos valores desaparecerán, los tabúes se hundirán. En tercer lugar, incluso en esta época mediática, se debe de cultivar la precisión de los resultados prácticos sobre las medidas simbólicas. El hombre de la calle tiene que ver concretamente y sentir el efecto del nuevo programa en su vida cotidiana. Calidades requeridas: imaginación y tenacidad. El peligro, para un poder revolucionario, es pensar que las antiguas reglas del juego todavía son validas. En verdad, el después del caos lo cambia todo. Se habla a menudo, para tal poder, de su aislamiento en la escena internacional. Pero, de una parte, ¿quién sabe si la escena internacional, ella misma, no habrá cambiado? De otra parte, las precauciones, como en el tiempo del viejo mundo, no serán validas frente al imperativo crucial de realizar el programa revolucionario. Maquiavelo escribía: “el nuevo Príncipe, antes de todo, tiene que ser valiente y determinado”.

La izquierda no es ni reformista ni revolucionaria, ni conservadora, sino “acentuadora” del sistema

Es una evidencia, pero tiene que repetirse sin cesar. Desde mediados del Siglo XX, la izquierda cultiva la impostura de la revolución y de la reforma. Dice que es la encarnación del antisistema, aunque ella es el sistema. Dice que está oprimida, aunque es opresora. Las reformas de la izquierda socialista no son reformas, porque intensifican el estado de hecho, y acentúan cada vez más la influencia de su ideología sobre la sociedad. En cuanto a la extrema izquierda, que actualmente parece renacer, como el proyecto de una sociedad comunista se revela ahora ridículo, su rol (como el de Los Verdes y el del PCF) es el mismo que el de la izquierda socialista, pera más acentuado: intensificar la ideología y las estructuras de la maquinaría igualitaria, sobre todo en su terreno de predilección: la inmigración. Para la extrema izquierda, se tiene que intensificar, acentuar las tendencias de la sociedad actual, para dejarlas definitivas. La izquierda ya no propone “cambiar de sociedad”, como en Mayo 68, sino llegar a sus consecuencias últimas y lógicas: la sociedad igualitaria. La extrema izquierda ha renunciado a proponer el programa de otra sociedad. Ha olvidado sus palabras anticapitalistas y antiburgueses; ya no tiene la fuerza ni la imaginación de crear un neocomunismo (como intentó hacerlo la Escuela de Francfort). Su discurso es una canción sobre el tema de “vamos más lejos en el camino del igualitarismo”. En su crítica de la “exclusión”, no presenta ningún modelo social y económico alternativo. Su línea doctrinal se ha recentrado completamente, de manera obsesiva, sobre el tema moral: ayuda a los inmigrantes -supuestos únicos excluidos, lo que es una impostura- y promoción, en el plano étnico y cultural, de la deseuropeanización de la sociedad. Las reformas de la izquierda son trampas mentales. No se reforma nada, no se resuelve nada, se acentúa. ¡Arriba la crisis!

La gran impostura de Los Verdes, los reyes del taparrabos

En Francia como en Alemania, la paradoja de los ecologistas es que hacen política, pero no ecología. Es imposible encontrar en sus programas verdaderas propuestas ecológicas; por ejemplo la organización continental de la “ferroautopista” (los camiones sobre trenes, y no sobre el asfalto de las autopistas) o la producción de vehículos no contaminantes (GPL, eléctricas, etc.), o la lucha contra el “ácaraje” (dispersión de las construcciones sobre las zonas naturales), el abono de los suelos con fertilizantes, la contaminación freática de los grandes aquíferos, el agotamiento halieútico de las mesetas continentales, los aditivos químicos alimenticios, el exceso de insecticidas, de pesticidas, etc. Cada vez que he abordado estas cuestiones concretas con un representante de Los Verdes, tengo la impresión de que realmente no le conciernen y que nunca las han profundizado. Pues, como me declaró un día discretamente Brice Lalonde[61], la bandera de los Verdes es la cuestión nuclear diabolizada mágicamente, pues es asimilable a la “bomba atómica”. Ahora bien, su objetivo explícito del cierre del parque nuclear implica una reactivación de las centrales térmicas de hidrocarburos y de carbón, realmente más contaminantes y peligrosas (y más caras) que las centrales nucleares con sus consecuencias (residuos y riesgos de aerosoles radioactivos de tipo Chernobil). La lucha antinuclear es pues antiecológica. Contra las mareas negras y las emisiones de dióxido de carbono, Los Verdes alzan poco la voz; contra el menor incidente sin gravedad en una central, organizan un concierto de alaridos. Y nada más: Los Verdes no se atreven a enfrentarse al lobby petrolero mundial que, sin duda, les paga discretamente para intensificar la lucha antinuclear. El lobby nuclear nacional es un enemigo mucho mas confortable. No existe ninguna energía no contaminante y, hasta ahora, la nuclear es la menos contaminante de las energías industrialmente controlables. Es extraordinario pensar que, para remplazar la energía menos contaminante, Los Verdes llegan hasta (como en Suecia) recurrir a la reactivación de las energías fósiles más contaminantes. Las cinco fuentes de energía limpias alternativas a la nuclear (geotérmica, solar, eólica, maremotriz, hidráulica) se encuentran en la imposibilidad técnica de proporcionar los suficientes megavatios necesarios para un país industrial. Al igual que la extrema izquierda en el dominio económico y social, Los Verdes se contentan con criticar y destrozar. Ni un estudio, ni una proposición seria ha emanado nunca de sus filas para mejorar y rentabilizar las fuentes de energía mencionadas, bastantes limpias, o para imaginar otras. Por ejemplo, descentralizar la producción de electricidad mediante la instalación de turbinas sumergidas en los ríos, versión contemporánea de los antiguos molinos de agua, o con la construcción, cerca de las costas azotadas por el viento de plataformas eólicas, según el concepto aplicado en la sociedad neerlandesa-flamenca. Las medidas concretas tomadas por Los Verdes cuando han accedido al poder han sido aberrantes, como el caso de la anulación de la boca del canal Rin-Ródano, conseguida por la Señora Voynet[62], con la consecuencia del incremento del trafico de mercancías en camiones entre el Mar del Norte y el Mediterráneo, que obstaculizará aún más las carreteras, las vías más caras y más contaminantes. En verdad, Los Verdes no se preocupan por la ecología. Sólo es un pretexto. Prefieren, tanto en Alemania como en Francia, luchar en la defensa de la homologación, la regularización de los inmigrantes clandestinos para impedir las expulsiones legales, etc., pero muy poco por la defensa de la causa ecológica. La ecología es el taparrabos del izquierdismo. La ecología política, como son por ejemplo las campañas de Greenpeace, es una vasta impostura. Constituye uno de los innumerables disfraces -al igual que las asociaciones caritativas y humanitarias o culturales- de la extrema izquierda para colocar sus peones y paliar su ausencia de todo proyecto socioeconómico alternativo. Todas las ideas de la modernidad son inviables. Sed arqueofuturistas…

Las verdaderas causas del inmigracionismo: xenofilia, etnomasoquismo, electoralismo

¿Por qué esta propensión, en toda la izquierda, a favorecer así la inmigración? Los argumentos presentados son de mala fe y a menudo perfectamente ridículos. 1) Por el honor de Francia, tierra de acogida, patria de los Derechos humanos, se tiene que recoger los refugiados. Ser patriota consiste en -¡es normal!- metamorfosear, en una genneración, el substrato antropológico, étnico y cultural del país, fenómeno único en la Historia de las Galias y de Francia. 2) Los inmigrantes dinamizan la economía. En los años sesenta, cuando un patronato codicioso, irresponsable y egoísta, con la complicidad de los sindicatos, iba a contratar en el extranjero una mano de obra dócil y barata, en lugar de invertir para bajar los costes, hacer crecer la productividad y remunerar correctamente a los obreros franceses, este argumento económico no era admisible. Hoy, el coste de la inmigración es colosal. 3) La natalidad francesa de origen ya no es capaz de renovar las generaciones; los inmigrantes, pues, son necesarios. Magnífico sofisma: ¿por qué, en lugar de favorecer la inmigración, no tomar medidas para desarrollar la natalidad de los Franceses de origen? Porque el natalismo es un pecado político e ideológico. Ahí están las dos verdaderas razones del inmigracionismo. La primera, psicoideológica; la segunda, un puro calculo político.

Primera causa: la izquierda que pilota el inmigracionismo y arrastra a la derecha culpabilizada en este terreno, siente en sus fibras ideológicas y morales, un sentimiento, un complejo binario: xenofilia y etnomasoquismo, idealización del extranjero afroasiático y odio hacia su propia estirpe. Esto se asemeja al antiguo síndrome, muy bien conocido, de los burgueses marxistas antiburgueses, de las antiguos seminaristas transformados en anticlericales, o de los judíos antisemitas. Un psicoanálisis político de los ideólogos de izquierda, mostraría que en sus espíritus enfermos, el “hombre blanco” es culpable por definición, contaminado por el pecado capital de haber explotado al hombre extraeuropeo (esclavitud, colonialismo, racismo, etc.) El inmigracionismo y las teorías de la sociedad multirracial y mestizada son un trabajo de expiación. Nosotros debemos de expiar nuestras faltas y desaparecer como pueblos homogéneos. Nosotros debemos de dejarnos colonizar, dominar (cuando digo “Nosotros”, no hablo de “ellos” personalmente, de los ideólogos de izquierda, sino de estas detestables masas populares de origen europeo). Un ejemplo entre otros: frecuento mucho, por razones profesionales, el mundo del show-business. Durante una entrevista con la guapa y talentosa Béatrice Dalle[63], “lookada” pseudorebelde, le pregunté: “¿Por qué no tienes hijos?” Respuesta: “No quiero engordar después de una maternidad. La maternidad, es carca. Pero me gustan mucho los críos. Me gustaría adoptar alunos, si es posible”. Pregunta: “Justamente, hay muchos pequeños rumanos y ucranianos, ¿esto no te tienta?”. Respuesta, sin comentario: “¡No! No quiero adoptar ningún europeo. Únicamente críos de color, de África o Asia”. Qué magnifico terreno para un psicoanalista: ¿el etnomasoquismo y la xenofilia de la izquierda son el fruto inconsciente de una obsesión racial? La segunda razón del inmigracionismo es un sencillo calculo electoral y demográfico. Los sondeos de los Renseignements Généraux[64] indican que, del hecho de las naturalizaciones, del jus solis y del laxismo migratorio, la proporción de los electores de origen extraeuropeo aumenta sin cesar. Y estos electores votan en una gran mayoría por los socialistas y la extrema izquierda que los protegen, aunque su elemento electoral natural, las clases populares de origen francés votan cada vez más por el Frente Nacional. El calculo es simplisimo: a) aumentar la proporción del “voto inmigrante” entre los electores, b) facilitar el acceso al escrutinio por la inscripción automática (y no voluntaria y “ciudadana”) en las listas electorales. Es un calculo a corto plazo, pero es un buen calculo arribista para los políticos de izquierda y de extrema izquierda: una mayoría durable para conservar el poder. Por razones demográficas, la derecha no puede ser mayoritaria por un tiempo largo. ¿El pueblo no conviene? ¡Vamos a cambiar el pueblo!

La preferencia nacional: noción contradictoria

Tanto la izquierda como la derecha llamada “republicana” consideran como fascistizante y discriminatoria la noción de “preferencia nacional”. Los ayuntamientos que proporcionan un subsidio de nacimiento a los conjuntos franceses están fuera de la ley, como las asociaciones caritativas que limitan su asistencia a los ciudadanos franceses. Sin embargo, los empleos civiles y militares del Estado están -constitucionalmente- reservados a los ciudadanos franceses. La Constitución es pues fascistizante y discriminatoria: ¿por qué la izquierda no la reforma inmediatamente en este dominio? El derecho internacional está totalmente fundado sobre esta noción de preferencia nacional. Está aplicada en todos los países del mundo, que privilegian a sus ciudadanos, sobre todo en el tema del empleo. ¿Quizás todos los países del mundo, excepto Francia, son fascistas? ¡Como fueron fascistas las leyes de preferencia nacional votadas en 1936, por el Parlamento del Frente Popular, presidido por Léon Blum! En verdad, tantos los adversarios como los defensores de la preferencia nacional son víctimas del síndrome del concepto político contradictorio. En primer lugar, la ideología igualitaria profesa a la vez la idea de nación y de no-discriminación, de pertenencia y de no-exclusión. Para llegar, con lógica, hasta el final de su visión del mundo individualista y universalista, la ideología hegemónica está obligada matar sus conceptos de nación y de ciudadanía. Porque criminalizar la idea de preferencia nacional es quitar todo substancia a la de ciudadanía. Todos somos “ciudadanos del mundo”, es evidente, pero de ningún país preciso… En estas condiciones, el mismo concepto de nación, como el de ciudadanía nacional, ya no significa nada. Y, en última instancia, el de “Estado” tampoco. ¿La izquierda y la extrema izquierda, enemigas de la preferencia nacional, se dan cuenta de que están destruyendo su apego al Estado-Nación y a sus doctrinas de pilotaje estatista de la economía? ¿Se dan cuenta de que se están adscribiendo implícitamente al ultraliberalismo, para el cual no existe ningún ciudadano, sino átomos individuales, sujetos económicos desencarnados y sin apego? La izquierda más tonta del mundo parece ignorar que el rechazo de la preferencia nacional es el dogma central del ultraliberalismo. Nunca ha leído a Milton Friedman. En verdad, esta diabolización de la preferencia nacional es un remake del internacionalismo proletario del marxismo, rápidamente enterrado, por utópico, por los fundadores del comunismo. La polémica sobre esta preferencia atañe al fenómeno de la emergencia del concepto sepultado. Es psicoanálisis política. El Frente Nacional ha llegado al debate sobre el terreno semántico. Ha explicitado un concepto implícito de la ideología republicana y forzado a los “republicanos” a reconocer que este concepto era en el fondo incompatible con el dogma igualitario e individualista. Así, las bellas almas políticamente correctas están ideológicamente estrampadas: combatir la preferencia nacional y -al mismo tiempo- defender con énfasis la “ciudadanía” (o reapropriarse el patriotismo “francés” y la idea de Francia) será en el futuro un ejercicio cada vez más acrobático. De otra parte, la izquierda se mueve entre sus contradicciones: Un senegalés tiene todos los derechos en Francia, los mismos que tiene un francés en el Senegal. Esta contradicción es fundamental. Pero también el FN no se escapa de sus propias contradicciones en el tema de la preferencia nacional. Porque, al final, por las leyes sobre las naturalizaciones, por la evolución demográfica y migratoria, los que el FN designa como “extranjeros” son jurídicamente franceses, particularmente la gran mayoría de los jóvenes beurs y negros. Leed la continuación…

La preferencia étnica: noción arqueofuturista

Espontáneamente, los beurs y negros, sin embargo “franceses” jurídicamente, ya no piensan en términos de nacionalidad. Son arqueofuturistas sin saberlo: piensan en términos étnicos. Hablan de los “galos”, de “quesos blancos” o de “hijos de Clodoveo”. Qué distancia entre la ideología oficial del igualitarismo integrador y la realidad social… El dilema del FN es que su imperativo de “preferencia nacional” también se aplica a la mayoría de los “jóvenes” de origen extraeuropeo y que esto le coloca ante un serio problema. Es terriblemente difícil para el FN reconocer que “la noción de nacionalidad francesa se cae”. ¿La solución? La ideología hegemónica y su sistema se ven atrapados por sus contradicciones que son como bombas de efectos retardados. Solo el clash resolverá el problema en lugar de los ideólogos. Después se tendrá que clarificar y escoger: o abandonar toda idea nacional en provecho de una concepción individualista y cosmopolita global, lo que constituye el resultado lógico de toda la ideología igualitaria y judeocristiana y de la Revolución Francesa; o poner claramente el principio de la preferencia étnica, ya no fundado sobre la pertenencia formal y jurídica a un Estado-Nación, sino a una comunidad antropocultural. Por el momento, estamos a oscuras. Pero estoy seguro que los próximos acontecimientos van a cambiar y clarificar las cosas. Último punto: la etimología de la palabra “nación” ha sido borrada totalmente por la izquierda. Según el latín, esta palabra significa: “conjunto de hombres nacido del mismo tronco”. Y en griego, ethnos…

Principios revolucionarios de la aversión y de la amistad. Crítica de Carl Schmitt (1)

Carl Schmitt y su idea-fuerza: la esencia de lo político es la designación del enemigo, más que la noción liberal de gestión arbitral y apacible de la Ciudad. Pero solamente tenía media razón. Como lo han remarcado algunos de sus adversarios, tan antiliberales como él, la esencia de lo político también es la designación del amigo, del “camarada” de combate. Lo habían entendido perfectamente los marxistas, sin poder ni atrever a formularlo. O más precisamente, han definido de manera falsa y errónea esta noción de “camarada”, limitándola al “camarada de clase”. Era un concepto-simulacro, abstracto, sin fundamento antropológico, tan como el “ciudadano” de la Revolución Francesa. Parece evidente que una fuerza, un partido, un movimiento con una vocación política, solamente puede triunfar si las divergencias internas -ideológicas sinceras o de ambiciones personales- son energéticamente menos fuertes que la voluntad de combatir al enemigo común. Pero esta aversión externa no es suficiente para unir a un partido. Deben también existir energías endógenas de amistad y de repartición desinteresadas. Combatir a un enemigo común no basta. Tiene que existir una verdadera comunidad de valores, fundada sobre varios sentimientos puramente positivos. El camarada no es solamente el cómplice de combate. De otra forma, todo enemigo astuto puede dividir un partido. La amistad interior tiene que tener la misma potencia que la aversión exterior. Porque se puede odiar al mismo enemigo sin que esta detestación saludable borre las aversiones interiores. Lenin escribió: “unámonos por el momento. Veremos después”. Quería decir: después de la toma del poder. Sutil dialéctica la de la amistad y la aversión. Un movimiento político vencedor es aquel en el cual las divergencias internas nunca se transforman en una hostilidad visible, porque existe un fondo de amistad que prohibe que los desacuerdos se transforman en conflictos públicos y abiertos. Los trotskistas y los leninistas han esperado la toma del poder revolucionario para separarse -trágicamente- en la época de Estalin, heredero de la corriente “bolchorrusa”. Las aversiones interiores siempre tienen que borrarse frente a las aversiones exteriores. Dicho de otro modo: la unidad de un movimiento no se puede fundar -como lo creía Carl Schmitt- únicamentee sobre la aversión exterior. Esta visión de las cosas es mecánica. De otra parte, Carl Schmitt tuvo razón contra los liberales al rechazar la definición de lo político como la sencilla “gestión” neutra de la Ciudad. Pero olvidó un punto esencial. En su definición de lo político falta una dimensión positiva, tanto espiritual como antropológica. La esencia de lo político también es designar cual es tu pueblo y quién es miembro de este pueblo. Es responder a la pregunta: ¿por qué combatimos, y por qué valores? Es una visión afirmativa de lo político, constructiva, orgánica, prospectiva, y no únicamente crítica y mecanista. Lo político no es un partido de fútbol: no es únicamente la inversión de un equipo adverso, sino la construcción de un proyecto, de una afirmación. Entre los liberales que confunden lo político con la gestión y la escuela schmittiana que lo limita a la designación del enemigo, existe una tercera vía que os propongo modestamente en el párrafo siguiente.

¿Qué es la esencia de lo político? Crítica de Carl Schmitt (2)

La “designación del enemigo” de Carl Schmitt es capital, y tiene que integrarse en la definición global de lo político. Pero no es la esencia, es decir el eje y el fundamento. La esencia de lo político podría ser la formulación y la realización de un destino para un pueblo. Lo que supone, evidentemente, una hostilidad contra un enemigo, pero que necesita también una reflexión voluntarista en torno de un proyecto de civilización. Pienso que el concepto nietzscheano de “voluntad de potencia”, no entendido como una acepción vulgar y belicista, sino historial, podría ayudar a formular la esencia de lo político. Hoy, asistimos a la muerte de lo político. Ahora, únicamente existen luchas de cuadros para las apariencias del poder, en un desierto de proyectos. Las instancias políticas ya no tienen verdadero poder, no solamente a causa de las potencias, mecanismos finánciales y económicos, sino porque ya no tiene ninguna voluntad de destino, de visiones históricas para su pueblo. En Francia, el último hombre político fue De Gaulle. LA esencia de lo político -que resume las calidades del verdadero Jefe de Estado- es de orden estético y arquitectónico. Es imaginar, a plazo largo, un futuro colectivo. El verdadero político es un artista, un constructor de proyectos, un escultor de la Historia. En primer lugar, él responde a la pregunta: ¿quién es miembro de mi pueblo, y cuáles son sus valores? Después a esta: ¿cuáles son sus enemigos y cómo combatirlos y vencerlos? Y al final: ¿qué destino elegir para adquirir la potencia y la perennidad en la Historia? La esencia de lo político es historial. Consiste en construir una civilización a partir de un pueblo. Los liberales, que confunden lo político con la gestión, y Carl Schmitt, que lo limita a la designación del enemigo, lo reducen a la economía y sus reglas anónimas de management y de competición. Esta concepción de lo político que os propongo es arcaica. El Faraón era el “Arquitecto de Egipto”. Es la solución de mañana: arqueofuturismo.

El rol del sexo en la represión ideológica y política. ¿Y la prostitución?

Es interesante notar que la progresión de los tabúes y de las prohibiciones en la expresión política es paralela al hundimiento de los tabúes en el dominio de la sexualidad. La pornografía (sexualidad virtual y no vivida) hace el papel de escapatoria. Es un decorado de teatro, una fachada de yeso. Estáis libres de consumir la pornografía en todos los mass-media, pero a condición de pensar correctamente. “Seins à la Une”[65], pero nunca ideas desviantes. La censura desvía la atención sobre los sujetos inesenciales. Sin embargo, la represión del porno sería estúpida. La peor cosa a hacer en la industria del sexo sería autorizar la reapertura de los burdeles, como antiguamente, bajo control medico, con condón obligatorio. El sexo real en lugar del sexo virtual. Burdeles del Estado o lupanares privados y convencionados, poco importa. Otra idea arcaica: reabrir los burdeles controlados sanitariamente. La prostitución organizada y legalizada es el mejor medio para canalizar las energías sexuales desviadas, para arruinar el proxenetismo y toda la delincuencia enlazada a la prostitución salvaje. Todas las civilizaciones antiguas lo sabían. Las mujeres que alquilan sus cuerpos no son despreciables: mucho menos que un político que simula amor a la bandera para robar el dinero público. Una prostituta es una proletaria entre otras. Alquila su fuerza de trabajo, pero no vende su alma. ¿No sería más inteligente relegalizar y encuadrar la profesión más antigua del mundo? El Estado sería de nuevo proxeneta, pero mejor que ser “camello”, ya que tasa el alcohol, el tabaco, la gasolina, que son causas evidentes de muerte. En un lupanar encuadrado y vigilado, no se arriesga nada. Ni siquiera una MST. Pero por el momento, esta sociedad no puede admitirlo, porque las fuentes de su permisividad están constituídas por el puritanismo…

Teorías desplazadas sobre las drogas

Comparadas al alcohol y al tabaco, o a los alimentos industriales adulterados, las drogas cuestan muchos menos a la salud pública (cada año, hay 8 500 muertos en las carreteras, 10 000 muertos por suicidio y.. 600 por sobredosis). La cuestión central es que la droga crea, a nivel mundial, varias mafias dotadas de un volumen de negocios considerable y capaces de desafiar, por la potencia de la corrupción, a todos los Estados del planeta o de financiar los movimientos terroristas; también crea, en el interior de las sociedades, una criminalidad incontrolable. El problema de la droga es político y social, no medico. La droga coloca también a Los Verdes -defensores notorios de las drogas dulces- ante un problema estorbante: ¡en Marruecos o en Colombia, la cultura del cannabis es responsable de un 60% de la destrucción de los bosques! El recurso masivo a la droga en el seno de la juventud, a partir de los años sesenta, puede entenderse como un recurso a los paraísos artificiales en un mundo desencantado. Crear un simulacro de calor comunitario en el seno de un universo sin comunidades auténticas ni vivientes. Es exactamente el mismo síndrome que describió Zola en L’Assomoir cuando la clase obrera del Siglo XIX se refugiaba en el consumo de absenta. Dejemos de apiedarnos por la suerte de los drogados, como de varios países del Tercer Mundo, hundidos en las guerras civiles y la miseria; los yonquis son responsables de su suerte. Basta ya de caritativismo angelical. ¿Que yo he tomado drogas? Evidentemente. Las he probado todas, incluido la peor de toda, el VDA, decocción de corteza de abedul tratado con el ácido acetilsalicílico -base de la banal aspirina- y usada desde tiempos inmemoriales por las poblaciones siberianas. Allí, en Verkoiansk, los campesinos la llaman “Vodschkaia”, que significa “supervodka”. Al lado de un vaso de 10 cl de esta substancia liquida azulada, un “raíl” de cocaína es como leche pasteurizada… El sistema intenta presentar la droga como snob, pija, moderna. Todo comenzó al final de la Primera Guerra Mundial con la moda de la “coco” (cocaína) entre la burguesía degenerada: tal es el discurso implícito. Se toleran los grupos musicales que se ponen a tope, las stars del show-business, de la jet-set y de la clase política (es el mismo mundo) que se desfondan las paredes nasales; se deja prosperar el tráfico en las ciudades de no-derecho para estar tranquilo, y a veces, se hace un ejemplo. También, hábilmente, se da a entender que un moderno que no ha tomado droga es un pasadista, como un virgen. Con una excepcional sutilidad mediática, la ideología hegemónica intenta a la vez promover la toma de drogas -tolerancia abierta por las personalidades notoriamente heroinómanas, por ejemplo- y a ejercitar una represión tanta ineficaz como hipócrita. La mayoría de la gente que diserta sobre la droga, que combate o defiende hipócritamente las “drogas blandas”, al final no conocen realmente nada sobre el tema. Quizás se han emporrado un pequeño canuto de mal cannabis unas veces, esnifado una semilínea de cocaína cortada con sacarina neutra y comprada muy cara, o engullido una tableta placebo de extasis en una falsa rave de paletos. Hipocresía y esnobismo de ignorantes. Y al finar, es el whisky-coca lo que los hace empalmarse… Legalizar las drogas blandas tendría dos ventajas para el Estado: una entrada fiscal suplementaria (como los impuestos sobre el tabaco y el alcohol) en el pozo sin fondo de su presupuesto, y el fin de los “camellos” de cannabis y de hachís, con el suplemento de una supuesta bajada de la criminalidad enlazada al tráfico. Sí, pero… Los grandes espíritus de la derecha que, en su imbecilidad, esperan ser modernos y gustar a los jóvenes, olvidan que una legalización del cannabis recentraría los “camellos” sobre las drogas duras; además, el consumo tanto de cannabis autorizado como de alucinógenos duros prohibidos crecería; y por fin, la criminalidad se endurecería en un mercado de las drogas duras muy lucrativo (un gramo de cocaína vale, más o menos, 20 000 pesetas, casi tan caro como un kilo de plutonio). Pero, después de todo, quizás es rentable, para las clases políticas de algunos países, que desarrollan el volumen transaccional y el volumen de negocios de las drogas duras. Es una importante fuente de financiación… Otro elemento interesante, del que nadie habla: las elites y pseudoelites mediáticas recurren masivamente a las drogas, en particular al cannabis y a la cocaína, desde Francia a los Estados Unidos. La estrategia adoptada por el sistema, a nivel mundial, es pues bastante hipócrita: organizar una represión voluntariamente ineficaz, nunca enfrentarse a los grandes proveedores, pero “dar ejemplo” y condenar con dureza a unos pequeños “camellos”. Y también preparar falsas expediciones militares, mediatizadas, con el apoyo de los GI’s, en los países pobres que cultivan las plantas incriminadas. Al nivel planetario, se adivina la voluntad de dejar prosperar y de administrar la jugosa industria de los estupefacientes. El sistema no tiene la intención de hacer cesar este tráfico mundial, sino limitarlo y aprovecharlo al máximo, más aún cuando actualmente se están desarrollando en el mercado las nuevas moléculas de síntesis, más baratas y más eficientes, más especializadas que las drogas naturales de origen agrícola. Otro problema…

La teoría de los tres niveles

En el Diccionario ideológico, que había escrito desde hace más de diez años, hice la diferencia entre tres niveles de percepción política: 1) la “visión del mundo”, global, que implica un objetivo de civilización y de valores generales. 2) la “ideología” que es la formulación explícita de esta visión del mundo y su aplicación a la sociedad. 3) la “doctrina” que únicamente es táctica. El arte de un movimiento revolucionario es saber articular estos tres niveles. Las peleas entre “paganos” y “católicos tradicionalistas” son cuestiones secundarias, tanto como las guerrillas entre románticos de Francia y románticos de Europa. Para un partido con una ambición revolucionaria, lo esencial es el primer nivel, el de la visión global del mundo. Los problemas secundarios se arreglarán más tarde.

Inmigración y democracia europea

La presencia, cada vez más importante, del Islam en Europa, el peso cada vez más grande de tradiciones culturales afroasiáticas en nuestro continente, consecuencias ambas de la inmigración incontrolada, constituyen una amenaza para la tradición democrática. Por angelicalismo, “ellos” se imaginan que la educación y la razón, el espíritu “republicano”, borrarán las tradiciones culturales ancestrales de los inmigrantes. Es el error de juicio de Régis Debray. Este error está fundado sobre el mito de la educación espontánea y de la sabiduría innata, entretenido por el racionalismo optimista del Aufklärung. Por el contrario, las virtudes democráticas son etnoculturales, limitadas a la esfera europea, y no universales ni naturales a los humanos. La democracia es, por naturaleza, extremamente frágil: sus fundadores griegos la perdieron rápidamente, como la República Romana. Únicamente existe desde 900 años en Islandia, país preservado de las sacudidas de la Historia, y étnicamente totalmente homogéneo. La democracia está amenazada por el laxismo social, las pretensiones mediáticas de la opinión pública -que no es la opinión del público sino la de minorías activas-, el gobierno de los jueces que pretende dominar la voluntad general y corregir las leyes, y la instalación de una “cultura de conducta cotidiana” de sumisión a las manipulaciones de aparatos sofisticados. En efecto, una sociedad puede cesar de ser democrática y ya no asegurar la seguridad, la libertad y el bienestar de sus ciudadanos, aunque sus instituciones queden formalmente democráticas; basta que las practicas sociales opresivas sean extendidas, admitidas, legitimadas, sin ser necesariamente legalizadas. La cultura de los “jóvenes nacidos de la inmigración” que se benefician de la admiración de los mass-media, conquistando un espacio social cada vez más importante, encierra algunos valores perfectamente antidemocráticos. La “cultura beur-black” y el comportamiento de sus miembros, amplificados por la propaganda de las cartas de fragmentos de rap, difunden actitudes y estados de espíritu totalmente opuestos a las convicciones de las elites políticamente correctas que los apoyan: machismo, clanismo, tribalismo agresividad, visión racial de la sociedad, espíritu de ghetto, desprecio por la mujer, culto del jefe de banda, valorización de la violencia primaria (inversa de la “fuerza”), rechazo de toda responsabilidad social, apología de la violencia de grupo, desprecio total por “Francia” o por la “nación”, etc. La nueva “cultura de las ciudades periféricas” difunde entre la juventud -es decir, entre las generaciones futurras- valores sociales antitéticos de los de la famosa “República”. Pensar que será posible por la “educación” y la “persuasión” transformar en “ciudadanos responsables” a los jóvenes portadores de estos tipos de mentalidad, es una vez más creer en los milagros, esta enfermedad senil de la ideología occidental. Es paradójico que los “demócratas” apoyen y excusen esta emergencia de un primitivismo social. Este tipo de ilusiones siempre es el hecho de las ideologías hegemónicas, las cuales, demasiado seguras de ellas mismas, ya no son capaces de analizar la realidad. Si la tendencia demográfica y migratoria actual consigue, con varias poblaciones afroasiáticas cada vez más numerosas, una presencia cada vez más importante del Islam -que quiere ser mayoritario, cosa que poca gente entiende- el futuro de la democracia estará comprometido. Poco a poco, la sociedad se impregnará de valores coercitivos, fanáticos, antilaicos y anticiudadanos. Y al final, el multirracismo,: guerra civil entre las diferentes comunidades. Una parte de la izquierda lo sabe, pero admitirlo sería reconocer sus contradicciones internas y su debilidad intelectual. Y sobre todo, sería enfrentarse al dogma de la sociedad multirracial. Por racismo inconsciente, la izquierda asimilacionista piense que todo ser humano es un átomo neutro y maleable, sin origen particular. No entiende que, incluso después de muchas generaciones, el pasado étnico persiste, como un atavismo antropológico. Estos individualistas no entienden que si la educación puede transformar a un individuo aislado, es imposible transformar los valores de comunidades étnicas y religiosas constituidas que se están instalando masivamente en el suelo europeo. Los “demócratas” tendrán un despertar difícil. En realidad, en la tradición europea, la democracia -es decir el reino del orden consentido, que también se podría llamar nomocracia o reino de la ley común- solamente es posible si existe una proximidad cultural, heredada, casi innata, entre los ciudadanos. Quizás necesitaremos un intermedio autoritario.

4 POR UNA ECONOMIA MUNDIAL CON DOS VELOCIDADES

Dos ideas en perdición: progreso y crecimiento

Esta claro que el “progreso” es una idea moribunda, aunque el crecimiento económico continúa. Pero nadie ve realmente las consecuencias. La creencia que ha caído es aquella del “hoy es mejor que ayer, y mañana será mejor que hoy”, gracias a los perfeccionamientos de la tecnociencia y a una supuestas mejora educativa y moral de la humanidad, según el dogma de Augusto Comte y de los positivistas franceses, así como de los progresos de la “democracia”. Pero ahora, la evidencia es que el “crecimiento”, simulacro contable, evidentemente no conduce a una mejora del bienestar. El declive de la escatología laica heredada del mesianismo cristiano es terrible para la concepción del mundo igualitaria, porque es toda su filosofía de la Historia la que se cae. Algunos piensan que es una suerte, porque así la humanidad conseguiría más lucidez y sabiduría. ¿Por qué el fin del mito del progreso impediría unas mejoras, un progreso más inteligente, y más igualitario? Este pensamiento, frecuente en los círculos de la “Nueva Izquierda”, es erróneo. El progresismo, pilar y subconjunto del igualitarismo, era una creencia mundial, una religión laica. No se puede “arreglar” un ideal colectivo como una planificación económica. Privada de su base religiosa -la creencia en el progreso como necesidad histórica- esta civilización está declinando. Pero un petrolero que para sus motores emplea mucho tiempo antes de inmovilizarse y derivar hasta los arrecifes.

El historicismo contra el progresismo

La cuestión importante es la siguiente: ¿para qué remplazar este “progresismo” ya moribundo? El fiasco del capitalismo liberal por realizar sus objetivos de justicia y de prosperidad generales e iguales para todos, como el hundimiento del sueño comunista que tenía los mismos objetivos, dejan el sitio libre a la invención de una tercera vía. En todo el planeta, diversas formas de regímenes autoritarios o de teocracias fundamentalistas lo han intentado sin suceso, porque una verdadera tercera vía no puede desarrollarse en un régimen sin libertad. Sin embargo, la alternativa al progresismo solamente puede ser construida sobre paradigmas inigualitarios, liberados de la visión reductora del hombre como homo œconomicus. Pero la clase intelectual mundial, todavía nostálgica del progresismo y obsesionada por el pensamiento único, -la utopía onírica igualitaria- se agarra al cadáver embalsamado de una idea muerta y hace como si aún estuviese sana. En lugar de este mundo unificado y liberado de la Historia que tenía ser la conclusión lineal y automática del progreso, estamos ante un mundo caótico, multipolar, pero en vía de globalización (por los mercados y las telecomunicaciones), un mundo explotado pero aglutinado, desordenado y laberíntico, un mundo que será cada vez más denso en Historia y en “historias”. A la línea ascendente del progreso, supuesto que conduciría a la escatología salvadora del fin paradisiaco de la Historia, se substituye el río sinuoso, aleatorio y misterioso de esta última.

Hundimiento del paradigma del “desarrollo económico”

Revolución mental. Se han dado cuento, sin atreverse decirlo, que el antiguo paradigma: “la suerte de la humanidad, individual y colectiva, está mejorando cada día, gracias a la ciencia, a la democracia y a la emancipación igualitaria”, era falso. Esta época se ha acabado. La ilusión cae. Esta mejora (discutible según algunos, como Illich) ha durado un pequeño siglo. Hoy, los efectos perversos de la técnica de masas empiezan a hacerse sentirse: nuevos virus resistentes, contaminación de los alimentos industriales, agotamiento de los suelos, degradación general y rápida del medio ambiente, invención de armas de destrucción masiva que se suman a las armas nucleares, etc. Además, la técnica entra en su época barroca. Las grandes invenciones fundamentales ya fueron hechas a finales de los años cincuenta. Los perfeccionamientos practicados después traen cada vez menos de mejoras concretas, como motivos decorativos inútiles sumados a la superestructura de un monumento. Internet tendrá menos efectos revolucionarios que el telégrafo o el teléfono: es un perfeccionamiento de una pancomunicación ya exístente. La tecnociencia sigue la ley energética de los “80-20”: al inicio, se necesita 20 unidades de energía para obtener 80 unidades de fuerza; después, se necesita 80 unidades de energía para solamente producir 20 unidades de fuerza. Objeción posible: ¿por pesimismo, las consecuencias negativas del progreso y del crecimiento mundial no están exageradas? Respuesta: no. Contrariamente al discurso pomposo de Jacques Attali, el despegue económico de Asia no es una causa buena para la humanidad. La cuenta sería particularmente hinchada en términos de exacerbación de las concurrencias con los países industriales. Un tal despegue se enfrentaría rápidamente al un umbral ecológico de tolerancia, y provocará disturbios sociopolíticos, incluso militares, masivos. La catástrofe cambiará ella misma el modelo general económico actual, en lugar de la voluntad de los dirigentes. En realidad, algunos efectos positivos del crecimiento económico mundial son efímeros y frágiles, portadores de fuertes contrapartidas. La universalización de la tecnociencia hace pagar cada uno de sus descubiertos por un retroceso. La esperanza de vida crece (pero ya empieza a entancarse o a regresar en muchos países), ¿pero la vida es más armoniosa y con menor angustia? Los medios de destrucción masiva por las armas atómicas, bacteriológicas y genéticas se desarrollan. La agricultura está mejorando, pero a medio plazo el retorno de las hambrunas amenaza a una humanidad pletórica, enfrentada al agotamiento de los suelos, a la deforestación tropical, a la disminución de las superficies laborables y al agotamiento de la fauna halieútica oceánica. El efecto perverso ha sido incubando durante veinte o treinta años, pero, después de una fase ilusoria de mejora de las condiciones de vida (que se está acabando actualmente), golpea. La intensificación del volumen de las producciones y de los intercambios acentúa las cooperaciones, pero multiplica las causas de conflicto y los chauvinismos nacionales; y suscita en todos sitios unos cortafuegos de fanatismos integristas. La comunicación se ramifica en todo el planeta, pero el individuo está solo frente al Estado y las comunidades se desesperan. El modo de vida urbano y técnico concierne a un 70% de la humanidad, pero en los países del Sur, las ciudades son un infierno de violencia, de miseria y de caos humano. ¿Sabemos que, en proporción, los hombres que viven en la miseria y la precariedad son más numerosos actualmente que antes de la Revolución Industrial? La medicación se extiende, pero provoca una explosión demográfica y desarrolla nuevas formas de virus resistentes, que se desplazan con las migraciones. El nivel de consumo energético crece, pero el medio ambiente se degrada y la amenaza de hundimiento ecológico se está concretando. El campesino africano o brasileño dispone de maquinas para desbaldar pero, destruyendo las selvas, está programando la desertificación y las futuras hambrunas. Al final, después de un tiempo de latencia, el progreso, el crecimiento, la extensión incontrolada de la tecnociencia ven sus objetivos invertirse y nacer un mundo más duro de aquel que la gente quería transformar y mejorar.

La muerte anunciada del desarrollo económico mundial

La objeción seria a los intelectuales angelicales es la siguiente: nunca se podrá impedir a los países pobres o en “vía de industrialización” -que buscan industrializarse y enriqueccerse por todos los medios- que sigan la vía del Occidente y la “religión mundial del PIB creciente”. De otra forma, ¡qué injusticia…! Claro, pero sin embargo los sueños y las esperanzas históricas no están determinados por resortes morales, sino por umbrales de imposibilidad física. Es la lógica de la catástrofe la que limitará las ambiciones de “desarrollo” de los países del Sur. Estos últimos, particularmente en Asia, todavía no han tomado conciencia de los desencantamientos del progreso. Con retraso sobre el Occidente, todavía son positivistas, sujetados al universalismo igualitario que están descubriendo. Quieren hacer como el Norte, obtener su trozo del pastel. Desgradaciamente, es demasiado tarde. La crisis financiera asiática fue el primer señal. Nunca el planeta -y por consecuencia la humanidad- podrá soportar un desarrollo tecnoindustrial de Asia y de África hasta el actual nivel de los países del Norte. Creerlo, es entrar en este síndrome actual de la creencia en los milagros, propio del universalismo. La industrialización masiva de los “países emergentes” será físicamente imposible, por agotamiento de los recursos escasos y estrucción de los ecosistemas. El Club de Roma ha tenido razón cincuenta años demasiado pronto. Pero hubo unos africanos en los años sesenta, como el Sudafricano Kredi Mutwa, que ya decían que las sociedades tribales precoloniales, eran mucho más agradables para vivir que las sociedades africanas actuales, fracasos totales, nacidas de una imitación fracasada, de un mal trasplante del modelo europeo que les era totalmente extraño. Después de todo, ¿por qué el conjunto de la humanidad desearía ir hasta Marte, circular a 500 km/h en trenobúses, volar en aviones supersónicos, comer helados en verano, vivir cien años, discutir por Internet, visionar series televisuales, etc.? Esta excitación solamente pertenece a algunos pueblos y grupos, y no puede estar comunicada al conjunto de la humanidad. También en Europa y en los Estados Unidos, el modo de vida tecnoindustrial podría, en caso de cambios estructurales mayores, solamente aplicarse a una parte de la población. Pero, en este momento, nace una nueva objeción, avanzada por los medios tecnocráticos: no se puede luchar contra los efectos perversos de la técnica. Se puede descontaminar, encontrar nuevos recursos; es una cuestión de acuerdo y de voluntad. ¡Qué bello optimismo! Pero solamente son palabras. Este sistema es coherente en su lógica global y no es autotransformable. Es, en el sentido propio, incorregible. Se tiene que cambiar. Además, el nuevo sistema se impondría él mismo, durante el caos. Se tiene que ser concreto y dejar soñar despierto sobre las pajas mentales de pseudoexpertos, verdaderos impostores. Ninguna de las resoluciones de las Conferencias de Río y de Tokio -sin embargo, muy insuficientes- ha sido seguida. La naturaleza que los tecnócratas querían domar y obligar masivamente, tanto bajo su forma molecular y viral como bajo su forma terrestre, reacciona con violencia, por consecuencia, después de un periodo de afasia. Las certezas colectivas dejan el sitio a las dudas y a la angustia. Un nuevo nihilismo aparece, muy pesado porque está desesperado, muy diferente de las filosofías del declive y de las profecías reaccionarias de la decadencia que solamente eran un progreso invertido y un pasadismo. Ahora, son las filosofías de las catástrofes las que van imponerse. La incertidumbre está presente y su halo inquietante tira de la sombra sobre la tecnociencia que la gente creía predecible y domable, cosa que no es. Heidegger que tenía razón contra Husserl y los racionalistas. Es la alegoría judía del Golem la que era justa.

Hacia una “fractura civilizacional”

¿Pero qué nuevas ideologías o tipos de organización social, político o económico, podrían remplazar a los de la búsqueda del progreso y del individualismo? ¿Las teocracias, como ocurre ya en varios países islámicos? Notamos en primer lugar que una ideología no progresista y que rechaza el igualitarismo no forzosamente es injusta, cínica o tiránica. Son los igualitaristas quienes, conscientes del fracaso de sus proyectos de justicia y de humanidad, diabolizan a sus adversarios de esta manera. Una nueva visión inigualitaria del mundo tendrá que ser concretamente antropófila cuando el igualitarismo solamente era idealmente humanitario. Evidentemente, este fin del progresismo también es el del idealismo racionalista hegeliano. Ya, espontáneamente, varias ideologías desordenadas e irracionalistas están desarrollando en todos sitios pensamientos anticientíficos y antiindustriales, que han llegado a inquietar a los firmantes de la petición de Heidelberg. Pero cuidado: la ciencia y la civilización industrial no van a desaparecer remplazadas por culturas mágicas. La tecnociencia continuará su existencia y desarrollo, pero cambiará de sentido y de ideal. En poco tiempo, el crecimiento económico mundial va a escontrarse ante el hecho de barreras físicas. Es físicamente imposible realizar el ideal del progresismo: la sociedad de consumo tecnocientífica para unos diez mil millones de hombres. Cuando el sueño se hunda, otro mundo nacerá. Unos escenarios, menos irrealistas que el programa de un desarrollo económico mundial infinito en el cuadro de la ONU, proyectan la coexistencia de la globalización, del fin del estatismo y de la fractura civilizacional del planeta que será sufrida pero no escogida. Según este escenario, la nueva división del planeta ya no se efectuaría entre Estados políticamente independientes, sino entre tipos de civilizaciones. Coexistirían los que conservarán el modo tecnocientífico e industrial de existencia (pero con otros valores) y los que volverán a las sociedades tradicionales, quizás mágicas e irracionales, de débil nivel energético de depredación, de contaminación y de consumo.

Las economías tradicionales no son “subdesarrolladas”

Los progresistas replicarán que es un escenario de retorno a un tipo de subdesarrollo voluntario. Los superdotados, arriba, y los subdotados, vegetando debajo. Este concepto del subdesarrollo es inocuo y estúpido. Es una invención del progresismo para significar que solamente es humano y lícito el modo de vida industrial. Una sociedad rural tradicional no-tecnómorfa no es, en ningún caso, bárbara y “subdesarrollada”. En la visión inigualitaria y orgánica del mundo, no hay solamente un eje único de “desarrollo”, sino muchos. El verdadero “subdesarrollo, o más exactamente la verdadera barbarie, es el hecho del progresismo: son los excluidos del mundo de vida industrial, que han abandonado las sociedades tradicionales de débil crecimiento demográfico por un espejismo, y que se apiñan en las megápolis superpobladas de los países del Sur, transformadas en infiernos humanos. De otra parte, los miembros de una sociedad tradicional poco monetizada no son más “pobres” ni más desgraciados que los habitantes de Nueva York o de París, superequipados, aunque su medicación y su esperanza de vida sean menores. En tercer lugar, es necesario decir que esta posible escisión socioeconómica de la humanidad durante el Siglo XXI no será el resultado de una planificación voluntaria, sino obra de los efectos de la catástrofe, por el hundimiento caótico del sistema actual. ¿Cómo hacer coexistir varios tipos de sociedad? ¿Los de abajo no querrían imitar otra vez a los de arriba y “desarrollarse”? No forzosamente. De una parte porque el recuerdo del fracaso de la universalización de la sociedad industrial y de la tecnociencia aparecerá como una Edad Negra (como actualmente el comunismo en la Europa central y oriental), y de otra parte porque estas comunidades neotradicionales estarán dotadas de fuertes ideologías irracionales o mágicas que santificarán su modo de vida. Los que conservarán el modo tecnocientífico de existencia podrán perfectamente vivir en una economía globalizada, pero mucho menos pesada en volúmenes de intercambios y de producciones que la de hoy, y de facto mucho menos contaminante, porque ya no concernirá más que a una pequeña minoría de hombres. Esta minoría ya no estará animada por la escatología del progreso, sino por la necesidad de la voluntad.

La economía tecnocientífica solamente es viable en un mundo inigualitario sin universalismos

Después de la inevitable catástrofe del inicio del Siglo XXI, se tendrá que construir pragmáticamente una nueva economía mundial, con un espíritu libre de toda utopía, de todo ideal inaccesible, y sin espíritu de opresión o de neocolonialismo contra la parte de la humanidad que habrá vuelto a las sociedades tradicionales. La concepción de la Historia ya no sería el idealismo progresista, sino una visión realista, concreta y aleatoria de la realidad, de la naturaleza y del hombre. El voluntarismo, pensamiento de lo concreto y de lo posible, se opone al idealismo de la civilización actual, fundada sobre la abstracción de fines irrealizables. Las esferas tecnocientíficas compartirían con las neoarcaicas una concepción del mundo inigualitaria y naturalista, los primeros en la racionalidad, los segundos en la irracionalidad. Evidentemente, algunos temerán que la muerte de la idea de progreso y la nueva organización del planeta pongan fin a toda racionalidad y destruyan tanto la ciencia como la producción industrial… ¿Una regresión general de la humanidad? Existe un prejuicio corriente que afirma que la tecnociencia está fundada naturalmente sobre un zócalo progresista e igualitario. Es falso. El fin del progreso, el fin del sueño de universalizar la sociedad de consumo industrial, no significa la disolución de la tecnociencia y la condena del espíritu científico. La tecnociencia ha sido pervertida por el universalismo igualitario de los Siglos XIX y XX, que ha querido extenderla hasta la desmesura. Los que continuarán adoptando la civilización tecnocientífica, globalizada pero numéricamente restringida, la fundarán sobre otros bases de pensamiento que el frenesí de consumo, la universalización y el hedonismo generalizado del progreso-desarrollo. Y será más fácil, porque el verdadero fundamento de la ciencia y de la técnica es fundamentalmente inigualitario (ciencias de la vida), poético y aleatorio. El verdadero científico sabe muy bien que su pensamiento únicamente progresa cuando se destruyen las certezas. Su racionalidad es un medio y no un fin; sabe que nunca llega a mejoras cualitativas por el hecho de las consecuencias de sus descubiertos; sabe que la experimentación técnica es apertura a lo imprevisto: riesgos incrementados, aumento del campo de lo aleatorio y opacidad ante el futuro. Al contrario, en las sociedades tradicionales, el futuro es previsible, porque la Historia es vivida cíclicamente. El progresismo lineal sería reemplazado en las zonas neotradicionales por una visión cíclica de la Historia, y en las zonas tecnocientíficas por una visión aleatoria y “paisajista” de la Historia (la “concepción” esférica y nietzscheana de Locchi). La Historia se desenrollaría como un paisaje: una sucesión imprevisible de llanuras, de montañas, de bosques, sin legibilidad racional. Esta escisión de la Historia y del destino incrementa la libertad, la responsabilidad y la lucidez de los que la comparten. Ellos analizan con rigor la verdadera naturaleza de lo real y del tiempo, sin sueños utópicos, conscientes de lo aleatorio; despliegando su voluntad para realizar sus proyectos, que son ordenar la sociedad humana lo más conformeme a la justicia, al reconocimiento del hombre tal y como es.

La economía neoglobal del después de la catástrofe

Según la idea, la futura economía mundial a dos velocidades será “globalizada”, pero ¿cómo definir este concepto de “globalización” con relación al universalismo? ¿Son realmente oponibles? Sí. El universalismo es un concepto infantil. Fundado sobre la ilusión cosmopolita. El globalismo es una idea practica: existen redes planetarias de información y de intercambios, pero conciernen a una pequeña minoría de los humanos. La universalización es la ambición de extender mecánicamente a todos los humanos un modo de vida único, de consumo industrial y de vida urbana. La universalización es perfectamente compatible con el estatismo, y el igualitarismo es su motor. Todos los miles de millones de átomos humanos vivientes deben ser convertidos a la misma regla de vida, la del reino de la mercancía. La globalización describe, al contrario, un proceso de planetarización de los mercados y de las firmas, de internacionalización de las decisiones económicas y de los actores mayores, pero no tiene ganas de ser universalista y puede perfectamente tolerar que muchos miles de millones de humanos readopten diferentes modos de vida tradicionales. De otra parte, y este es un punto capital, la globalización también es asociable con la construcción de bloques semiautárquicos (autarquía de los grandes espacios) a escala continental, practicando sistemas económicos diferentes. Después del fracaso del progresismo económico y del universalismo consumista, se podría dejar subsistir perfectamente una economía global planetaria (incluso reforzada) que no tendrá la ambición de concernir a todos los humanos, sino concentrarse a una minoría internacional. Hablamos de un escenario para después de la catástrofe, muy realista, porque la tecnociencia y la economía industrial de los mercados no podrán ser olvidadas -ya están demasiado implantadas y en vía de globalización. Pero la universalización de la sociedad industrial a todos los individuos será abandonada, porque es energética, higiénica y económicamente imposible. La economía “neoglobal” para después de la catástrofe será planetaria en cuanto a sus redes, pero de ninguna manera universal. Esta desigualdad congénita permitirá, por la disminución general del consumo energético, la parada de la destrucción del ecosistema y su reconstitución, la mejora del cuadro de vida de todos los pueblos. Evidentemente, el PIB general de la economía mundial se estrechará considerablemente, como un balón que se desinfla. Se objetará que el estrechamiento del PIB mundial desecará los recursos fináncieros y hará imposibles las inversiones de “economías de escala”, porque la economía industrial ya no concernirá más que a una pequeña fracción de la humanidad y que, de hecho, los mercados y la demanda se retractarán en grandes proporciones… Esto sería olvidar que esta economía podrá quitarse tres pesos considerables: una menor contaminación que restringirá el enorme volumen de costes externos que conocemos actualmente; el peso de los préstamos a los países “en vía de desarrollo”, que ya no existirá porque este objetivo de desarrollo será abolido; los costes de los Estados-Providencia se hundirán porque desaparecerán los presupuestos sociales masivos, inútiles en el cuadro de un retorno a las economías de solidaridad y de proximidad, de tipo neomedieval. Evidentemente, existe otra solución: guardar el universalismo, en el cuadro de una baja del nivel de vida y del consumo energético de los países ricos para preservar el medio ambiente. Países ricos que compartirían sus riquezas con los países pobres para compensar la industrialización de los “países emergentes”. En esta perspectiva astuta y lógica, la de los ecologistas, la solución sería más de igualitarismo … Pero esta hipótesis es totalmente fantasiosa, idealista e inaplicable. En la Historia la racionalidad nunca ha triunfado. ¿Podemos imaginar que los Norteamericanos renuncien voluntariamente a sus coches y acepten pagar un 100% de impuestos suplementarios para ayudar los países del Sur? Es cosa de risa… Dicho esto, en el escenario de escisión económica del planeta, unas grandes zonas y fracciones de población en el seno de los países industriales del Norte podrán perfectamente volver a los modos de vida económicos tradicionales de débil nivel energético y centrados sobre una economía rural de subsistencia diversificada.

Una economía inigualitaria

Lo que debe comprenderse es que si la tecnociencia ha tenido efectos desoladores, es porque estaba dirigida por el progresismo universalista igualitario, y no en razón de sus defectos congénitos, contrariamente a lo que creen los tradicionalistas de derecha o los ecologistas dogmáticos. Es porque el modelo tecnocientífico ha sido extendido desmesuradamente y porque se le ha atribuido el don imaginario de acarrear per se, milagrosamente, una multitud de buenos efectos, que ahora está desencantado. En realidad, la tecnociencia, es por naturaleza, propia para concernir solamente a una minoría de la humanidad. Es demasiado devoradora de energía como para generalizarse. Claro, las bellas almas reprocharán a esta tesis preconizar la exclusión generalizada. Otro concepto parareligioso, hijo de las mentalidades reduccionistas, convencidas que el modelo actual de desarrollo es el único moralmente legítimo para todos. En realidad, la “exclusión” de las sociedades neotradicionales de la esfera tecnocientífica se combina con la exclusión de esta última del mundo neotradicional. Se tiene que abandonar el prejuicio según el cual las sociedades tecnocientíficas están “desarrolladas” en relación con las sociedades tradicionales. Es el mito del salvaje de tipo racista. Las comunidades neotradicionales no estarían, en la hipótesis del escenario precedente, inferiorizadas o subdesarrolladas. Vivirían según un ritmo de otra civilización, y probablemente mejor que ahora. Esta imposibilidad de abandonar los dogmas y los paradigmas progresistas e igualitarios, de imaginar otras soluciones socioeconómicas, es caracteriza toda la clase intelectual occidental. Pascal Bruckner, por ejemplo, en un artículo publicado en Le Monde, empieza por reconocer el desencantamiento y los fracasos del Progreso, y admite los efectos perversos de la extensión a la Tierra entera de la técnica. Pero añade ingenuamente: “Contrariamente a las esperanzas del Siglo XVIII, el progreso técnico nunca es sinónimo de progreso moral. Pero, por lo menos, disponemos de una guía para la acción: los valores democráticas heredadas del Aufklärung, traducción del mesianismo de los Evangelios y de la Biblia”. Esta lengua de leña indigente quiere realmente decir: contra los efectos perversos del progresismo técnico, heredado del Aufklärung, volvemos… a la filosofía del Aufklärung. Qué imbecilidad ideológica… Bruckner no ve que es precisamente el universalismo progresista igualitario de los Evangelios, reforzado por la ética protestante y la filosofía del Aufklärung, el que ha extendido desmesurada y masivamente la tecnociencia a la Tierra entera, como un motor loco, en lugar de limitarla a unas zonas determinadas.

La tecnociencia como alquimia esotérica

En este nuevo tipo de organización mundial, la ciencia y la tecnología serán confidenciales, como formulas alquímicas, reservadas a una minoría de humanos capaces de domarlas. Efectivamente, debe hacerse salir a la tecnociencia de la mentalidad racionalista… liberarla de la utopía igualitaria que presume que conviene a toda la humanidad. Sería lógico, en un escenario para el después de la catástrofe, cuando los dirigentes comprendan por fin los peligros de la extensión infinita de la ciencia, de la técnica y de la economía industrial, la nocividad del intercambio incontrolado de informaciones (el exceso de comunicación), que el mundo vuelva a una visión iniciatica y esotérica de la tecnociencia, para preservar a la humanidad de los peligros de su desbordamiento masivo e incontrolado. El ideal sería que esta civilización tecnocientífica, muy arriesgada, pero congénitamente enlazada al espíritu de unos pueblos o grupos humanos minoritarios dispersados sobre toda la Tierra, quede encuadrada de forma esotérica. La tecnociencia no puede ser un fenómeno de masas, un fenómeno “abierto”. El planeta rechaza esta hipótesis. Solamente es viable para un 10% o un 20% de la humanidad. Para algunos, la sabiduría y la certeza naturalista de la reproducción de la especie, del tiempo cíclico, del bienestar agrario y tribal de las sociedades tradicionales estables. Para los otros, la tentativa y las tentaciones de un mundo global e historicizado. Para algunos, Guénon, para otros, Nietzsche.

5 LA CUESTION ÉTNICA Y LA CUESTION EUROPEA según un punto de vista arqueofuturista

“Estaban, cara al Sol, deslumbrados. Sus labios no se movieron, pero sus miradas eran amenazadoras. No gritaron, como lo hizo el enemigo para darse coraje. Lentamente, las lanzas se bajaron. Y los lacedemonios se acercaron, sin miedo, contra las masas persas innumerables y asustadas.”

A mis amigos griegos, a Jason Iadjinidas, in memoriam

La antropología es el fundamento de la Historia

La cuestión étnica será, junto a la cuestión ecológica, uno de los más fuertes desafíos del siglo de hierro y de tormentas que se anuncia. Concierne en primer lugar a Europa, y principalmente a Francia, que se está enfrentando a una colonización masiva llegada de otros continentes, y cuyos dirigentes de los mass-media y de la sociedad política intentan ocultar su amplitud y sus consecuencias. La ideología hegemónica se planta sobre su dogma central: “la cuestión étnica no tiene ninguna importancia”. Vieja letanía que, para nombre poseído por un amor falso hacia la humanidad, desprecia el concepto central de “pueblo”. Los historiadores del futuro se preguntarán probablemente sobre este fenómeno asombroso que, consecuencia de la colonización, tocaba el Oeste de Europa y Francia a partir de los años sesenta. En menos de tres generaciones, el substrato étnico ha cambiado profundamente. ¿Interesante, no? Pero cuestión secundaria para los princípitos sin gloria que parecen gobernarnos. Se tiene que releer el ensayo del sociólogo afroamericano Stanley Thomson, American Communities, publicado en 1982 por la Boston University Press. Intentaba medir la contribución de cada comunidad étnica a los Estados Unidos, en términos de “mentalidades”. Concluye su libro, bastante iconoclasta, explicando que los inmigrantes germánicos, por su “dinamismo de la empresa” (managing wills), su “franqueza en negocios” (business honesty), y su “orgullo” (proudness), eran -mucho más que los Ingleses, Escoceses, Galeses, Irlandeses y otros, responsables de la fuerza de la república imperial norteamericana. Concluye de manera bastante feroz: hispanizándose, o más exactamente “mejicanizándose”, los Estados Unidos van a cambiar de bases socioculturales y quizás declinar, a largo plazo, frente a la India o China, en el dominio de potencia “objetiva”. Palabras parciales y quizás excesivas, de parte de un intelectual afroamericano germanófilo. Pero palabras de buen sentido: ha comprendido que las bases de una civilización, el destino de una cultura, no son solamente mecánicos, sino que se apoyan sobre fundamentos humanos, orgánicos, es decir culturales y étnicos. Shlomo Shoam, Profesor de Filosofía en los años ochenta en la Universidad Ramat-Aviv, en Israel, me dijo un día durante un coloquio: “la fuerza económica y militar de Israel, y su seguridad frente a los países árabes, se apoya sobre los “sabras” y los inmigrantes ashkenazis venidos de Europa”. El fundamento de la Historia es, en primer lugar, la antropología de la que dependen los comportamientos culturales.

El proyecto de un “caos étnico” en Europa

Hoy, la cuestión étnica es tabú, pues es capital. Después de un largo tiempo de estabilidad migratoria, Europa, y particularmente Francia, sufre una inmigración afroasiática masiva que está modificando la composición antropológica de nuestra tierra, contrariamente a la voluntad de los pueblos autóctonos, al desprecio de las tradiciones democráticas herederas de las ciudades griegas, de la república romana y del derecho germánico. El argumento de los inmigracionistas es que Francia fue siempre una tierra de melting-pot, de grandes invasiones. ¿La prueba? celtas, germanos, latinos, escandinavos, eslavos, muchos pueblos se han instalado en esta tierra durante la Historia. Claro, pero pueblos próximos, “primos hermanos”, precisamente. Si Francia es una mezcla de casi todas las componentes étnicas de nuestro continente, se silencia que estos pueblos tenían estructuras mentales y tipologías de conducta próximas. Porque la noción de proximidad étnica, si a menudo es bioantropológica, concierne en primer lugar a una vecindad de concepciones del mundo y de actitudes instintivas. El rey Clodoveo -Kounig Chlodoveigh, para nombrarlo por su verdadero apellido- se había hecho conceder por Constantinopla la calidad de romanus consul. Había pues una continuidad mental en el suelo de las Galias, entre romanidad y germanidad, sobre fondo de pueblos celtas emparentados. Étnicamente, Francia es un resumen de Europa. Los inmigracionistas justifican los flujos migratorios afroasiáticos masivos afirmando que Francia siempre fue un país de “mestizaje”, y que nunca ha cambiado, que se continua la tradición, que no es importante. Pero durante la Historia fueron “mestizajes” entre pueblos europeos. Los germanos, los “invasores” más frecuentemente incriminados, no eran tan invasores, y estaban presentes en Galia antes de su supuestas “invasiones”, compartiendo una cultura muy cercana a la de los galo-romanos. Las grandes invasiones no las hemos sufrido al final de la Antigüedad, sino actualmente… Otro sofisma de los inmigracionistas: el porcentaje de los extranjeros en la población francesa sería estable desde… 1930. Es olvidar las naturalizaciones masivas y, sobre todo, descuidar el hecho del aberrante jus solis, por el cual muchos millones de “jóvenes” de origen afroasiático, pero que no se consideran a sí mismos franceses, sin embargo tienen la nacionalidad francesas. Los “jóvenes” piensan étnicamente; no así los intelectuales parisinos. Las mezclas en el suelo galo se operaban entre poblaciones antropológica y culturalmente hermanas, incluso en su familia lingüística. Las poblaciones afroasiáticas que, desde 1960, se instalan en nuestro continente, modificando la estructura etnográfica y cultural (unos cinco millones de musulmanes en Francia: el Islam primera religión practicada a partir de 2005.), no tienen -al contrario de los germanos en relación con los latinos, los celtas o los eslavos, ninguna proximidad antropocultural ni mental con los autóctonos europeos. Por otra parte, las “invasiones germánicas” del fin de la Antigüedad, como todas las incursiones militares o flujos migratorios que ha sufrido Francia desde hace mil años (ingleses, holandeses, españoles, alemanes, rusos, italianos…) nunca han provocado rupturas étnicas ni dicotomías culturales. Es falazmente, con sofismas, como los partidarios de la inmigración asimilan estos movimientos intraeuropeos a la colonización masiva que estamos sufriendo, para ocultar la realidad de esta última. En sus espíritus se tiene -por un proceso perverso y visiblemente antidemocrático- que favorizar un caos étnico en Europa, y paralelamente, disimularlo. No olvidemos que los lobbies inmigracionistas son animados por trotskistas, cuya la afectividad irracional e inconfesable siempre fue un odio hacia la identidad etnocultural europea. Además, estos internacionalistas son apoyados por el ultraliberalismo de inspiración americanomorfa, porque el objetivo estratégico de los Estados Unidos es dominar el continente europeo, liquidar su identidad etnocultural y apropriarse de sus fuerzas tecnoeconómicas. Claro, desde el inicio del Siglo XX, Francia ha conocido otras migraciones definitivas: española, italiana, portuguesa, polaca, etc. Pero es el mismo argumento que el precedentee: fueron inmigraciones de pueblos hermanos, de poblaciones católicas hablando idiomas emparentados, y poseyendo una especie de memoria comuna. Enrique III era “rey de Polonia”, y toda la Historia europea es una combinación de “ladrillos memoriales” transcontinentales. Es imposible comprender la Historia de Francia sin hablar constantemente de Alemania, de Italia, de España, de Rusia, de Inglaterra, etc. Estas migraciones intraeuropeas (y también mucho menos masivas que las llegadas actualmente de procedencia africana y asiática) pueden compararse a las migraciones intramagrebíes o a las migraciones internas chinas, desde las llanuras superpobladas de China oriental hasta las regiones del Oeste. La “distancia mental” que separa a un flamenco o un alemán de un griego o de un corso existe, es evidente, pero es considerablemente menos importante que la que nos separa de los bloques étnicos venidos de otros continentes. ¿Se puede impunemente mezclar los pueblos como un cocinero mezcla sus verduras para hacer una ensalada? De otra parte, se tiene que denunciar la ideología criptorracista de los partidarios de la inmigración masiva e incontrolada. Los lobbies inmigracionistas, manipulados por los trotskistas, saben perfectamente que sociedad multirracial es igual a sociedad multirracista. E integran esta variable en sus calculos para tomar el poder…

Francia, Europa y la cuestión germánica

Ahora, querría abordar otras dos cuestiones sulfúricas: el antigermanismo, propio a un sentimiento reprimido; y otra: ¿por qué, en la época de Internet y de la globalización (término preferible al de “mundialización”) sobrecargarse todavía con los problemas étnicos y migratorios? ¿No somos todos, ciudadanos del mundo? Primera cuestión. Sin perder el sentido de humor, hagamos un poco de psicoanálisis político. El antigermanismo francés es hijo de las tres guerras civiles europeas de 1870, 1914 y 1939, que fueron une especie de “respuesta” germánica, aplazada, a las agresiones francesas de Luis XIV y de Napoleón. Gracias a la construcción europea y a la pareja franco-alemana, iniciada por De Gaulle, este sentimiento retrocede. Pero todavía existe (en Francia y en Gran Bretaña, países sin embargo con fuertes raíces germánicas), una especie particular, primaria y vulgar, de antigermanismo, popurrí de prejuicios estúpidos, de odios inconfesables, de resentimientos reprimidos y de miedos fantasmagóricos. En desorden: “el idioma alemán, ¡qué horror!” (¿Y Hölderlin, Schiller, Rilke, George, etc.?); “los Alemanes quieren dominar Europa”; “en el fondo todavía son nazis”; “son pesados, groseros, idiotas”, etc. Los chistes subnormales sobre los Belgas[66] (pensados, en el inconsciente colectivo, como “germanos francófonos”) o sobre los Suizos alemánicos denotan la misma neurosis. Neurosis nacida durante las guerras civiles europeas, cuando la clase intelectual oponía una “raza” francesa celtolatina, aguda, distinguida, humanista, a una “raza” germana pesada, brutal y bárbara. También los periodistas e intelectuales alemanes son responsables de esta desvalorización de su propio etnocultura, porque explican sin parar la dictadura hitleriana por unos resortes mentales típicamente germánicos. Masoquismo y autoflagelación. ¿Imputamos a los Rusos, como pueblo, los crímenes del comunismo? Esta sospecha permanente hacia todo lo que es germánico y del que los Alemanes ellos mismos, culpabilizados, son víctimas y cómplices, debilita la fuerza cultural de nuestro continente, porque neutraliza la parte germánica del genio europeo. El antigermanismo insidioso, del que todavía está impregnada la sociedad francesa, es más sociocultural que dirigido contra Alemania como tal. En el diario Libération del 9 de diciembre de 1997, un “sociólogo de campo” explicó sabiamente que, en la ciudad alsaciana de Mulhouse, los lanzamientos de piedras operados por los “jóvenes” contra los autobuses municipales, se explicaban por la “actitud racista” de los choferes. ¿Qué actitud? ¿Mezquinas insultas con estos “jóvenes” de origen afroasiático? ¡Nenni! “Hablaban alsaciano entre ellos y ello era sentido como una provocación hacia los jóvenes”, explicó nuestro sociólogo de opereta. Así, usar su lengua materna germánica en su propio país es, al final, una provocación racista. Ya no es un sueño. Es una pesadilla. En verdad, es la explicación del pseudosociólogo la que es profundamente e ingenuamente racista. Su lapsus demuestra un racismo tan inaceptable como las otras formas de odio contra los otros pueblos. Además, ¿el racismo y el odio no empiezan cuando se rechaza el concepto de pueblo? Pero este ejemplo es muy interesante: en el fondo, para la ideología hegemónica, todo lo que es europeo y enraizado es culpable y criminal. Culpable de ser él mismo como tal. Etnomasoquismo… Mi educación, mi herencia y mi mentalidad son totalmente latinas y helénicas. Así, estoy perfectamente cómodo para expresar lo que los europeos esperan, conscientemente o no, del espíritu germánico que sobrepasa largamente las fronteras de Alemania. ¿Cuáles son las calidades germánicas “antiguas” que han conformado desde mucho tiempo Europa? La fibra democrática, en el sentido etimológico del término, es decir la voluntad del Pueblo por encima de los decretos de los jueces, porque es la voluntad del Pueblo que funda la ley, y no a la inversa; la solidaridad comunitaria más allá de las jerarquías socioeconómicas; el respecto por las mujeres; la fe en la palabra dada; la franqueza en los negocios; la puntualidad; el dinamismo en la acción; la inventividad creativa; el genio de la organización colectiva; el rigor científico, tales son algunas de estas calidades. Pero el alma germánica también posee defectos, tiene que ser atemperada por las otras disposiciones mentales de los hermanos europeos. Entre estos defectos nos encontramos con un “finalismo” romántico bien anotado por la señora de Staël en el siglo pasado. Este exceso puede engendrar tanto un nacionalismo exacerbado como un laxismo organizado, suicida y masoquista (los Grünen), tanto un estatismo como un anarquismo, un militarismo tan suicida como pueda serlo el pacifismo, tanto una autoexaltación como una autoflagelación, tanto un materialismo absoluto del consumidor individual -el homo BMW- como un espiritualismo desencarnado e irracional. Pero… Así como el bloque de poblaciones germánicas vive en el centro del eje de nuestro continente en vía de difícil unificación e influenciando todavía varias regiones, el alma germánica impregna, en todos los países, lo que Europa tiene de más dinámico. Pero “germánico” no es “alemán”. El proyecto gaullista[67] de independencia europea, el cohete Ariane, el avión Concorde, Airbus, fueron la fusión de in proyecto político de esencia cultural romana (la voluntad de potencia de la instancia imperial), mezclado a un ardor celta y a un rigor -un fondo constructivo- germánico. Fue Francia, país tan germánico como celtolatino, quien más se benefició de esta complementariedad étnica intraeuropea. Este país, geográficamente milagroso, encrucijada de las peripecias europeas, es un resumen de Europa. El problema, es que se tiene que escoger, actualmente, un nuevo horizonte: ¿Francia como micro-Europa o Europa como macro-Francia? Macro-Francia, es decir, no como la Francia actual con sus calamidades del jus solis, el fiscalismo, el burocratismo y el centralismo jacobino, sino una Europa que se dote, como el Estado francés desde hace mil años, de un proyecto político central. Es interesante constatar que son los Franceses y los Alemanes -“francos del Oeste” y “francos del Este”, como escribió el poeta alemán Stefan George- quienes, junto a estos otros francos que son los belgas, fueron el gran motor del gran proyecto de la unificación europea. Un proyecto que tenemos que digerir, de otra manera que ese dinosaurio paralítico que es la Unión Europea del Tratado de Amsterdam.

La impostura del mundialismo y del cosmopolitismo. Mañana, un mundo étnico

¿No es surrealista, en la era de la mundialización y de la globalización, preocuparse de cuestiones étnicas? No, es futurista. No vamos hacia la desaparición de la noción de pueblo, sino hacia su hueco.

Tantos los partidarios como los adversarios de la “mundialización” arremeten contra molinos de viento. La mundialización, por el comercio internacional y los intercambios, ya fue realizada, entre los Siglos XVI y XX. Es un hecho adquirido. Fue impulsada por Europa durante los “grandes descubiertos”, la conquista de América y la colonización. Pero la mundialización del comercio nunca ha significado mezcla de los pueblos, ni tampoco libre cambio desencadenado. Actualmente, estamos viviendo la globalización, es decir la toma en relación inmediata y la creación de redes relacionales, estratégicas, económicas, científicas y finánciales transnacionales. Pero, 1) esta globalización no impide que solamente un 12,4% de los intercambios de la economía norteamericana sean extracontinentales; 2) esta globalización no impide que más de un 70% de las exportaciones francesas, italianas, españolas o alemanas sean destinadas a los otros países europeos; 3) la globalización solamente concierne a una parte muy minoritaria del conjunto de las actividades humanas. Al contrario, los que tienen que ser criticados -desde nuestro punto de vista- son los partidarios del mundialismo, o más exactamente del cosmopolitismo. El cosmopolitismo no es una descripción de la realidad, sino un arma de guerra ideológica contra Europa, destinada a negar antropológicamente nuestro continente después de haberlo paralizado políticamente. Dicen: “somos un pueblo único en toda la Tierra, mezclémonos”. Quieren imponer la idea de que el futuro del planeta es el mestizaje generalizado, puesto que las fronteras políticas y económicas están desapareciendo. Sofismas. No es esta la realidad. La homogeneidad mestiza de la humanidad no existe. Al contrario, los bloques étnicos se refuerzan. Únicamente Europa y Norteamérica son víctimas de flujos migratorios. Únicamente Europa y Norteamérica, o más exactamente sus clases intelectuales, creen y hacen creer en el advenimiento ineludible del melting-pot planetario. Al igual que el marxismo hacía creer en la ineluctabilidad científica del reino del socialismo internacionalista, el mundialismo es uno de los capítulos centrales de la ideología cosmopolita que explica sabiamente que tenemos que admitir “históricamente” los flujos migratorios afroasiáticos masivos y la renuncia definitiva a una identidad antropoétnica europea milenaria. Pero, la mundialización y los flujos de inmigrantes no conciernen el resto del mundo. Es una impostura intelectual pretender que la mundialización es una realidad planetaria conforme al sentido de la Historia. Lo que es real, al contrario, es la colonización masiva de la que Europa es víctima. China, la India, África, los países arabomusulmanes, ya no se mezclan. Exportan su sangre. Son bloques cerrados. Ellos nos conquistan (en parte por revancha) según un método de infiltración más eficaz que la invasión militar directa, porque no provoca ninguna reacción de rebelión inmediata. Sin embargo, existe una fuerte posibilidad, a plazo medio, de una guerra civil en Europa, esta última deseando encontrar la identidad y la homogeneidad perdidas. Una rebelión civil de los europeos de origen. La convergencia de las catástrofes podría ser el detonante. El pacifismo obtuso de los inmigracionistas y los sueños de mezclas armónicas pueden arrastrarnos a la guerra. Perfecto. Las ideas ineptas siempre son invertidas por los hechos.

¿Se tiene que destruir el “Estado francés” en provecho de una Federación Europea?

No creo en el slogan de “ciudadano del mundo” Tampoco, nunca fui partidario del Estado francés, fundamentalmente fiscalista, centralizador y “agotador” de los pueblos de las Galias, siempre colberto-socialista[68], creador de guerras mundiales, fundador del criminal y exclusivista jus solis, es decir, destructor a plazo largo de lo que había supuesto proteger, los pueblos de Francia. El jus solis era fácil de proclamar, fue un slogan gratuito y romántico (“cada hombre tiene dos patrias, la suya y Francia”) durante el tiempo de la Revolución Francesa. Los ideólogos entendían la palabra “francés” como concepto político, aunque el pueblo continuaba y todavía continua comprendiéndolo como una noción étnica. En esta época, no había ningún flujo masivo, y las utopías no costaban nada. Es un error el que la mayoría de los que se pretenden “partidarios de Francia”, como por ejemplo los militantes y dirigentes del Frente Nacional, no escojan la vía del Imperio Federal Europeo, sino que se obstinen -quizás por nostalgia y romanticismo- en manifestar un apego sentimental y micronacionalista con el Estado francés. No ven que este último es congénitamente destructor de la identidad étnica de los pueblos de Francia, y que no es transformable en su esencia, porque fue incapaz de protegernos de una inmigración “incontrolada”. ¿Un Estado federal europeo podría protegernos mejor? A plazo medio, pienso que sí, a condición de que sea rigurosamente el inverso de lo que se está preparando. En efecto, el Frente Nacional y algunos otros tienen perfectamente razón al denunciar la Europa molusca del Tratado de Amsterdam, monstruo burocrático y apolítico, que agrava el paro por su ultraliberalismo, que facilita la inmigración por su ideología pseudohumanista y por la porosidad total de las fronteras exteriores de la Unión, que es responsable de la desertificación y del saqueo ecológico de los campos, que confisca la democracia ciudadana en provecho de una deriva tecnocrática pretotalitaria (las “directrices” comunitarias son dignas del Gosplan), y que cede a todos los diktats americanos, estratégicos o comerciales, porque es una Administración y no una Soberanía. Es cierto que ahora se abandonan las soberanías de los Estados-Nación en provecho de un vacío, de una “nada”, de un dinosaurio jurídico sin voluntad política, totalmente inepto para defendernos. Pero la alternativa no es ni un retorno a los antiguos Estados-Nación castrados, ni a una Europa de las “ententes” como la de Talleyrand. La solución, para defendernos, es radical: una “buena” Federación (que yo la concibo fundada sobre regiones autónomas) que puede encarnarse en un verdadero Estado, que sea un peso pesado en la escena internacional y que desarrolle una política de gran potencia. Y esta Federación solamente podrá nacer después de un choque, cuando la actual pseudo-Federación haya mostrado definitivamente su impotencia y su nocividad. Pienso que la buena estrategia consiste más en una revolución en el seno de la Unión federal europea para transformarla radicalmente, que en un retorno pasadista al sistema de las naciones, que tampoco nos protegerá. En la Historia, solamente los cambios de estructura pueden revolver los datos y accionar como revoluciones, pero no los cambios de coyuntura. Francia ha muerto -como Alemania- como entidad política. Europa tiene que sucederle. Estamos, al igual que en la Edad Media, pero en un sentido contrario, en el difícil periodo de interregno. Francia quedará, no como persona moral jurídica, sino como una cultura entendida en el sentido germánico del concepto. Única perspectiva de salvación en esta edad oscura: la construcción pragmática de la Federación, la verdadera, prevista por los visionarios del siglo pasado: los Estados Unidos de Europa, capaces de enfrentarse a los de América, de crear un espacio económico continental protegido y autocentrado, y de hacer retroceder el desarrollo del Islam como la colonización masiva procedente del mundo afroasiático; y, porque la Historia se acelera, si Rusia se une a nosotros, empezar la formidable obra de Eurosiberia. A pesar de todos sus defectos, yo pienso que la actual Unión Europea es el preludio de una verdadera Federación, según un proceso dialéctico: cuando sobrevenga la catástrofe, la Unión actual, imponente, será el cuadro que habrá que transformar de manera revolucionaria, en vez de restaurar las entidades estatales nacionales. El eslogan “Una Francia independiente en una Europa fuerte” es una utopía y una contradicción. Porque: 1) una Europa fuerte no puede fundarse sobre los acuerdos de una veintena de naciones independientes; 2) las naciones independientes no acordarán los traslados de soberanía necesarios para fundar una Europa fuerte, 3) una Europa potente solamente puede, en mi aviso, resultar de la Federación de regiones europeas autónomas, porque la disparidad de tallas de las naciones europeas prohibe, como se intenta hacerlo actual y estúpidamente, un conjunto federal y político viable. A partir de ahora debemos proyectar Europa con un cinismo maquiavélico, para subvertirla desde el interior. Alain de Benoist hace exactamente el mismo análisis, preconizando la idea europea de Imperio, rechazando el modelo jacobino francés, y denunciando las taras de la actual Unión bastardal, pero explicando por qué ha votado “Sí” al Tratado de Maastricht (cf. La ligne de mire, II). Los Europeos están creando, torpemente, los fundamentos de un nuevo Estado, o más exactamente de un nuevo Imperio. Y, como toda gran revolución, se produce sin el estrépito de las fanfarrias y de las trompetas. Se la hace, según la famosa palabra de Lenin, pilotar por tontos útiles que son además -porque existe el inconsciente colectivo de los pueblos- acosados como somnámbulos por esta intuición mal formulada (según la lógica del reprimido descrita por Pareto): seguir, frente a los pueblos exteriores cada más amenazantes, una estrategia defensiva macrocontinental, la del “erizo gigante”. Evidentemente, la construcción actual de la Unión Europea es imperfecta, como toda obra histórica en gestación. Nada se hace según los escenarios quiméricos de los intelectuales, porque “todo es dolor”, decía Nietzsche. Pero es precisamente porque esta construcción es imperfecta por lo que tenemos que embarcarnos en el avión para corregirla y preparar la revolución. Una vez más, el pasaje dialéctico de la imponente y opresiva Unión europea actual a la verdadera Federación solamente se hará después del choque mental de una catástrofe (cf. la pulverización de las mentalidades después de la derrota de 1940 y la imposición de formas políticas anteriormente impensable). Simplemente, esta detestable Unión posee el único y gran mérito de hacer pensar a toda la gente en términos de Europa. También posee la ventaja de hacer crecer el poder de las regiones, futuros ladrillos de un Imperio federal y lugares de una identidad étnica que han perdido los Estados fríos y enfermos de hoy. Una ideología es imponente si se excluye del campo del debate. Si se acurruca sobre el tema de “Francia”, nunca podrá hacer fuerza sobre las decisiones políticas. Los maurrasianos han hecho salir sus ideas de la Historia porque se han atribuido el régimen pasadista del monarquismo. No tenemos que repetir este error con un nacionalismo francés ahora obsoleto. Un gran proyecto se está construyendo: la Unión Europea. Traigamos nuestro vino, nuestras ideas. Nuestro nacionalismo europeo.

No destruir Francia, sino redefinirla como “Galia”

La ideología republicana del Estado-Nación francés es incapaz de defender a los pueblos de las Galias. La cultura y la lengua francesas no tienen ganas de este Estado. Ya existe otra entidad que ha tomado la decisión de dotarse de una moneda y de una banderas comunes, un nuevo Estado en gestación. Sola, con un ridículo 0,9% de la población mundial, Francia, en su magnífico aislamiento, no es ni protegible, ni dinamizante. Ya, unos 40 000 Franceses superdiplomados están expatriados en Silicon Valley, cerca de San Francisco, remplazados por inmigrantes clandestinos sin ninguna competencia. En cuento al modelo de la “Europa de las naciones”, sin traslados de soberanía, sería una cáscara vacía donde los norteamericanos, “primera potencia europea”, como quieren repetirlo, jugarían a dividir para reinar. Para afirmarnos y resistir en el difícil siglo que se anuncia frente a los grandes bloques planetarios, necesitamos un Imperio, no una asociación diplomática de pequeñas o medias naciones pseudoindependientes (que nunca toman acuerdos entre ellas) sobre el modelo obsoleto del Congreso de Viena de 1815. Los que piensan que un Estado imperial y federal europeo “va a matar a Francia” confunden el plano estatal con el plano cultural. La desaparición del Estado parisino, para llamarlo correctamente, no amenazará el vigor y la identidad de los pueblos de la antigua Galia. Al contrario, los reforzará. En la perspectiva de un futuro Estado europeo federal y imperial, la noción estadista francesa del “jus solis”, heredada de la Revolución, tendrá que retroceder. Simplemente porque las tradiciones británicas, españolas, alemanas, eslavas, etc. están mucho más cerca del jus sanguinis, y porque el Estado francés tendrá que abandonar una parte importante de sus pretensiones universalistas. El apego obstinado al Estado francés jacobino, tanto por parte de la derecha como de la izquierda, significa autorizar la automaticidad de naturalizaciones masivas. Tantos los naturalizados como los beurs no se sienten “franceses”, sino siempre árabes o africanos. Ellos piensan en términos étnicos, son arqueofuturistas sin saberlo. Desgraciadamente, Alemania habla de adoptar -bajo la mala y peligrosa influencia de la izquierda francesa y por culpabilización crónica- el jus solis. Pero en la perspectiva de una Federación, fundada sobre las regiones autónomas con raíces tradicionales (sin depender mentalmente de la ideología jacobina desencarnada y del cosmopolitismo de la Revolución Francesa), Baviera, Valonia, Borgoña u Occitania, de nuevos entidades étnicas, podrán quitarse este tabú castrador más fácilmente e inscribir el jus sanguinis en sus legislaciones. El pasaje a un Estado federal tampoco destruirá la substancia carnal de Francia, sino que la reforzará. ¿Cómo? Otorgando otra vez vida a las regiones autónomas, Bretaña, Normandía, Alsacia, Provenza, Occitania, etc., que encontrarán su personalidad en la Casa Común europea. En una Europa federal, Francia, de nuevo, sería lo que es en su esencia: Galia…

Un nacionalismo europeo, democrático y federal

Tenemos que renunciar al nacionalismo francés, rechazar el pseudoeuropeismo degenerado de la Comisión de Bruselas y jugar la carta de tercera vía del nacionalismo europeo, incluido en el seno de las instituciones europeas. Con inteligencia y sin extremismos, evidentemente. ¿Es normal que los que siempre han soñado con la Gran Europa embarquen en el avión a regañadientes en el momento del despegue? ¿Tienen miedo de ser los piratas del aire, aunque no les gusten los pilotos? Querría sumar varios puntos capitales sobre el tema del contenido de una visión nacionalista de los futuros Estados Unidos de Europa. Evidentemente, solamente se trata de bosquejos, sugestiones. Pero en la Historia, cada pensamiento revolucionario tiene que tener un programa listo – como lo sabían muy bien Cesar, Napoleón o Lenin- a la espera del choque colectivo que permitirá, después de un desastre total y de un naufrago de los espíritus, aplicarlo. La gestación y el parto de nuevas figuras históricas se apoyan sobre la alianza entre estas dos nociones que funcionan un poco como los espermatozoides y el óvulo de la Historia.

1) Debemos ser partidarios de un verdadero gobierno democrático europeo -y no burocrático- dotado de un verdadero Parlamento y de un fuerte poder decisionario.

2) Deberá suprimirse el grado nacional inviable (un Luxemburgo presidiendo la Unión después de Alemania… ridículo), más aún con su ensanchamiento previsto hacia la Europa central. Crear regiones autónomas o Länder sobre el modelo alemán intensificado (Bretaña, Baviera, Escocia, Padania, etc.) cuyo concierto general formará la voluntad política del poder federal, con un Presidente de la Unión eligido. La autonomía de las regiones intensificará el carácter étnico de la Unión, actualmente disuelto en Francia por la ideología del Estado. Ya, en todas las partes de Europa -Reino Unido, Italia, Bélgica, Francia- la consciencia etnoregional está progresando. Es una “tendencia histórica fuerte”, según la expresión de Fernand Braudel. Tiene que proponerse esta regionalización, sin romanticismos, con argumentos técnicos, sobre sus ventajas institucionales. Una Unión de quince Estados de tallas muy diferentes no sería gobernable. Mejor setenta Länder guardando cada uno su autonomía, su representación democrática cerca de las poblaciones, con Bruselas convertida en capital y “distrito federal”, un verdadero Gobierno central desburocratizado y, en Estrasburgo, algo más que un Parlamento fantasma.

3) Los Estados Unidos de Europa, asemblea orgánica de grandes regiones muy autónomas (algunas de las cuales serán los Estados actuales, como la República Checa o Irlanda), crearán una nueva repartición geopolítica de las potencias y provocarán el aceleramiento de la Historia. Crearán el único cuadro que podrá hacer competencia al dólar, de emanciparnos de la OTAN y de negociar paritariamente con los Estados Unidos. Estoy persuadido que este estado de hecho, esta revolución de terciopelo (preparada desde 1945, al final de las guerras civiles europeas), este parto de fórceps de una nueva figura historial de envergadura planetaria, transformará profundamente las mentalidades de nuestros contemporáneos franceses, actualmente desestructurados por la rabia cosmopolita del Estado parisino. La Historia siempre es movimiento, futuro, asalto.

4) Tiene que reflexionarse al mismo tiempo en una replanificación radical del “espacio Schengen” de libre circulación interna, y prever para la Unión una lógica de fortaleza.

5) Dar a las futuras regiones grandes poderes en los dominios internos: culturales, lingüísticos, educativos, etc., para que renazca una reidentificación regional europea, prueba de nuestra fuerza común.

6) Es imperativo reflexionar, económicamente, en la noción de un espacio semiautarquíco europeo común. El libre cambio mundial no es viable La Europa unida del futuro tiene que denunciar los acuerdos del GATT y elaborar un proteccionismo continental moderado, pero eficaz. Somos suficientemente numerosos para no necesitar, de manera vital, mercados de exportación que -cada vez más- se gestionan por peligrosas transferencias tecnológicas.

7) A largo plazo, tenemos que pensar en términos euroestratégicos. Gorbachov lo había comprendido: “somos una casa común”, legó a decir. Desde Bretaña hasta el Kamchamka, 25 000 km separan a los marineros de Groix de los de Kerinask, pero son los mismos hombres, en el fondo los miembros de un mismo pueblo: el pueblo europeo. Podemos hospedar huéspedes, pero no invasores. Gorbachov quería expresar esta sencilla intuición: somos un mismo grupo de pueblos hermanos, cesemos de hacernos la guerra (último crimen europeo, la guerra yugoslava), tenemos que agruparnos. Nuestras divergencias lingüísticas son simples detalles en relación con nuestras convergencias etnográficas. Es la interpretación germánica de la Historia como lógica étnica la que va a imponerse contra la lógica utópica creada por la Revolución Francesa, que no era particularmente “democrática”, en el sentido griego, sino ya pretotalitaria. Un día u otro, tendremos que integrar a Rusia y proyectar el futuro como Eurosiberia. Los problemas actuales de Rusia son transitorios y coyunturales. Tenemos que combatir la (natural y explicable) voluntad de los Estados Unidos de controlar Eurosiberia y vasallizar Rusia en los planos estratégico y económico.

Eurosiberia

Celtas, germanos, griegos, eslavos, escandinavos, latinos, iberos, o más exactamente Nosotros, sus descendientes, tenemos que pensarnos ahora como un pueblo único, herederos de una misma tierra, una inmensa patria con recursos colosales en materias primas y en energías humanas, nacida de una Historia común. En la hipótesis menor, del Atlántico a las marcas de Rusia. En la hipótesis mayor (que tendremos siempre que defender), la eurosiberiana, que podemos llamar paradigma de la “Gran Europa”: de Brest a Behring, el más grande territorio político unificado de toda la historia de la humanidad, extendido sobre catorce meridianos. “Solamente existe la política para los que miran a lo grande, muy a lo grande”, decía Nietzsche.

Nuestra frontera esta sobre el Amur, frente a China. Sobre el Atlántico y el Pacífico, frente a la república imperial norteamericana, superpotencia única pero cuyo declive geoestratégico y cultural ya está programado para el primer cuarto del Siglo XXI -según Zbignew Brezinski, sin embargo apologista de la potencia norteamericana. Y sobre el Mediterráneo y el Cáucaso, frente al bloque musulmán (menos dividido de lo que se piensa) que será la primera fuente de amenazas, pero también, si somos fuertes, un excelente país socio…

Tenemos la suerte, Nosotros, descendientes de pueblos-hermanos, de poseer un espacio potencial que podría constituir para nuestros hijos aquello que soñó Carlos V y que no supo mantener: “un Imperio sobre el cual nunca se pone el Sol”. Cuando es mediodía en Brest, son las dos de la madrugada en nuestro estrecho de Behring. Es un ideal, quizás uno de los pocos de los que disponemos todavía en estos tiempos pesimistas, en esta Edad Oscura: construir nuestro Imperio, este sueño que nos acosa. Los grandes proyectos no se decretan en la solemnidad, sino que se construyen en el silencio de los gabinetes y son realizados por los depredadores al acecho, que esperan que un desastre histórico haga salir la presa alarmada del bosquecillo. Y el inconsciente de los pueblos siempre será el zócalo duro sobre el cual se apoyarán los jefes revolucionarios. La constitución de un conjunto eurosiberiano sería, para la mirada de la Historia humana, una revolución mucho más importante que la efímera construcción de la Unión Soviética o la de los Estados Unidos de América. Este acontecimiento de alcance mundial solamente podría compararse a la elaboración del Imperio Chino o del Imperio Romano. Ahora, a pesar de motivos explícitos por lo menos viciados, la familia se están agrupando en el seno de la Casa Común. Como en el pasado, hace 2 400 años, los Griegos frente a los Persas, unimos nuestras ciudades para hacer frente a la amenaza ya perceptible. La Gran Europa tiene que ser pacífica y democrática, pero autónoma, inflexible e invencible, incluso, evidentemente, en la esfera tecnoeconómica. ¿Por qué ser imperialista cuando ya se es un Imperio? La lógica imperial se impondrá a todos los pueblos de la Tierra. Cada pueblo sobre cada tierra, para defenderse de las pasiones de los demás, para administrar, eficientemente, el destino de la nave espacial Tierra.

El acontecimiento caótico que estamos viviendo, por este agrupamiento desordenado de los europeos, y que solamente pide ser ordenado, será quizás la reconstitución, con otras formas y más grande, de la recurrencia histórica no del Imperio Romano centrado sobre el Mediterráneo, sino del Imperio Romano-Germánico centrado sobre la gran llanura eurosiberiana, hoy todavía abierta sobre cuatro mares: a la vez Leviatan y Behemoth. Mañana: de la rada de Brest a la de Port-Arthur, de nuestras islas heladas del Ártico al Sol victorioso de Creta, de las landas a la estepa y de los fiordos a los montes bajos, cien naciones libres y unidas, agrupadas en un Imperio, podrían quizás concederse lo que Tácito llamaba el Reino de la Tierra, Orbis Terrae Regnum.

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